
Lisa y su abuela
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Lisa Y Barbara
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Nunca se sabe lo que un acto de bondad puede hacer por una persona y, sin embargo, en un instante las vidas de generaciones pueden quedar transformadas para siempre. Mi abuela es un ejemplo precioso de esto. Cuando quiso ir a la universidad para hacerse maestra, fue sólo a través de un generoso regalo de $50.00 que le hizo una persona conocida, que pudo ella realizar su sueño. Se hizo maestra como también lo hizo su hijo, mi padre, y es así que he aprendido, a través de mi familia, el poder que tiene la educación. Este solo acto de bondad ha influenciado e impactado mi vida para siempre.
Aunque nací en el medio oeste, mi familia se mudó al sureste de los estados Unidos cuando yo tenía dos años. Pasé mi niñez en Phoenix, Arizona, una ciudad grande en medio del desierto de Sonora. Soy la mayor de tres hijos (una hermana y un hermano). Cuando era joven, la iglesia era uno de mis lugares favoritos. Nací después del Vaticano II y la comunidad que se reunía en el centro de retiros donde mi familia participaba en la Eucaristía, realmente trataba de ser “iglesia” unos para los otros. La iglesia era un lugar de acogida, donde las personas se interesaban unas por otras y encontraban a Dios en la Palabra y en el Sacramento. Teníamos liturgias increíble y mi amor a la música litúrgica y por la participación activa de la asamblea comenzó a través de estas experiencias de iglesia que tuve en mi niñez.
Conocí a la Sociedad del Sagrado Corazón cuando estudiaba teología en la escuela graduada del “Catholic Theological Union” en Chicago. Había estado trabajando en ministerio pastoral de la Iglesia católica en Phoenix, en las áreas de la juventud y de la liturgia. Tuve una experiencia maravillosa de la vida ministerial y me encantaba lo que hacía, pero siempre soñaba con algo más amplio que el ministerio que estaba llevando a cabo, sola. Soñaba con ser y trabajar con otros, con algo que ahora yo llamo “comunidad”.
En el “Catholic Theological Union”, a todos los estudiantes laicos se les anima a que tengan un director o directora espiritual. No conocía muchos nombres de la lista que me dieron, pero sí había notado en la Misa diaria, a una mujer de profunda oración. Esa mujer era Barbara Bowe rscj, especialista en Biblia y una de las personas más apasionadas de la oración y de la educación que he conocido. Se convirtió en mi directora espiritual. Fue a través de largas conversaciones con Barbara, de oración profunda en la comunidad de Cornell, en Chicago y del amor que experimenté en cada RSCJ que iba conociendo, que mi corazón encontró un hogar como una hija más de Sofía, un hogar construido en el amor del Evangelio y en el Cor Unum.
Un aspecto de la Sociedad del Sagrado Corazón que me atrajo y continua hablándome al corazón es nuestra internacionalidad. Descubro los latidos del corazón de Dios a través de la creación en los 44 países alrededor del mundo donde, junto con mis hermanas, contemplamos todas “los signos de los tiempos” y como RSCJ buscamos maneras de escuchar y de responder al clamor del corazón herido de la humanidad. Ya sea que la Sociedad trabaje con la juventud de Budapest, en proyectos de educación popular en México o reconstruyendo, casa por casa, la ciudad de Nueva Orleáns en los Estados Unidos, soy una en el corazón de Dios, con cada una de mis hermanas dondequiera que estén.
Aunque he trabajado en muchos ministerios desde que entré a la Sociedad (enseñando informática y teología, entrenando equipos de béisbol, coordinando diversos servicios en universidades, organizando celebraciones litúrgicas), el servicio que ahora mismo estoy prestando en la provincia, me llena totalmente. Trabajo en la pastoral vocacional en la provincia de Estados Unidos y también como consultora, con muchos colaboradores laicos, en el Proceso de Formación para la Misión de la red de Colegios del Sagrado Corazón. Mi servicio consiste en conectar a personas con nuestra misión, en “descubrir y manifestar el amor de Dios”. Hago esto a través de retiros, talleres, presentaciones, desarrollo de sitios web, y otros medios de comunicación.
Pienso que la manera como entendía Sofía la educación, muy parecida a aquel acto de bondad que experimentó mi abuela, tiene el poder de transformar y de sanar al mundo. Ésa es la razón por la cual vivo mi vida como educadora de corazón, el corazón de Dios, en la Sociedad del Sagrado Corazón.
“No pienses en el futuro, abandónaselo al Corazón de Jesús; emplea el momento presente en amar, obrar y seguir adelante.”
-Magdalena Sofía Barat
Bajar una canción compuesta por Lisa.
Lisa Buscher rscj
provincia de Estados Unidos
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