Tejiendo solidaridades: el Reino se va haciendo donde ocurren cosas buenas para los pobres Version imprimable Suggérer par mail
19-12-07
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Algunas psicólogas con la presidenta
de CENAVOL
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La cola para el ingreso daba la vuelta
al colegio
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Niños trabajando en el taller de dibujo
y pintura

En Noviembre 2007 tuve la oportunidad de ser testigo de cómo en nuestro país, Perú, se sigue tejiendo solidaridades de una manera discreta. El deseo es seguir dando una mano a nuestros hermanos y hermanas que han sufrido a causa del terremoto del último 15 de Agosto. Esta vez fue Chincha. Participamos alrededor de 500 voluntarios, convocados por CENAVOL, el Centro Nacional de Voluntariado, que es una asociación civil sin fines de lucro que busca aportar al desarrollo del país, a través de la integración del voluntariado nacional. Tiene entre sus objetivos, contribuir a la atención de la población en casos de desastres, para los damnificados en diferentes departamentos del país.

En esta ocasión  fue el Séptimo Festival de la Buena Voluntad: "Construyamos juntos una sociedad solidaria" ¡Vamos a Chincha!, era el lema que animaba este servicio conjunto. Atendimos alrededor de 5 mil personas. Participamos profesionales de diferentes especialidades de la salud, medicina general, pediatría, obstetricia, nutrición, odontología, dermatología, ginecología, oftalmología, psicología entre otros. También participaron los jóvenes de telefónica y de diferentes universidades, y ONGs en el trabajo recreativo con los niños. Fui invitada por una psicóloga exalumna de UNIFE (Universidad Femenina del Sagrado Corazón), que pertenece a CENAVOL. Querían que ayudemos en la Restauración de fuerzas vitales en situaciones traumáticas. 

Partimos rumbo a Chincha el sábado muy temprano y llegamos al campo de trabajo, era el Colegio Fe y Alegría de Pueblo Nuevo- Chincha.  Allí nos esperaban muchos niños, adolescentes, jóvenes y adultos para ser atendidos.

Los salones prefabricados, estaban convertidos en consultorios de diferentes especialidades. Nosotras  psicólogas, nos ubicamos en 9 pequeñas carpas para atender a quien quisiera consulta.  Durante la mañana del sábado no hubo gran afluencia, fue mucho mayor en la tarde, pues sábado es día de trabajo todavía.  Atendimos de corrido hasta las 5pm, sólo pudimos tomar un pequeño refrigerio entre consulta y consulta. Estuvimos atendiendo alrededor de 12 psicólogas.

El domingo la afluencia fue tal que no nos dio tiempo ni para respirar, con las justas para ponernos de pie y hacer algunos movimientos para recuperar energía, pero la experiencia fue enriquecedora.

Ha sido grato ver que se acercaban por propia voluntad niños de 8 y 10 años, así como adolescentes entre los 15 y 18 años que decían: “vengo porque estoy confundida y quiero aclararme”, y hasta expresiones valiosas como la de una señora de unos sesenta años diciendo: “vine para una consulta con el oftalmólogo, pero ya no hay turno hasta mañana; pero cuando leí en un letrero ‘psicología’ decidí acercarme, pues hace 40 años había deseado siempre ir a un psicólogo y pensé que nunca podría hacerlo, necesitaba contarle mi problema a alguien y saber si he actuado bien con mi hijo, y hace un mes falleció”. Acoger la vida de esta señora, fue algo sagrado.  Lo único que iba haciendo cada vez que ella contaba, era ayudarle a ver cómo había hecho para salir adelante en los momentos cruciales de su vida. Pude aprovechar para ayudarle a  verse dando vida en cada decisión pequeña o grande que había tomado. Era gozoso verla cambiar de semblante a medida que ella descubría lo que había sido capaz de hacer.  Efectivamente vi cómo poquito a poco esta mujer que cuarenta años estuvo “encorvada psíquicamente por el peso del sufrimiento y del abuso”, iba ‘enderezándose y poniéndose de pie’ al ver que incluso los sufrimientos le habían ayudado a crecer, a desarrollar habilidades para enfrentar los peores momentos. Antes de irse me dice: “esta será la primera noche después de 40 años que podré dormir tranquila”. Había descubierto, se había visto, haciendo lo correcto en esos momentos de su vida y también acogiendo sus fallos como posibilidades.

Tocar el sufrimiento de muchas  mujeres maltratadas, abusadas y dejadas por sus esposos, me hacía pensar en la urgencia de una formación integral para varones y mujeres al mismo tiempo.  Era impresionante la cantidad de mujeres que venían por el mismo problema, el abandono de sus maridos, el maltrato físico y psicológico que sufren, repercuten  en sus hijos y las daña también.  Eran ellas las que pensaban en los hijos, mas no sus esposos.

