Colegio del Sagrado Corazón que se inauguró en 1913. Hoy alberga la Universidad del Sagrado Corazón.
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Carmen Rodríguez rscj con niños de proyecto ?Descubriendo Juntos? en el Residencial Manuel A. Pérez
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Josefa Corrada rscj en un campamento de verano en Verrettes, Haiti
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Portada del libro sobre la historia de las RSCJ en Puerto Rico, por Haydée Vecchini rs
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El
mismo año -1880- en que llegaron a Puerto Rico las religiosas de la
orden educadora del Sagrado Corazón, el Capitán General Eulogio
Despujols, gobernador de la Isla, promulgó un nuevo Decreto Orgánico
para fortalecer el sistema educativo del país. Había entonces, según
Juan José Osuna, 432 escuelas públicas: 328 para varones y 104 para
niñas. La población aún no llegaba al millón de personas, pero sólo
15,218 niños recibían instrucción pública.
De origen
francés, la orden fundada por Magdalena Sofía Barat en 1800 atendía la
educación femenina proveyéndoles a las niñas instrumentos necesarios
para su superación no sólo intelectual sino también moral y espiritual
con métodos similares a los establecidos por los jesuitas para la
educación masculina. La orden se extendió rápidamente por Europa y en
1818 se fundó el primer colegio en los Estados Unidos, en Louisiana.
Hubo fundaciones tempranas en América del Sur y en Cuba (1858). Al
conocer de su labor en la vecina isla, la Diputación Provincial les
extendió en 1879 una invitación a las religiosas para que vinieran a
Puerto Rico, comprometiéndose a construirles un colegio.
Las
?madres? trajeron un sistema educativo basado en el cultivo de la
inteligencia, la imaginación, la memoria y la voluntad. La educación
del Sagrado Corazón imponía un sello, marcaba el carácter. Su visión
se adelantó a la que se desarrollaría a lo largo del siglo XX en torno
a la educación femenina.
El primer colegio
El
Colegio del Sagrado Corazón abrió sus puertas el 1 de octubre de 1880
en una sede temporera. En agosto de 1882 las 14 religiosas ?ya había 45
alumnas- se mudaron al edificio que les construyó la Diputación en el
entonces apartado barrio de Miramar, entre la ?Carretera Central? ?hoy
Ponce de León- y la laguna.
Ese edificio fue luego el
Hogar de Niñas y pronto será el Conservatorio. En el libro recién
publicado de la Hermana Haydée Vecchini, Religiosas del Sagrado Corazón en Puerto Rico,
que ofrece la historia entera de la orden, se documenta la vida diaria
en aquel colegio, incluyendo los baños de mar de las alumnas. Una de
ellas, Anita Hoare, describió los trajes de baño: ?Amplia bata hasta el
suelo de tela gruesa, manga larga y cuello alto.... Estos baños eran en
silencio y más de una nota de conducta nos hicieron perder.....?.
El cambio de soberanía
La
Iglesia Católica fue una de las instituciones más afectadas en el 1898
y, por ende, también lo fueron los colegios católicos. Las religiosas
enfrentaron la situación con valentía. Aunque varias órdenes masculinas
abandonaron la Isla, las madres del Sagrado Corazón permanecieron,
junto con órdenes femeninas como las Carmelitas de clausura, las Hijas
de la Caridad y las Siervas de María. Decididas a continuar su misión,
se adaptaron a los nuevos tiempos aunque tuvieron que desalojar el
edificio construido para ellas, que pasó a manos del nuevo gobierno
militar. El concepto mismo al que obedecía el Colegio era problemático
para las nuevas autoridades. Señala la Hermana Vecchini: ?...la
existencia de un colegio católico, europeo, educando a las jóvenes de
la clase dirigente de la isla no entraba en los planes proselitistas de
los protestantes y resultaba un estorbo para el proceso de
americanización del país?.
Una ventaja que suponía la
educación del Sagrado Corazón era, efectivamente, la procedencia
internacional de las religiosas. Si bien bajo el régimen español la
mayor parte de los religiosos educadores eran españoles y luego, bajo
el nuevo régimen, fueron norteamericanos, en el caso del Sagrado
Corazón el libro de la Hermana Vecchini consigna las diversas
nacionalidades de las religiosas que aquí estuvieron: 97 cubanas, 59
mexicanas, 52 españolas, 53 colombianas, 21 francesas, 9 canadienses, 4
belgas, 3 irlandesas y otras de nacionalidades diversas. Los contactos
continuos con tan amplia representación internacional han sido, quizás,
únicos en la historia de la educación en Puerto Rico. Ese ?roce? social
e intelectual, esa apertura, les permitió a las educandas tener
horizontes amplios y recibir influencias muy diversas.
