Puerto Rico: la Sociedad del Sagrado Corazón celebra 125 años Imprimir E-mail
05.10.05
Colegio del Sagrado Corazón que se inauguró en 1913. Hoy alberga la Universidad del Sagrado Corazón.
Carmen Rodríguez rscj con niños de proyecto ?Descubriendo Juntos? en el Residencial Manuel A. Pérez
Josefa Corrada rscj en un campamento de verano en Verrettes, Haiti
Portada del libro sobre la historia de las RSCJ en Puerto Rico,  por  Haydée Vecchini rs

El mismo año -1880- en que llegaron a Puerto Rico las religiosas de la orden educadora del Sagrado Corazón, el Capitán General Eulogio Despujols, gobernador de la Isla, promulgó un nuevo Decreto Orgánico para fortalecer el sistema educativo del país. Había entonces, según Juan José Osuna,  432 escuelas públicas: 328 para varones y 104 para niñas. La población aún no llegaba al millón de personas, pero sólo 15,218 niños recibían instrucción pública.

De origen francés, la orden fundada por Magdalena Sofía Barat en 1800 atendía la educación femenina proveyéndoles a las niñas instrumentos necesarios para su superación no sólo intelectual sino también moral y espiritual con métodos similares a los establecidos por los jesuitas para la educación masculina. La orden se extendió rápidamente por Europa y en 1818 se fundó el primer colegio en los Estados Unidos, en Louisiana. Hubo fundaciones tempranas en América del Sur y en Cuba (1858). Al conocer de su labor en la vecina isla, la Diputación Provincial les extendió en 1879 una invitación a las religiosas para que vinieran a Puerto Rico, comprometiéndose a construirles un colegio.

Las ?madres?  trajeron un sistema educativo basado en el cultivo de la inteligencia, la imaginación, la memoria y la voluntad. La  educación del Sagrado Corazón imponía un sello, marcaba el carácter.  Su visión se adelantó a la que se desarrollaría a lo largo del siglo XX en torno a la educación femenina.

El primer colegio

El Colegio del Sagrado Corazón abrió sus puertas el 1 de octubre de 1880 en una sede temporera. En agosto de 1882 las 14 religiosas ?ya había 45 alumnas- se mudaron al edificio que les construyó la Diputación en el entonces apartado barrio de Miramar,  entre la ?Carretera Central? ?hoy Ponce de León- y la laguna.

Ese edificio fue luego el Hogar de Niñas y pronto será el Conservatorio. En el libro recién publicado de la Hermana Haydée Vecchini, Religiosas del Sagrado Corazón en Puerto Rico, que ofrece la historia entera de la orden, se documenta la vida diaria en aquel colegio, incluyendo los baños de mar de las alumnas. Una de ellas, Anita Hoare, describió los trajes de baño: ?Amplia bata hasta el suelo de tela gruesa, manga larga y cuello alto.... Estos baños eran en silencio y más de una nota de conducta nos hicieron perder.....?.

El cambio de soberanía

La Iglesia Católica fue una de las instituciones más afectadas en el 1898 y, por ende, también lo fueron los colegios católicos. Las religiosas enfrentaron la situación con valentía. Aunque varias órdenes masculinas abandonaron la Isla, las madres del Sagrado Corazón permanecieron, junto con órdenes femeninas como las Carmelitas de clausura, las Hijas de la Caridad y las Siervas de María. Decididas a continuar su misión, se adaptaron a los nuevos tiempos aunque tuvieron que desalojar el edificio construido para ellas, que pasó a manos del nuevo gobierno militar. El concepto mismo al que obedecía el Colegio era problemático para las nuevas autoridades. Señala la Hermana Vecchini: ?...la existencia de un colegio católico, europeo, educando a las jóvenes de la clase dirigente de la isla no entraba en los planes proselitistas de los protestantes y resultaba un estorbo para el proceso de americanización del país?.

Una ventaja que suponía la educación del Sagrado Corazón era, efectivamente, la procedencia internacional de las religiosas. Si bien bajo el régimen español la mayor parte de los religiosos educadores eran españoles y luego, bajo el nuevo régimen, fueron  norteamericanos, en el caso del Sagrado Corazón el libro de la Hermana Vecchini consigna las diversas nacionalidades de las religiosas que aquí estuvieron: 97 cubanas, 59 mexicanas, 52 españolas, 53 colombianas, 21 francesas, 9 canadienses, 4 belgas, 3 irlandesas y otras de nacionalidades diversas. Los contactos continuos con tan amplia representación internacional han sido, quizás, únicos en la historia de la educación en Puerto Rico. Ese ?roce? social e intelectual, esa apertura, les permitió a las educandas tener horizontes amplios y recibir influencias muy diversas.

