Vivir la Eucaristía Convertir en PDF Version imprimable Suggérer par mail
02-06-08
0806reflections4.jpg
 Sophie Malle rscj

De vez en cuando entre semana, en vez de ir a la Eucaristía a la parroquia de Nazaret, me doy un paseo hasta la Iglesia de Santa Maria del Puerto a las nueve de la mañana.

Me gusta en Valencia encontrarme en varias iglesias con el fresco del Salvador Eucarístico que tiene en sus manos la forma grande transformada ya en su Cuerpo y nos lo muestra con el mismo gesto con que el sacerdote lo hace en el momento de la consagración: "Tomad y comed, este soy yo que se entrega par vosotros" y "haced esto en memoria mía".

Las lecturas de hay, miércoles de la primera semana de Adviento, despertaban el deseo de ser alimentados y saciados con manjares frescos y nos sabrosos. El profeta Isaías hablaba del banquete que el Señor Yahvé tiene preparado en su monte para todos los pueblos. En el evangelio estaba Jesús en medio de nosotros, muchedumbre de lisiados, de cojos, de ciegos y de mudos, curados y siempre necesitados de curación. Jesús sentía compasión y no quería enviarnos a casa en ayunas, en medio del desierto. Su convite no llegaba mas allá de ser unos panes y unos peces, comida pobre, pero fruto del esfuerzo por compartir lo poco o mucho que somos y tenemos, en el día a día, y por lo mismo multiplicado, transformado en Cuerpo suyo.

¿Cómo no acudir y celebrar la Acción de Gracias, y comer y beber con otras y otros que sienten el desierto y que tienen hambre y sed como yo?

En mis primeros años de Suecia me tocó ayunar de Eucaristía. La parroquia católica estaba a unos tres cuartos de hora de nuestra casa yendo en coche, las carreteras estaban con frecuencia nevadas. Lo más frecuentemente había que contentarse con el domingo y entonces, sin prisa, contar unas con otras para poder ir juntas en el coche. Nos llevaba toda la mañana, pues la celebración de la Misa que era Mayor continuaba sentándonos unos con otros y tomando café y bocadillos o pasteles, para después regresar a casa o a nuestros pueblos.

Nuestra asamblea era una pequeña parábola del banquete del cielo y de la Iglesia Católica multicultural "hombres mujeres y niños de toda raza y nación".

Sabíamos que la Eucaristía nos convertía en Iglesia a los dispersos en la región. La homilía era una penitencia, pero a pesar de la sequedad, la Vida y el Espíritu, aunque no sensiblemente, se daban. Era una asamblea pequeña.

Mas adelante en Goteborg, los últimos siete años, el Señor me resarció. En una ciudad mayor, más europea, la parroquia era como nuestra Catedral. Los católicos, jóvenes y mayores disfrutaban con la Eucaristía, la preparaban, participaban, leían, cantaban en el coro y entre la asamblea, distribuían la Comunión. Lo normal es recibir el cáliz (hay varios) y beber, aunque la procesión se alargue. Así lo hace también la Iglesia luterana. La luz, el silencio, la buena música, las monaguillas/os jóvenes, conscientes de su papel alrededor del altar y bien entrenados, las caras conocidas y amigas, los voluntarios y la directiva de Caritas, los niños de la catequesis, los jóvenes matrimonios    resultantes de convivencias y jornadas mundiales o nacionales de la juventud, el gentío de toda lengua y nación era mucho mas sensible. Sin embargo el Banquete era el mismo que el de años anteriores, la Presencia del Resucitado dándose a sí mismo y haciéndonos ser Iglesia.

En este segundo caso el peligro estaba en no vivir lo que supone la Eucaristía como mesa abierta a todos. La parroquia había abierto alguno de sus locales más amplios a una organizaci6n nueva cuyos voluntarios se turnaban por las noches en recorrer las calles de Goteborg y traer al albergue bien improvisado y cuidadosamente preparado a unos quince "sin techo" que encontraban por las calles esa noche. No todos los feligreses estaban de acuerdo con "el albergue parroquial".

Y el dolor estaba en que los luteranos que se sentían en casa en nuestra Eucaristía, se sentían a veces recordados que no debían participar en la Comuni6n pero que si querían expresar con todo su comunión con la Asamblea, que se acercaran entre los demás para recibir una bendición.

Una pregunta tengo en el corazón tanto para Suecia como para España: ¿nosotras por que ir a la Eucaristía como individuos sueltos? ¿No estamos convocadas a la misma mesa? En nuestras comunidades, ¿cómo sentir y expresar cada Domingo o por lo menos algunos, y en las grandes fiestas de Navidad, Pascua, Pentecostés y Cuerpo de Cristo, que somos comunidad que celebra la Acción de Gracias unidas entre nosotras y a la Iglesia local, para ser recreadas como Iglesia junto con ella?

Mariasun Escauriaza rscj
provincia de España Norte


Commentaires
Ajouter un nouveau Rechercher
Ecrire un commentaire
Nom:
Email:
 
Website:
Titre:
BBCode:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img] 
 
Saisissez le code que vous voyez.

3.25 Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

Dernière mise à jour : ( 19-06-08 )
 

© RSCJ International | Website by CEDC