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fotos: Carmen Asensio rscj
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Acojo
la invitación a compartir algo de este? tiempo de Gracia? y aprovecho
para contaros algo de mi experiencia por estas tierras peruanas, ahora
que ando ?de recogida?.
De ésta no quiero contaros
tanto dónde he vivido o qué he hecho sino contaros algo de lo que estos
casi nueve meses me han posibilitado vivir... tanto aprendido, crecido,
compartido y cuestionado de mi vida. Lo voy a hacer con los textos que
me han ido acompañando este tiempo, desde que llegué aquí allá por el
mes de septiembre.
Mi primera experiencia fuerte es
algo parecido a aquello que nos cuenta la carta a los Hebreos que vivió
Abraham: ?Por la fe, Abraham, llamado por Dios, obedeció a la orden de
salir para un país que se le daría como herencia y partió sin saber a
dónde iba? (Heb 11,8) He vivido la experiencia fuerte de fiarme del
Señor en el no saber y fiarme cuando, ya en el Perú y en Layo, me daba
cuenta de todas las cosas que no ?sabía?. Nos cuenta el libro del
Eclesiastés que ?hay un tiempo para destruir y un tiempo para
construir? Eclesiastés 3,3. Y he experimentado que realmente va en ese
orden. He vivido o, mejor dicho, me he vivido despojada de muchas
cosas, sintiendo que los recursos con los que llegaba aquí me servían
de poco, experimentando que tenía que aprender hasta lo más cotidiano
de la vida, viviendo en tantos momentos que estaba recibiendo
infinitamente más de lo que he podido dar, experimentando esa soledad
que nada tiene que ver con tener mucha gente a tu alrededor. Y
realmente el despojo me ha ?construido?:
- Me
ha introducido en una relación con el Señor que se ha fortalecido en
este tiempo y que me ha llevado a hablar con Él ?como un amigo habla
con su amigo?.
- Me ha llevado a sentirme solidaria con tanta gente
que vive el desarraigo (tantos y tantas inmigrantes que tenemos cerca
en nuestras calles en España), que vive el no saber, el no entender, el
aprender a recibir, el sentirse diferente y fuera de contexto.
- El despojo me ha construido en la confianza en las
personas y en el Señor que es Amor, que es desde siempre y que nunca
nos deja: ?Él guarda mis entradas y salidas ahora y por siempre? (Salm
120)
? El Amor del Señor desde siempre hasta siempre? (Salm 102)
El
encuentro con el pueblo, con los niños y jóvenes, con las comunidades,
con tantas personas que se me han ?colado en el corazón? ha sido ?mi
escuela? en este tiempo. He aprendido de un pueblo que sufre y que
lucha, que tiene la vida herida pero que está esperanzado, que vive la
pobreza y que es capaz de compartir, que se calla pero que expresa con
su vida, con sus miradas, con sus gestos; un pueblo que espera en Dios
y en la Tierra que Él le haregalado; un pueblo que es contemplativo y
que sabe esperar porque ha aprendido de la fuerza y el proceso de la
semilla que cae en la tierra; he aprendido de un pueblo
fuerte...gracias desde aquí a cada uno/a. ?Has sacado fuerza de lo
débil haciendo de la fragilidad tu propio testimonio? (Pleg
Eucarística.)
La vida en este contexto, en pleno campo,
a 4000 metros de altura, y con unas personas para las que la palabra
?Tierra? se escribe siempre con mayúscula porque es un alguien, con el
que nos relacionamos en una relación recíproca, me ha hecho resonar
dentro con fuerza las parábolas del Reino...He sentido con mucha fuerza
el Evangelio encarnado en la vida y, al contacto con los grupos y con
los niños, he sentido cuánto tiene que ver nuestra misión educadora con
ese Reino que: ?es como una semilla que crece sin que se sepa cómo? o
que se parece a un tesoro escondido por el que vale la pena venderlo
todo, o que es como un grano de mostaza (aquí sería quinua), tan
chiquito y tan lleno de vida en sus posibilidades...
He
experimentado que realmente ?dichosos los pobres porque de ellos es el
Reino?...y no dichosos por la pobreza y la miseria en la que están
viviendo...que no nos deja tranquilas y nos empuja a buscar caminos
donde se alimente la vida, crezca la justicia, y nos hagamos
constructoras de paz. No, no dichosos por la pobreza sino ?porque de
ellos es el Reino?, porque sólo quien necesita escuchar una buena
noticia en su vida es capaz de escuchar La de Jesús y saltar de
alegría. He vivido con pocas cosas y he vuelto a experimentar la
libertad y la alegría que ?nadie nos puede quitar?
Expreso
esto en pocas palabras, pero han sido muchos los momentos en los que he
sentido el corazón tocado por las personas y los acontecimientos y una
y otra vez he escuchado ?la buena noticia? de un camino abierto: ?He
abierto un camino nuevo para ti: en él, la fuerza se manifiesta en la
debilidad, la libertad en el servicio y la vida en la muerte? ( Const
41)
Y al hilo de este número de las Constituciones,
compartir una convicción honda que me llevo en el corazón. Por
distintas cosas y circunstancias se me ha dado en este tiempo pararme a
sentir el misterio pascual del que forma parte la vida de cada persona.
Ese binomio vida-muerte con el que al fin y al cabo, nos topamos en la
vida de distintas maneras...La vida en todas sus manifestaciones y la
muerte en todas sus manifestaciones. Hoy quiero compartir con el deseo
de que creer que?si vivimos, vivimos para el Señor y si morimos,
morimos para el Señor. En la vida y en la muerte somos del Señor? (Rom
14,8) ... porque realmente ?el Amigo ama en todo tiempo? (Prov 17,17)
Sólo deciros ya (porque esto se va alargando) que me voy con deseos de hondura en mi vida, con deseos de vivir ese otro modo de dar existencia a alguien, que es estando presente a su vida, a su situación, a su esperanza y a su dolor...
Paqui Rodríguez rscj
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