España: Transformada por su amor Print E-mail
05 Jun 05

Dibujo hecho por una niña en la clase de catecismo de Urszula Ciolek rscj en Moscú

Ya llevo un año y medio trabajando en una pequeña consulta de pediatría. Y realmente, nunca pensé que me dedicaría a ella. No es mi especialidad pero me he dado cuenta que los niños me encantan y disfruto mucho con ellos al jugar y al contarles algún cuento. Me parece una maravilla el ser espectadora de lo que pueden llegar a idear en sus pequeñas cabecitas. Pero me pongo mala cuando tengo entre manos un pequeño enfermo grave. Me deja bastante impotente.

Al comenzar el trabajo me invadieron gran cantidad de inseguridades y temores por no ser mi trabajo más específico. ?Es mucho lo que puede ocurrirle a un niño? me decía, pero comencé a adentrarme en este mundo con ayuda de mi querida enfermera, Paqui. Empecé a conocer a los niños, a sus padres, los problemas que tienen los niños y lo que les afectan los cambios en el domicilio y no digamos las separaciones o los divorcios de los padres. Es impresionante todo lo que se llegan a plantear.

Y de esta forma conocí a un chiquitín de 3 años de edad llamado Elías. Este muchachito se llevaba más o menos bien con la anterior pediatra que ocupaba la plaza. Y para él fue un golpe el cambiar de médico, según comentaba la madre. Total que un buen día lo conocí en la consulta. No recuerdo por qué llegó pero sí que estaba llorando como un loco y sin posibilidad de agarrarlo bien. Ya os podéis imaginar lo que era aquello, más parecía un aforo de lucha libre que una consulta de pediatría. Terminamos como pudimos. La madre sudando al igual que el chiquitín y yo exhausta. Digno de ver.

Tuvimos varias consultas a lo largo de los meses que iban trascurriendo. Al cabo de un tiempo el muchachito empezaba a regalarme alguna sonrisa cuando venía con su madre o con su hermana. Y tuve la gran suerte de aprenderme su nombre. El niño lo oía y se sentía diferente, parecía como si fuera más importante. O eso me parecía a mí.

No sé muy bien lo que le produjo el escuchar su nombre de mí pero a partir de ahí la relación empezó a cambiar. No recuerdo al cabo de cuánto tiempo pero de repente Elías empezó a entrar a la consulta sin llorar, se sentaba solo en la silla de la consulta. Otro día me dejaba auscultarlo sin rechistar. Notaba que la confianza iba aumentando.

Un día se portó fenomenal y le regalé un cuento de los de publicidad. Comencé a leerle el relato con voz infantil e intentando caricaturizarlo, contándole los animalitos que allí se presentaban. Bueno sólo le leí un par de paginitas pues el tiempo corría y la gente esperaba, pero notaba al niño que estaba muy ilusionado con el cuentecito. Era lindo escucharlo pasar las páginas con la cara iluminada por la emoción preguntándome qué era esto o aquello. Habían piratas y le maravillaban los pájaros y los barcos. El chaval se marchó contento y pletórico. Creo que aquello fue un buen día en nuestra relación.

En otra ocasión comenzó a decirme lo que le trajeron los Reyes Magos. Empezó a describirme unos juguetes que se notaba le gustaban. Y me decían cuáles eran sus amigos. Me regaló el escucharle decir mi nombre y hasta me dio un beso. Casi nada fue aquello.

Pero lo que más me dejó perpleja de  lo que son los niños es que a todo el mundo le decía mi nombre. La madre me decía al entrar ?aquí viene su fan número uno?. El chaval entraba más ancho que nadie y sonriendo.

Ahora entra en el ambulatorio y va a pediatría tranquilo y contento de ver a alguien amigable para él. Deja que se le explore con tranquilidad e incluso no se queja al ponerle las vacunas. Me trae algún dibujo a la consulta digno de imaginación. Y es que creo es importante intentar ponernos los médicos a nivel del enfermo y sobre todo de los niños. Pues puede llegar a ser una auténtica tortura la consulta, pero si nos la tomamos con paciencia y tranquilidad será una gozada.

Así terminaba esta pequeña reflexión que he hecho para una revista médica. Os la comparto por todo lo que siento voy intentando aprender de nuestra labor como educadoras y como integradoras de la persona. No sé si realmente esto que os comparto es o no educación y crecimiento integral pero sí siento que esos niños me van ayudando a ver el rostro de Jesús. Que la gente está muy perdida en el saber cómo se educa a un hijo, cómo se debe alimentar y cómo se debe escuchar a un chiquitín. Al igual que en otros lugares más específicos de educación, debemos orientar a la gente a ser más felices y más integrados en todo lo que hacen. Ayudarlos a ver el norte de su existencia. Tarea muy difícil pero no imposible por lo que le he visto hacer a hermanas nuestras. 

En fin, agradezco todo lo que los chicos sacan de mí misma. Creo que me han hecho volver a mi infancia, a disfrutar con cosas sencillas y a sacar lo positivo y bueno de cada situación. También me ha conllevado muchos resfriados, gripes, diarreas, herpes, etc. Es increíble ver que tú te enfermas al igual que ellos, que adquieres las mismas enfermedades. Y no es que estés mal sino que estás en contacto permanente con la exposición al germen. Agradezco mucho todo lo que me ha conllevado la consulta y sobre todo las relaciones tan joviales. Me hacen recordar aquella frase de Jesús ?dejad a los niños se acerquen a mí?. Realmente te enseñan a encontrar el reino en una sonrisa, en una caricia o en un llanto, su sinceridad y su franqueza te pueden dejar fulminada. Para mí está siendo una trasformación desde y por su amor.

 

                                                          Valle Adame RSCJ
 Provincia de España Centro - Sur

Last Updated ( 17 Oct 05 )
 

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