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Palabra y vida – junio
Miyako Namikawa rscj
2: Mc 12, 1 – 12
Hablar de viña y de las acciones de su dueño evocaba inmediatamente entre los oyentes las palabras de Isaías: “Mi amigo tenía una viña en una fértil colina, la cavó, le quitó las piedras, edificó una torre y un lagar, plantó buenas cepas...Pero en vez de las uvas que él esperaba, la viña produjo agraces”. Una vez más se acude a la memoria de la elección y los cuidados de Dios a favor de su pueblo elegido para hacerle recordar y moverle a la confianza y al agradecimiento. Pero una vez más, la respuesta no es de vida sino de muerte. ¿Cuál es la nuestra?
Miyako Namikawa rscj
7: Mc 12, 38- 44
Jesús revoluciona los criterios más arraigados: la espléndida, la generosa, la digna de admiración era aquella viuda y sus dos cuartos merecían a sus ojos el valor de una fortuna; los donativos de los otros no valían gran cosa, sólo habían entregado las migajas sobrantes de su banquete. La viuda nunca llegaría o saberlo, pero su conducta había desencadenado una reflexión paradójica en el hombre que la observaba y había conseguido que las categorías “más “ y “menos” se quedaran ya para siempre vueltas del revés.
9: Mt 5, 1 – 12
Si pudiéramos tocar las bienaventuranzas, sentiríamos sobre ellas el polvo áspero de los caminos y las plazas en las que fueron pronunciadas. Si tomaran forma, figura y colores, reflejarían el azul tranquilo del lago, el verde sombra de los olivos y cipreses, el tono pardo del desierto de Judea y los mil matices de las flores silvestres que crecen en sus colinas con las lluvias de primavera. Si tuvieran voz, escucharíamos a través de ellas el acento de los campesinos y pescadores de Galilea. ¿Y si las escucháramos como si fuera la primera vez?
14: Mt 5, 33 – 37
Desde la perspectiva de Jesús, hay un suelo firme bajo los pies de cualquier ser humano y por eso no necesitamos apoyarnos en juramentos, instituciones o cualquier otro tipo de seguridades. Había dicho infinitas veces a sus discípulos que confiasen ciegamente en el Padre y ahora se lo repite de otra manera: decid sencillamente sí o no, porque vuestra palabra, si sale del corazón, es firme y valiosa y os basta para comunicaros sinceramente entre vosotros. El camino más sencillo y más despojado de apoyos inútiles, es siempre el más auténtico.
15: Mt 9, 36 – 10,8: XI domingo del tiempo ordinario
La llamada a los Doce, a cada uno con su nombre, es una decisión precedida de un sentimiento de compasión en Jesús. Él se sabe pastor pero los límites de su humanidad le recuerdan que sólo no puede llegar a tanta gente. Por eso busca colaboradores, forma "equipo", acude a otros, llama a estar con él y a hacer llegar a tantas ovejas sin pastor su misericordia y su cuidado. Cada uno de nosotros estamos también llamados por nuestro nombre y convocados a la misma tarea.
17: Mt 5, 43 – 48
La noticia que los ángeles habían dado a los pastores fue: ¡Paz a los hombres a los que Dios ama! Cada ser humano que viene a este mundo cuenta con el amor incondicional de Dios, nadie se queda fuera de la calidez de ese sol que brilla sobre todos ni de los beneficios de esa lluvia que hace germinar lo mejor de cada uno. Es así como hay que intentar amar, piensa Jesús, con la misma gratuidad con que el sol calienta e ilumina; con la misma suavidad y mansedumbre con que cae la lluvia sin hacer distinciones entre tierra y tierra.
18: Mt 6, 1 – 6, 16 – 18
Algo tiene ese lugar secreto que es el corazón de cada persona, para que Jesús afirme que es ahí donde nos lo jugamos todo y no en las apariencias, ni en la fama, ni en la mirada de los demás. Sus palabras consiguen que parezca casi ridículo nuestro esfuerzo por conseguir recompensas vacías: “que me vean, que se consideren, que me tengan en cuenta…”. El camino que él propone es muy distinto: entrar adentro, ponerse ante la mirada del Padre y acoger su ternura y su misericordia. Y eso sí que es la verdadera recompensa.
