No
es otra mi intención que la de compartir con vosotros algunos
pensamientos y muchos de mis sentimientos que, tras el encuentro que
tuvimos en Barcelona, necesito comunicar a toda la comunidad educativa
del Sagrado Corazón. Aquello que a mi parecer nos llenó de gozo, de paz
y de vida en común, no puede quedar sólo en aquel lugar y sólo para los
que allí nos congregamos.
Expusimos sobre la mesa
grandes realidades, compartimos experiencias de vida e inquietudes muy
profundas, tanto para laicos como para religiosas. El objetivo del
encuentro no fue otro que el de debatir y cuestionar si las comunidades
educativas de cada colegio son comunidades de fe. Y en el caso de que así no fuese, o de que se dude de ello ¿qué podemos hacer?
Durante
las horas de encuentro y en días posteriores mi cabeza da vueltas y más
vueltas a lo mismo y es obvio que no llego a ninguna conclusión, pero..
...si
está muy claro que para vivir necesitamos comer, beber y dormir,
también tengo muy claro que para educar en la fe, vivir en la fe y convivir en la fe
tenemos que alimentarnos; y alimentarnos de quien ha probado de esa
?agua del pozo? (como dijo uno de nuestros compañeros), y ese alguien
sois vosotras, las religiosas, las que ya desde la Santa Madre habéis
creído en este proyecto, habéis luchado, vivido y perdido la vida por
esa agua. ¿Por qué no nos la enseñáis? ¿Por qué no nos la mostráis?
Porque sin duda sois vosotras las que por vuestro talante, experiencia
y opción de vida, mejor lo podéis hacer.
¿Y qué hacemos
los laicos?, pues, ¡querernos mucho! ¿y es que no lo hacemos?, sí, sin
duda, pero en silencio y desde el anonimato.
Y así nos planteamos, por qué no explicar con más frecuencia y naturalidad lo que nos pasa dentro y fuera del aula.
Por
qué no decirnos lo mucho que admiramos a un compañero por su capacidad
de trabajo sin límites, su constante esfuerzo o su entrega
desinteresada.
Por qué no mostrar el cariño que nos
profesamos entre los que convivimos tantas horas codo con codo,... y no
esperar a que ese alguien no esté entre nosotros para clamar al cielo
lo mucho que le apreciábamos.
Por qué no confesar nuestras limitaciones y debilidades, nuestros conflictos dentro del aula y esos momentos de decaimiento.
Por qué no reconocer las dificultades de nuestra profesión que, como tal, no es un trabajo, sino una opción de vida.
Y
por qué no también hablar de la capacidad que tienen los niños/as y
jóvenes de nuestras aulas para darnos y llenarnos de vida; y que por
sólo uno de ellos vale la pena seguir luchando y es entonces cuando
nuestro trabajo cobra su más amplio y pleno sentido.
¿Qué es lo que tiene el espíritu del Sagrado Corazón que tanto nos encandila, atrapa y engancha?
Pili Lobo Olóndriz
Colegio de Diputación
Barcelona, España |