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México, Marigela Orvañanos rscj
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El equilibrio ambiental del planeta ha sido afectado porque se ha trastocado el desarrollo y el bienestar de la población actual y de generaciones futuras, debido al agotamiento y degradación de los recursos naturales, del agua, aire, suelo y biodiversidad.
La conciencia ecológica no puede crearse si no se tiene como punto de partida la educación.
La persona necesita aprender desde lo que ya sabe, necesita hacer conscientes y explícitos los conocimientos y las experiencias significativas que ha aprendido a lo largo de su historia, y desde ahí, es como puede construir conocimientos, actitudes y acciones diferentes a las que tiene actualmente
Al hablar sobre la problemática ambiental o crisis ecológica no solamente me estoy refiriendo a una crisis ecológica sino a una crisis de la razón, es decir, que los problemas ambientales son fundamentalmente, problemas de conocimiento.
La educación ambiental es un proceso en el que todos somos aprendices y maestros, donde ambos pertenecemos al proceso de enseñanza-aprendizaje de la complejidad ambiental. Esta complejidad no sólo implica aprender hechos nuevos, sino que nos lleva a una nueva racionalidad que significa la reapropiación del conocimiento desde el ser del mundo y del ser en el mundo; desde el saber y la identidad que se forjan y de incorporar al ser de cada individuo y de cada cultura.
Encauzar el aprendizaje: para llegar a aprender la complejidad ambiental como aprender a saber ser con el “otro” integrando el conocimiento de la persona de manera colectiva y llegue a “saber ser en el mundo”.
Plantear la relación entre el conocimiento, el poder, los discursos, la política y la ética para una intervención concreta hacia el medio ambiente.
Orientar la búsqueda de pensamiento nuevo, de autorrealización personal, de co-relación con el mundo encaminado a obtener ganancias tangibles (actitudes y acciones nuevas de comprensión, aplicación, creación y análisis) derivadas de este proceso de enseñanza-aprendizaje a nivel ambiental.
La educación ambiental no es neutral.
Educar a nivel ambiental desde la construcción de una cultura para la paz, presupone tomar partido en el proceso de socialización de valores que alienten el compromiso por el cambio social, ambiental y personal; genera en el proceso de enseñanza aprendizaje un proceso activo-creativo donde las personas se vuelven sujetos vivos de transformación.
La educación ambiental desde la perspectiva de la educación para la paz es aprender a pensar y a actuar de otra manera... educar en y para la construcción de un mundo más habitable y sano para tod@s.
Es necesaria una visión de “totalidad”: donde no se sumen las partes de un todo, sino que pueda entenderse el mundo en interdependencia de todo con todo. ( visión holísitica)
Desde esta visión, como RSCJ, implica:encontrar el todo en las partes y las partes en el todo, es decir, encontrar la totalidad del amor del corazón de Dios en cada persona y en cada cosa, y a su vez, el amor total de cada persona, explicitan la totalidad del amor de Dios.
Ser RSCJ desde esta visión holística amplía nuestra espiritualidad, ya que supone un cambio de perspectiva, donde cada una sea capaz de ver en lo infinitamente pequeño, lo infinitamente grande; ver que en lo complejo está lo profundo y que todo está en relación, porque sino no existiría ni lo uno ni lo otro.
De esta manera, nuestra opción por los pobres también se enriquece, ya que nos permite darnos cuenta de que todos los seres de la tierra se encuentran amenazados, comenzando por los pobres y marginados. Y que tenemos el gran reto de que:
“o nos salvamos todos, o todos corremos el riesgo de perdernos”.
Está en juego nuestra “casa”.
Nuestra tarea educadora debe generar procesos de enseñanza aprendizaje, donde se ponga énfasis en la formación de educadores ambientales, que centrados en el espíritu educador de Magdalena Sofía, sean capaces de:
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Sentirse enviados a respetar la vida, la dignidad de la persona y del medioambiente.
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Educar a la interioridad y a la compasión del corazón como núcleo de la persona y del mundo, centrada en lo esencial.
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Insertarse en una comunidad, para que desde ahí, sean capaces de discernir y actuar con sentido crítico y creativo en la realidad de hoy.
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Tomar conciencia de la complejidad ambiental, reconociendo la dignidad de la persona, descubriendo sus capacidades, ayudándola a tomar decisiones y guiada por los valores del evangelio.
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Aprender a ser en el mundo gérmenes de vida, impulsando a que cada persona crezca y se adentre en su misterio para que llegue al corazón de la vida (su vida y la del mundo).
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Ser testigos de vida, gozo y esperanza, viviendo la compasión, la reconciliación, el cuidado y la ternura del amor del corazón de Dios.
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Transmitir una cultura del cuidado y de la opción por la vida, donde pueda defenderse ahí donde se vea amenazada, construyendo la paz y la justicia desde una actitud noviolenta.
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Redescubrir y valorar la propia persona y a los demás, abriéndose al diálogo y reconociendo al otro desde su diferencia, conviviendo con él para poder construir su ser desde el “otro”. Que la diversidad de la naturaleza le sea contenido de aprendizaje.
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Crear espacios donde se favorezca la construcción del conocimiento colectivo, la reflexión, el análisis y la construcción de propuestas a favor del cuidado del medioambiente. Espacios de formación, celebración y compromiso social, ambiental y cristiano.
En general, que pueda se capaz de correr el riesgo de “Ir al corazón de la tierra, para poder ver en el corazón de cada persona el rastro del corazón de Dios”.
La educación ambiental desde la espiritualidad del Sagrado Corazón, está centrada en la persona, tiene una dimensión unificadora y tiene como punto de partida la contemplación de la realidad para dar respuesta a las necesidades socioambientales de hoy.
Propone un cambio de razón y de actitud frente al mundo, porque parte de la valoración de los signos de vida de cada persona y se da a la tarea de potencializarlos.
Es una educación transformadora, dinámica y constructora de VIDA.
La educación ambiental desde la espiritualidad del Sagrado Corazón, está fundamentada en el amor a la vida, porque facilita e impulsa en cada persona, la experiencia del amor auténtico que sabe convivir con el error y con la miseria sin dejar de amar”.
Maria del Mar Clapera rscj
Provincia de México - Nicaragua
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