19: Mt 6, 7 – 15
Jesús contrapone la costumbre de hacer muchas y largas oraciones a su modo de orar: dirigirse a Dios no para convencerle ni conquistar nada de Él, sino invocándole con el nombre que el propio Jesús ha venido a entregarnos: Abba, Padre. El que se siente hijo, acude a su Padre con confianza y expone ante Él lo más hondo de sus deseos, unos deseos que el propio Jesús conduce: el Nombre de Dios, su Reino, su voluntad, el pan cotidiano, la reconciliación entre los hermanos. Y sobre todo, el perdón mutuo. Eso es lo más importante.
21: Mt 6, 24 – 34
¿Cómo sería posible desentenderse de lo que toca al sustento diario? ¿Qué padre o madre de familia aceptaría la radicalidad de estas palabras y se despreocuparía de sus hijos? No es eso lo que pretende Jesús: sus palabras van dirigidas a ese instinto de acumulación y de ansiedad por el mañana que destruye nuestra confianza, es al exceso de preocupación a donde se dirige: “Fiaos de vuestro Padre, está diciendo, trabajad y actuad sin la tensión y el agobio que ensombrecen vuestra vida. Tened la osadía de abandonaros a El y a su cuidado”.
Venezuela, Lolín Menéndez rscj
22: Mt 10, 26 – 33: XII domingo del tiempo ordinario
Valemos más que los pajarillos, Alguien nos cuida, el Hijo del hombre se declara a favor nuestro, podemos contar con su presencia y su apoyo en cualquier momento de nuestra vida; pueden matar nuestro cuerpo, pero nuestra vida está a salvo entre sus manos. ¿Seguiremos teniendo miedo?
24: Lc 1, 57- 66, 80: Natividad de San Juan Bautista
Celebramos hoy el nacimiento del hombre que tuvo como misión señalar en dirección de Otro que no era él mismo. Su dedo apuntó siempre hacia Jesús y desplazó hacia él la atención de sus discípulos: Ese es el Cor¬dero de Dios. ¿El Cordero de Dios? Y se fueron tras él. Desde aquel día, ya sabemos en qué consiste nuestra misión: seguir siendo ese dedo que señala hacia el Señor resucitado, vivo entre nosotros
25: Mt 7, 15 – 230
Sophie Maille rscj
Nazaret era un pueblo de agricultores y pastores y Jesús estaba familiarizado con las costumbres y realidades del campo. Por eso apela a la sabiduría elemental que tienen los que le escuchan y que, al ver un árbol, saben en seguida si va a dar buenos o malos frutos. El resultado final de las cosas (los frutos), parece decir, depende siempre del largo proceso de maduración que tienen detrás. Cuidad las raíces de ese árbol que sois cada uno, plantadlo cerca de un manantial de agua, podad sus ramas a tiempo: el buen fruto vendrá por sí solo.
29: Mt 16, 13 -19: San Pedro y San Pablo
A la pregunta de Jesús ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?, Pedro y Pablo contestaron cada uno a su manera. Pedro lo reconoció como el Mesías, el Hijo de Dios viviente. Pablo dirá de él que se despojó de su grandeza, tomó la condición de esclavo y se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. Los dos, después de haberlo confesado con su palabra, lo confesaron entregando sus vidas hasta la muerte. Y el amor a Cristo les llevó hasta esa confesión de fe que hoy celebramos.
30: Mt 8, 18 -22
A lo largo de su historia de seguimiento del Maestro, los discípulos iban aprendiendo a ser discípulos y Jesús alterna una pedagogía de paciencia ante sus limitaciones y dificultades para entender la vida del Reino, con otra de exigencias radicales. A estos dos que pretenden seguirle les sitúa ante el absoluto desprendimiento que formará parte de la vida del discípulo: tendrá que dejar atrás cualquier pretensión de seguridad (“no tener dónde reclinar la cabeza”) y cualquier vinculación familiar que le ate al pasado. Jesús se convertirá en su único techo y familia.
Palabra y Vida, Ediciones Claretianas
Dolores Aleixandre rscj
provincia de España Sur
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