
Becky en la casa de la comunidad rscj de Chekalini, Kenya
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Visitando la familia de un niño discapacitado.
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Estos niños toman parte en competencias deportivas.
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Becky en L’Arche, Kampala.
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Taller para maestros refugiados sudaneses en el norte de Uganda.
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El sueño se hace realidad : construcción de la residencia para niños discapacitados, cerca de la escuela primaria de Koromaiti, Chekalini.
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Nací en Moroto, ciudad de Karamoja, Uganda, donde mi padre trabajaba como maestro. Después, cambió de profesión haciéndose guardián de prisiones. Por motivos de trabajo, lo transferían de una región a otras. Hice mi educación primaria en distintas provincias con distintas lenguas, experiencia que permanece muy vital para mí. Por ejemplo: siendo Joven Profesa me gustó mucho volver a Adjumani en 1995 para dar allí un seminario a maestros refugiados, recordé muchas cosas y muchas palabras en la lengua Madi.
Cuando mi padre fue trasladado a la capital, Kampala, me envió interna a la escuela primaria de Kangole. Era ya lo suficientemente mayor para separarme de mis padres, y así podía continuar la Primaria en mi distrito natal. Empecé la Secundaria en Kangole en 1984, en una época de inseguridad en que todo parecía imposible. Allí conocí a las Hermanas, tan cariñosas, comprensivas y atentas. Esto me llevó a querer conocerlas más. Cuando terminé el 4º año de secundaria, entré en la Escuela Normal de Moroto. Estuve dos años, y en 1990 entré como postulante, luego en el noviciado e hice los Primeros Votos en 1995.
Siendo Joven Profesa, enseñé en la Escuela Primaria de Gaba, Kampala. Nuestra escuela tenía una unidad para personas con discapacidades. Un día, me enviaron a ayudar en aquella clase porque la profesora estaba ausente. ¡No sabía qué hacer! Los niños me miraban…yo tenía que intentar comunicarme con ellos…Al volver a la comunidad, compartí esta experiencia con Doreen Boland, que me habló de los niños discapacitados. Ella plantó en mí una semilla, que yo he seguido cultivando. Cuando, años más tarde, me pidieron que sacara el título de Educación Primaria, pedí estudiar para el diploma de Educación Especial. Antes de empezar los estudios, pasé algún tiempo en la comunidad de El Arca, en Kampala, para adquirir alguna experiencia, y me alegré mucho de haberlo hecho así.
Hace ahora nueve años, desde que empecé a caminar con personas discapacitadas. Empecé en El Arca en Kampala, donde fui presentada a los niños especiales intelectualmente.
Desde entonces, ha sido una llamada especial para mí ver al Señor en los discapacitados: aquéllos sin ojos, sin brazos, sin piernas, y ser para ellos todo lo que ellos tendrían que ser. Es un desafío, y al mismo tiempo una bendición tener de verdad la experiencia del poder de Dios al trabajar con ellos.
Me ocupo de los niños con diferentes minusvalías:
los intelectualmente especiales
los deficientes de oído
los de vista deficiente
los minusválidos físicamente
los de parálisis cerebral…
Tenemos muchos de estos niños enla zona de Chekalini en Kenia, donde me encuentro. Ayudo a los niños discapacitados a ir a los distintos colegios, a los Centros de Educación Superior, y Centros Politécnicos en todo el país. Una parte importante de mi misión es localizar los niños en la escuela o en casa, y ver con la ayuda de sus profesores, padres, o familiares, que los cuiden con amor y cariño. Algunas veces así lo hacen, pero otras son rechazados, y es donde yo veo a Jesús rechazado también por los suyos, incluso hasta la crucifixión.
En todo esto he descubierto cómo mi presencia es importante. Las palabras pueden decir a veces algo, pero la acción es necesaria.
Este año he concentrado mucho en cómo ayudar a las personas incapacitadas que todavía son adolescentes y no están preparados para sentarse en la clase, pero quieren ser creativos y ganarse la vida por sí mismos. No es fácil encontrar en una oficina a una persona que es especial, guiarles es una de las cosas que hago, ver claramente lo que cada uno de estos jóvenes puede hacer. En este momento dos están en la Politécnica de St. Charles Lwanga tejiendo punto y haciendo vestidos. Los que tienen deficiencia de oído se están preparando en diferente politécnicas, cinco chicas están en un curso de costura, dos chicos aprendiendo carpintería, y uno formándose como electricista. Dos con deficiencia visual están formándose en agricultura, y dos hermanos formándose para profesores. Una joven con minusvalía fisica está formándose para contable e incluso ha hecho estudios de ordenador. Tengo varios en las escuelas de primaria y otros con programas base en casa.
Con el sueño ahora consumado de construir una casa para los discapacitados, los niños pobres, seriamente minusválidos, pronto podrán también aprender. Si son capaces de sonreír, reír y emitir algún sonido, es un gran logro, es como pasar cualquier otro examen.
En todo esto siento que el amor de Cristo ha sido conmovido y tocado a través de escuchar su pena cuando ellos no están bien, o son maltratados, o cuando están tristes porque han perdido a sus familiares queridos, o alegres porque son queridos y cuidados con amor. Escucho a sus padres y familiares quienes están confusos por lo que han recibido en sus hijos discapacitados. En cuanto a mi, encuentro a los niños que son de corazón cálido y libres. Hay aquéllos quienes tienen serios problemas, como cualquiera de nosotros, pero la vida tiene que continuar.
Concluyendo, “Cuando el Espíritu Santo toma posesión de un corazón, su primera acción es desarmarlo. El espíritu interior permite al alma respirar, vivir y responder de verdad a Dios. Vivir, respirar, actuar: que es toda la persona; pero sólo puede ocurrir o suceder a través de Jesús”. (Conferencia de Magdalena Sofía 1844)
Al principio me daba miedo trabajar con niños discapacitados, cuando yo estaba en el colegio, especialmente aquéllos niños especiales… Ahora el Señor me ha dado un nuevo espíritu y el deseo de dar libremente mi vida a estos pequeños de manera que ellos puedan también tener una vida al máximo.
Rebecca Loukae, rscj
Provincia de Uganda – Kenia
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