El colegio de la Parada 26
En
1903 don Pablo Ubarri Iramategui, hijo del anterior benefactor de la
orden, les vendió a las religiosas la bellísima Hacienda San José,
situada en un lugar alto de Santurce, cerca de Martín Peña.
Construyeron allí un amplio plantel, diseñado por el arquitecto José
Antonio Canals Vilaró. En 1907 se inauguró el hermoso edificio que aún
está en uso como sede de la Universidad del Sagrado Corazón.
Había
entonces 25 religiosas y 107 alumnas. En 1909 abrió la escuela
gratuita, que servía a niñas de menos recursos, con 150 alumnas. El
edificio sobrevivió a temblores y a huracanes, a crisis financieras y
políticas y las religiosas siguieron expandiendo su obra educadora y
formativa. En 1916 abrió el colegio de Ponce ?que no logró un amplio
edificio hasta 1962- y en 1935 se estableció el ?College? o Colegio
Universitario, el primero para mujeres que hubo en la Isla.
El
sistema de estudios del Sagrado Corazón no ha tenido par en Puerto Rico
?con la posible excepción de la educación jesuita- en cuanto al énfasis
humanístico. El aprendizaje de la lengua vernácula fue siempre una
prioridad. La insistencia en que se dominara tanto en su forma hablada
como en su forma escrita puso al alcance de las alumnas el instrumento
más poderoso que tenemos: la palabra. En este país en que la palabra
nos ha sido tantas veces negada por las deficiencias en la educación,
por las interferencias lingüísticas, por la falta de instrumentos para
difundirla ampliamente, el don de la palabra es fundamental para
expresar lo que somos y lo que queremos ser.
Pocos
saben que la experiencia del Colegio del Sagrado Corazón de Santurce
con la enseñanza en español y el inglés como asignatura influyó en el
esfuerzo de implantar en Puerto Rico la enseñanza pública en español.
En 1931, escribe la Hermana Vecchini, el Dr. José Padín, Secretario de
Instrucción, usó a las alumnas de los grados quinto al octavo como
grupo piloto para estudiar la manera en que impartir la enseñanza en
español y aprender el inglés como segundo idioma redundaba en mayor
aprovechamiento académico que enseñar las materias en inglés. Los
resultados positivos abonaron a que en 1934 se pasara la Circular Núm.
10 disponiendo que todas las asignaturas de la escuela elemental se
enseñaran en español y que el inglés constituyera una asignatura
importante.
El cambio
A
partir de 1970 la Sociedad del Sagrado Corazón en Puerto Rico se
orientó por caminos diferentes a los seguidos hasta entonces. Cerró el
colegio de Santurce y el de Ponce se mantuvo abierto gracias a una
Asociación de Padres y Maestros. Las religiosas se dedicaron a
diferentes obras misionales. Formaron ?comunidades de inserción? en
barrios rurales o en suburbios urbanos para trabajar pastoralmente con
los menos privilegiados. Establecieron una escuela en el sector de
Playita en Villa Palmeras y llevan a cabo una obra de impacto tanto
educativo como social en la península de Cantera. Una comunidad sirve
al residencial Manuel A. Pérez en Hato Rey y otra se ha establecido en
Haití. Las religiosas Anuiman las actividades de una casa de retiros en
Barranquitas. La Universidad del Sagrado Corazón, entidad que tiene
lazos con la congregación, se ha propuesto seguir los principios
educativos de la orden.
Hoy que celebramos la presencia
de las religiosas del Sagrado Corazón en Puerto Rico desde hace 125
años, hay que reconocer su labor educativa y misional. Entre las
egresadas de sus colegios se encuentran personalidades de nuestro país
como Sor Isolina Ferré, la Dra. Edna Coll, la ex-gobernadora Sila
Calderón, la Dra. Belén Serra, la actriz y personalidad cultural Flavia
Lugo de Marichal, la Dra. Piri Fernández de Lewis, la Lcda. Olga Soler
y muchas otras mujeres con un sentido de compromiso con su entorno,
cuyas vidas y ejecutorias han ayudado a que Puerto Rico sea un lugar
mejor para vivir.
Carmen Dolores Hernández
Antigua Alumna del Sagrado Corazón
Adaptado de un artículo publicado en El Nuevo Día, 31 de julio 2005
Publicado con permiso de la autora |