El colegio de la Parada 26

En 1903 don Pablo Ubarri Iramategui, hijo del anterior benefactor de la orden, les vendió a las religiosas la bellísima Hacienda San José, situada en un lugar alto de Santurce, cerca de Martín Peña. Construyeron allí un amplio plantel, diseñado por  el arquitecto José Antonio Canals Vilaró. En 1907 se inauguró el hermoso edificio que aún está en uso como sede de la Universidad del Sagrado Corazón.

Había entonces 25 religiosas y 107 alumnas. En 1909 abrió la escuela gratuita, que servía a niñas de menos recursos, con 150 alumnas. El edificio sobrevivió a temblores y a huracanes, a crisis financieras y  políticas y las religiosas siguieron expandiendo su obra educadora y formativa. En 1916 abrió el colegio de Ponce ?que no logró un amplio edificio hasta 1962- y en 1935 se estableció el ?College? o Colegio Universitario, el primero para mujeres que hubo en la Isla.

El sistema de estudios del Sagrado Corazón no ha tenido par en Puerto Rico ?con la posible excepción de la educación jesuita- en cuanto al énfasis humanístico. El aprendizaje de la lengua vernácula fue siempre una prioridad. La insistencia en que se dominara tanto en su forma hablada como en su forma escrita puso al alcance de las alumnas el instrumento más poderoso que tenemos: la palabra. En este país en que la palabra nos ha sido tantas veces negada por las deficiencias en la educación, por las interferencias lingüísticas, por la falta de instrumentos para difundirla ampliamente, el don de la palabra es fundamental para expresar lo que somos y lo que queremos ser.

Pocos saben que la experiencia del Colegio del Sagrado Corazón de Santurce con la enseñanza en español y el inglés como asignatura influyó en el esfuerzo de implantar en Puerto Rico la enseñanza pública en español. En 1931, escribe la Hermana Vecchini, el Dr. José Padín, Secretario de Instrucción, usó a las alumnas de los grados quinto al octavo como grupo piloto para estudiar la manera en que impartir la enseñanza en español y aprender el inglés como segundo idioma redundaba en mayor aprovechamiento académico que enseñar las materias en inglés. Los resultados positivos abonaron a que en  1934 se pasara la Circular Núm. 10 disponiendo que todas las asignaturas de la escuela elemental se enseñaran en español y que el inglés constituyera una asignatura importante.

El cambio

A partir de 1970 la Sociedad del Sagrado Corazón en Puerto Rico se orientó por caminos diferentes a los seguidos hasta entonces. Cerró el colegio de Santurce y el de Ponce se mantuvo abierto gracias a una Asociación de Padres y Maestros. Las religiosas se dedicaron a diferentes obras misionales. Formaron ?comunidades de inserción? en barrios rurales o en suburbios urbanos para trabajar pastoralmente con los menos privilegiados. Establecieron una escuela en el sector de Playita en Villa Palmeras y  llevan a cabo una obra de impacto tanto educativo como social en la península de Cantera.  Una comunidad sirve al residencial Manuel A. Pérez en Hato Rey y otra se ha establecido en Haití. Las religiosas Anuiman las actividades de una casa de retiros en Barranquitas. La Universidad del Sagrado Corazón, entidad que tiene lazos con la congregación, se ha propuesto seguir los principios educativos de la orden.

Hoy que celebramos la presencia de las religiosas del Sagrado Corazón en Puerto Rico desde hace 125 años, hay que reconocer su labor educativa y misional. Entre las egresadas de sus colegios se encuentran personalidades de nuestro país como Sor Isolina Ferré, la Dra. Edna Coll, la ex-gobernadora Sila Calderón, la Dra. Belén Serra, la actriz y personalidad cultural Flavia Lugo de Marichal, la Dra. Piri Fernández de Lewis, la Lcda. Olga Soler y muchas otras mujeres con un sentido de compromiso con su entorno, cuyas vidas y ejecutorias han ayudado a que Puerto Rico sea un lugar mejor para vivir.

Carmen Dolores Hernández
Antigua Alumna del Sagrado Corazón

Adaptado de un artículo publicado en El Nuevo Día, 31 de julio 2005
Publicado con permiso de la autora

Última modificación ( 17.10.05 )
 

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