Hay amores que matan Imprimir E-mail
06.11.07
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Toña Monzón rscj

Aplicamos el término “terrorismo” a esos hechos violentos que de buena mañana nos despiertan de repente, nos sacuden los oídos y nos trasladan a un infierno de hierros retorcidos, sirenas, sangre, muertos, heridos… Por un momento pensamos: “¡Qué barbaridad!” y la prisa matinal no nos permite detenernos más en ese drama humano de diversas causas, pero enraizado siempre en el odio, la violencia latente, los intereses ajenos, la pobreza, la injusticia…

Pero hay otras formas de terrorismo. En España lo sabemos bien. A 27 de Agosto han muerto ya, en lo que va de año, 52 mujeres a manos de sus parejas o exparejas. Son mujeres normales: una pareja, una familia, y una relación difícil que se convirtió en un infierno. Son victimas, ellas y ellos, de unos valores sociales muy arraigados: el hombre es el dueño de su mujer y puede decidir sobre su cuerpo, su dinero, su libertad, su vida. Y esta realidad aceptada en muchos estratos sociales ha desencadenado una situación que ni Gobierno ni jueces no saben ya cómo atajar.

Las películas, auténticas ventanas de nuestra realidad, se han acercado en muchas ocasiones a esta tragedia. Hace pocos años “Te doy mis ojos” (Iciar Bollaín, 2003) nos descubría la cara más cruel y amarga de la violencia doméstica. Pero a mi se me hace especialmente tierna “Solas” (Benito Zambrano, 1999), ese retrato de dos mujeres, madre e hija, y una complicidad callada sobre la existencia femenina en una España que ni las valora ni las respeta. La madre, la extraordinaria actriz María Galiana, ha convivido toda una vida con un esposo que la insulta y la humilla, pero no por ello ha eliminado su capacidad de ternura y de rescatar la vida allí donde la hay. Cuando su hija queda embrazada, es capaz de contagiarle esa pasión por vivir que ella conserva en un rincón de su alma. Sin rencor, sin despecho a lo que le ha tocado vivir, no quiere que su historia se repita. Su vida destila amor como contrapeso necesario a tanta violencia sufrida en silencio. Y es ese amor callado el que propicia una nueva oportunidad, una esperanza…

El terrorismo doméstico, la violencia de género, o como se le quiera llamar, no es un problema de sólo unas pocas, es una lacra para toda nuestra sociedad. Hace falta mucha educación para la igualdad y el respeto, mucha valentía para desterrar viejos estereotipos, mucha convicción para seguir creyendo en el sistema y mucho amor para acoger, comprender, defender las víctimas, tal vez vecinas, amigas, conocidas nuestras o simplemente mujeres con las que nos cruzamos por la calle y que claman poder vivir sin miedo y en paz.

 

Teresa Gomà i Ribas, rscj
Provincia de España Norte

Última modificación ( 01.11.07 )
 

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