Vi cuán  frágil es la relación varón- mujer y cuánto trabajo falta hacer para vivir una relación madura, corresponsable, con equidad, una relación humana y humanizante.  El peso de la responsabilidad recae sobre ellas como mujer, madre y esposa, mientras que ellos se quedan encerrado en un mundo narcisista, intentando satisfacer sus propios deseos, tratando a la mujer más que como personas, como objeto de satisfacción. 

Acoger la vida sufrida de estas mujeres me abría a la esperanza: primero porque han sido capaces de salir en busca de ayuda y segundo porque el sufrimiento no las ha paralizado y siguen apostando por la vida y la comparten.  Ayudarles a reconocer y a verse capaces de hacer algo por salir adelante con sus hijos y de su situación de maltrato, les devolvía la dignidad y la fuerza psíquica para mirar su propia vida de una manera distinta.

Escuchar a una de las señoras, fue de las primeras en acercarse al servicio de psicología, me conmovió profundamente. Tiene 40 años, con 3 hijos de su primer matrimonio, él falleció hace 6 años atrás, y tiene una niña de 5 años de su segundo compromiso. Cuando nació su última hija, descubrieron que había sido contagiada de VIH. Como ella decía, “he pasado por el infierno, ya no sé si existe algo peor: primero  descubrir que estaba infectada con VIH, y la rabia que me dio saber que mi primera pareja me había contagiado y yo no sabía; segundo la preocupación por saber si mi hijita estaba infectada también, y tercero  pensar en lo que mi pareja actual me diría y todo lo que eso conlleva de rechazo en la familia y el barrio”. Saber que su vida tenía un límite, antes de sumirla en la depresión, le hizo pensar en que quería vivir aunque sea unos 15 años para dejar a su hijita formada para enfrentar la vida. “Yo quiero salir de aquí y trabajar hasta donde den mis fuerzas por mi hijita”, era lo que se repetía para no pensar en el sufrimiento y la vergüenza.  Saberse infectada le dio coraje para enfrentar todo lo que le vino. Su nueva pareja la humilló, la dejó y dijo a todos sus familiar y amigos  lo que ella tenía, como ella decía: “todos me dieron la espalda y yo sintiéndome rechazada por todos. Nadie venía a verme. Dejé que mi pareja se vaya.  Gracias a Dios, después de muchos análisis ni él ni mi hijita estaban infectados, pero yo ya había asumido mi vida sola. Me sobrepuse, no pensaba en la enfermedad, pero sí empecé a seguir el tratamiento que me indicaron.  Comencé a trabajar en diferentes actividades, en un restauran, haciendo de todo, luego pude poner un negocio propio de venta y así poquito a poco pude mantener a mi hijita y pagarme los gastos del tratamiento.  Después de 5 años ha regresado mi pareja y yo luché sin desmayar, pues yo no quería morirme todavía, mi ideal  era mi hijita. Cuando mi pareja se fue yo no lo retuve, porque yo sabía que no era mi culpa haberme infectado, me insultaba feo, él dudaba de mí, … eso me dolió, pero no me detuvo para salir adelante por mi niña.  Ahora que él ha visto cómo soy, cómo vivo estos años y lo que hago por mi hijita, él se da cuenta que no soy una cualquiera.  El me ha pedido regresar a vivir conmigo, yo lo he aceptado, pero sabiendo que nuestro modo de vivir tiene condiciones, pero dudo que haya vuelto por que me quiere, a veces me pregunto si no es sólo para que yo le atienda.  Yo sigo trabajando en mi negocio, él ayuda para los gastos de la niña, pero  yo  no dejo que les falte nada, la comida, el arreglo de la casa y cuido de mi salud.”

A lo largo de todo su compartir podía detenerme con ella a mirar qué le animaba y le daba fuerzas para salir adelante, en todo momento iba redescubriendo que era la fuerza del amor de madre que estaba presente, a tal punto que no le permitió sumirse en la depresión o matarse como ella decía: “nunca pensé en matarme, como hacen otras personas, lo único que estaba en mi mente era la vida de mi hijita. Dios me salvó es como una madre que  ama de verdad. Fue todo un proceso el que hice y me ayudaron a hacer las personas que trabajan con pacientes de VIH. Ahora que le cuento todo lo que he pasado, me doy cuenta que en mí lo que me anima a vivir es el amor que tengo a mi hijita, a la vida, a mi familia. Lo vivo intensamente cada día, porque sé que no me queda mucho, pero le pido a Dios que me regale 10 años más para dejarla a mi hijita ya una señorita y yo prepararla para la vida”.

