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Kin Tanabe rscj y Sueko Nomi rscj en la
puerta de su casa en Sanya
fotos : comunidad de Sanya y
Lolín Menéndez rscj
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Viviendo en Sanya
Tokio, Japón
“Sanya” solía ser el nombre de una ciudad, en una parte muy antigua de Tokio Este nombre ya no existe oficialmente, pero el lugar es conocido por su nombre, como la ciudad de los sin-hogar. Tiene muchas pequeñas viviendas, dónde viven jornaleros que trabajan en la construcción. Cuando tienen trabajo, pueden quedarse en estas sencillas viviendas; pero si no encuentran trabajo durante un tiempo relativamente largo, no pueden quedarse. Es por eso que desbordan prácticamente sobre la calle. Probablemente porque aquí, mucha gente vive en la calle, hombres sin hogar de otras partes de Tokio y de otras ciudades, se reúnen aquí. No es una ciudad especialmente pobre. Gente común vive y trabaja aquí. Hay muchas tiendas, pequeñas fábricas y casas, y se lleva una vida corriente; al mismo tiempo los hombres sin hogar, coexisten con ellos.
La provincia de Japón abrió una pequeña comunidad inserta en Sanya en 1990. Una de las RSCJ, Hasegawa Keiko tuvo una experiencia extraordinaria al encontrarse con un hombre en la calle. Se convenció de que debíamos vivir en Sanya, si queríamos servir a los sin-hogar, aquí. Viniendo diariamente de otro lado, no era lo suficiente. Aceptando su deseo y su carisma, la Provincia alquiló una casita de estilo japonés, en uno de los arcos del shopping. Keiko Hasegawa formó una comunidad con religiosas de otras congregaciones, durante los tres primeros años. Después se formó una comunidad de RSCJ. Keiko ha estado trabajando desde entonces en el MAC (Centro de Alcohólicos de Maryknoll), asistiendo a los que están en proceso de rehabilitación con el programa de los AA (Alcohólicos Anónimos), porque hay muchos alcohólicos entre los sin-hogar, beber es el principal, y quizás único medio de supervivencia en estas condiciones de vida en la calle. Esos hombres lo han perdido todo, no sólo el trabajo, lo que poseían, sus familias, e incluso la dignidad humana que se merecen.
Me uní a la comunidad de Sanya en 1995, cuando terminó mi responsabilidad en la formación en el Noviciado. Había un cuarto libre en la casa, y me gustó mucho poderme mudar allí. Desde entonces he estado allí, excepto las dos temporadas en las que trabajé para dos grupos de Probación, en Roma, recientemente.
Ahora tenemos tres RSCJ en la comunidad. No estoy haciendo nada especial para ayudar a los sin-hogar, excepto ayudas ocasionales al trabajo organizado por los Hermanos Misioneros de la Caridad. Viviendo aquí, sin embargo, me pone en estrecho contacto con la realidad de pobreza humana e injusticia, en la que innumerables personas en el mundo de hoy, están obligadas a vivir. Con seguridad, se puede encontrar a Jesús entre ellas. Su Corazón compasivo y lleno de amor, permanece abierto a los excluidos y necesitados. Siempre es para mí un desafío afrontar esta realidad. Aunque no puedo hacer nada, me atrevo a quedarme aquí con el corazón dolorido. Vivir aquí nos obliga a elegir un estilo de vida muy sencillo, y nos ayuda a mirar honestamente nuestra propia realidad. Como comunidad, rezamos juntas, compartimos muchas experiencias diarias y nuestras reflexiones. Celebramos la Eucaristía a diario, junto con un sacerdote franciscano que también vive en Sanya, los Hermanos Misioneros de la Caridad, un par de vecinos nuestros y uno o dos amigos. Este grupo comparte también, turnándose, sus reflexiones y experiencias después del Evangelio. Después de la Misa almorzamos juntos, y consideramos ese compartir la mesa, como parte de la Eucaristía. Esta oración diaria como comunidad, nos compromete, de alguna manera, con este lugar, y eso nos da vida.
Hay muchas formas de expresar nuestra espiritualidad del Sagrado Corazón. Vivir en Sanya, físicamente cerca de la realidad global humana de injusticia e inhumanidad, con un corazón dolorido, ante nuestra incapacidad y nuestra propia miseria, puede ser, me parece, una de las expresiones de nuestra espiritualidad hoy. Sin embargo, para esto, tenemos que seguir profundizando nuestra actitud contemplativa hacia el Corazón de Cristo y el corazón de la humanidad. Exige que nos colguemos con Cristo del Padre, y ser guiadas por el Espíritu en oración y discernimiento. Es un llamado constante y un desafío, pero el Corazón abierto de Cristo está con nosotras en esta compleja realidad.
Tanabe Kin RSCJ
Provincia de Japón
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