Cuando le pregunté y ahora cómo vives?, ella me dijo “una cosa aprendí durante estos 5 años, que es Dios quien me ama verdaderamente, por eso me ha sacado de ese infierno, y yo ahora me dedico una parte de mi tiempo a apoyar, y sostener moralmente a otras mujeres infectadas.  Yo les levanto la moral, les cuento mi historia y les digo que matarse no es la solución.  Si algo puedes hacer es aprender de lo que vives y compartirlo.  Somos mujeres que nos ha tocado vivir este sufrimiento, pero tenemos que ser dignas hasta el final y sobre todo autónomas, no depender de nadie y menos de los hombres”.

Al final cuando le pregunté ¿y después de compartir todo lo que me has dicho qué es más claro para ti? Me dijo: “nunca había visto todo lo positivo que había habido en mi vida, yo era consciente que hacía cosas por mi hijita, pero no me había visto como una Mujer con una fuerza interior, con un amor que me hace superar todo.  Ahora ya no veo mi vida  como una tragedia, sino como un regalo que Dios me ha dado y que a través de eso quiere que lo de a conocer”

Le pregunté finalmente ¿y entonces, con qué te vas a ir?  “Ahora tengo claro, que el convivir nuevamente con el papá de mi niña ya no me tiene que preocupar como antes de venir aquí, dudaba de él, pensaba por qué me estará buscando nuevamente, será que quiere que le atienda, le sirva, ya no sabía si todavía lo quería. Ahora veo claro que lo más importante es mi hijita y que entre los dos podemos educarla hasta donde yo pueda. Todo depende de dónde mire las cosas y depende del sentido que le de a lo que hago”.

Al terminar de escucharla, sólo me quedaba agradecer profundamente a Dios por haber sido testigo de lo que es posible vivir y me resonaba el texto de Isaías 49, 15-16 que dice.

¿Puede una mujer olvidar a su niño de pecho,
sin compadecerse del hijo de sus entrañas?
Aunque ellas se olvidaran, yo no te olvidaré.   
He aquí, en las palmas de mis manos, te he grabado.

Era Dios mismo con este corazón de madre que se acerca a la humanidad, y al mismo tiempo fue esta señora que supo multiplicar la experiencia de sentirse amada por Dios.

Escribir algo de todas las experiencias llevaría mucho, pero después de haber compartido estos dos días con mis compañeras de profesión y en el ejercicio de ella, mirando la realidad humana y la realidad del pueblo de Chincha, expreso en voz alta algunas constataciones:

  • Se percibe que la ayuda del gobierno aún no es efectiva, siguen los escombros en muchas calles, y la gente sigue viviendo en carpas o chozas hechas de esteras y plástico.  Espacios que son sumamente incómodos tanto en el calor como en el frío.
  • Esta convocatoria de cientos de voluntarios es producto de un trabajo de concertación entre las diferentes instituciones que agrupan a voluntarios, necesitamos seguir alentando estas experiencias!
  • Hay iniciativas que la  Sociedad Civil va promoviendo de una manera organizada y efectiva.  
  • La calidad de servicio se ofreció gracias a la calidad humana y profesional de los voluntarios, era admirable ver matrimonios de jóvenes  médicos que llevaron a sus bebés.
  • En la población hay una consciencia más clara de lo que significa el servicio psicológico (tal es así que había niños que venían solos a la consulta y también gente muy mayor, hasta de ochentas, que buscaban una ayuda).  Esto es una constatación de que las personas cada vez más y más son capaces de tomar la vida en sus manos.
  • Tener claro el objetivo del proyecto común nos permite trabajar coordinadamente.
  • Ha sido un espacio de encuentros y conocimiento de unos con otros de quienes vamos buscando lo mismo.
  • Cada quien aportó a su manera y desde lo que sabe y es.
  • El aporte de la Restauración de las Fuerzas vitales en situaciones traumáticas para poner de pie a las personas, tiene cada vez más sentido en medio de un mundo violento.


Comparto algunos interrogantes:

  • ¿Cómo hacer para que  el entusiasmo de la solidaridad experimentada en los inicios (después del terremoto) no decaiga y podamos ir hasta el final en la ayuda a los damnificados?
  • ¿Cómo participar en este trabajo concertado otras  instituciones como las iglesias?
  • ¿Qué hacer frente al maltrato de la mujer?, ¿cómo fomentar una formación integral para la convivencia familiar?


Termino repitiendo lo que dice Pagola: que el Reino se va haciendo donde ocurren cosas buenas para los pobres.

Que sigamos apostando por hacer nuestro mundo más humano.

Nancy Durand rscj
provincia de Perú


Dernière mise à jour : ( 24-01-08 )
 

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