Mollie Ahern rscj, provincia de Australia – Nueva Zelanda Imprimir E-mail
03.10.07
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Mollie charla con un futuro maestro durante su práctica.
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En la biblioteca de la Escuela Normal de Moroto.
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Mollie Ahern rscj

Mi familia, por ambos lados era de extracción irlandesa. Fueron pioneros en el desarrollo de la industria pastoral en Queensland, Australia. Sin embargo, mi padre se trasladó a la capital, dónde se casó con mi madre, a principios de los años 30. Yo fui la mayor de las dos hijas que tuvieron. Desgraciadamente, poco después de cumplir 5 años de casados, mi madre murió. Mi padre volvió a casarse algunos años después. Nuestra madrastra había sido una de las primeras alumnas inscritas en el Colegio del Sagrado Corazón de Stuartholme, por eso se nos inscribió allí, aunque entonces, esa propiedad era hospital de las fuerzas americanas del Pacífico.

Me encantaron esos 9 años al cuidado de maravillosas monjas. Después fui a la Universidad. Cuando estaba terminando mis estudios, escribí a la vicaria de la provincia de Australia- Nueva Zelanda, pidiéndole me admitiera en la Sociedad. Quería vivir mi vida entregada a Dios de manera seria, con compañeras que buscaran lo mismo. Pero el recuerdo de mis impertinencias durante los años en el colegio resultó en una respuesta negativa, y se me informó que mi vocación era el matrimonio.

Durante el año siguiente, viajé con mi familia al continente. Esto no ayudó a mi causa, porque parecía no importarme mucho las cosas, según supe más tarde. Sin embargo, no podía aceptar el "no", y volví a escribir mi petición, esta vez a una de mis antiguas profesoras. La Superiora leyó la carta, y basada en su larga experiencia como Maestra de novicias, declaró, que yo tenía una de las vocaciones más claras que había conocido.Recibí un nuevo mensaje, informándome que tenía vocación, y entré en Rose Bay en febrero de 1957.

No he mirado “hacia atrás", como se dice. A mitad de la década del los 70, después de algunos años de enseñar Literatura e Historia Moderna a estudiantes de Secundaria de Australia, pedí que se me permitiera servir del otro lado del océano, dónde se necesitara ayuda en educación. Fui enviada a lo que era entonces la viceprovincia de Uganda/Kenya. Allí pasé 25 años, enormemente agradecida por poder vivir nuestra internacionalidad, dar todo lo que podía a la gente, y recibir de ella.

Debía reemplazar a una RSCJ inglesa y enseñar en la Ecuela Normal de Nkozi, no lejos de la capital. Sin embargo, Idi Amin, presidente de Uganda, acababa de declarar la autosuficiencia del país en relación a profesores de Humanidades. Por lo tanto, el Consejo Provincial me mandó por un tiempo a Karamoja, al norte del país, hasta que se olvidaran de esa ley y pudiera pedir permiso de trabajo. En Karamoja encontré en la comunidad a “P.C.” (Pauline Campbell rscj), una de las fundadoras de la Viceprovincia, a una rscj argentina, y a otra inglesa, y empecé a enseñar en la escuela secundaria de una nueva congregación masculina, fundada por el obispo italiano de la diócesis. Cuando Helen McLaughlin, la viceprovincial, vino a vernos dos semanas mas tarde, pregunté si podía quedarme dónde estaba, lo que me fue concedido.

Así empezaron años de enseñanza en la Escuela Normal para maestros de primaria. Era un colegio pobre pero muy bien llevado. Encontré mi lugar enseñando inglés y educación cristiana. Desafortunadamente no tengo don de lenguas.

Excepto por centros administrativos como nuestra pequeña ciudad (Moroto), Karamoja está generalmente poblada por guerreros seminómadas, polígamos, cuidadores de rebaños. En aquella época  nuestra comunidad no tenía muchos vínculos con ellos. Pero a fin de año vino a la comunidad una rscj española, con gran experiencia en trabajo pastoral rural, y además dotada para idiomas.  Durante los años siguientes vi el desarrollo del trabajo pastoral y también en el campo de salud, al incorporarse otras religiosas a la comunidad.

Idi Amin fue derrocado en 1979; experimentamos la violenta huída de sus soldados de nuestras barracas y la llegada de los soldados de Tanzania. En los dos años siguientes vinieron el hambre y las agencias humanitarias extranjeras, de calidad variable y con grandes sumas de dinero para gastar. Fue algo vertiginoso.

En 1982, la diócesis se reunió en Sínodo y se reorganizó. Me convertí en “Secretaria de Educación” y miembro de los Servicios Sociales Diocesanos y del Comité de Desarrollo. Fueron responsabilidades absorbentes que ampliaron mi mente y mi corazón. Poco tiempo después tuve el privilegio de asistir al Capítulo General de la Sociedad, que trabajó las nuevas Constituciones.

Tomé un tiempo de descanso en mi país en 1986, y al regresar en 1987 me pidieron ser la nueva Provincial. Aceptar esto exigía dejar mi querida Karamoja y trasladarme a la capital de Uganda, Kampala, y más adelante,  al oeste de Kenia.

Este periodo fue un tiempo privilegiado, ya que debimos tomar decisiones sobre la educación de las jóvenes RSCJ de Uganda y Kenia. Con la confianza del Consejo General, y la generosidad de varias provincias (Irlanda/Escocia, Estados Unidos, e Inglaterra/Gales en particular, pero también de otras muchas), nuestro Consejo Provincial empezó a preparar a nuestras religiosas jóvenes, para este mundo moderno que cambia rápidamente, mundo en el que iban a trabajar. Mirando hacia atrás, veo que fue el momento oportuno.

En 1988 asistí al Capítulo General de Roma, y en 1994 concluyó mi servicio como Provincial. Al terminar, fui elegida, de manera inesperada, como delegada al Capítulo General en Canadá. Volví a la provincia Kenia - Uganda, para transmitirlo. Después fui a Australia para un tiempo extendido de descanso y renovación. Al volver a Karamoja, me pidieron un último servicio como Canciller del Obispo recién nombrado, rol que mantuve por res años. Finalmente, pedí volver a Australia, por razones familiares.

Sencillamente, amé mucho este tiempo privilegiado en la provincia de Uganda/Kenia, experimentando un fuerte gozo por la misión de la Sociedad, fuera entre los karamajong u en otros lugares del este de África. Esta vida compartida con RSCJ de 13 o más nacionalidades diferentes fue un profund desafío. Tenía una gran confianza en el liderazgo de la Sociedad en todo, y la renovación de la teología realizada durante y después del Vaticano II nutría mi espíritu. El trabajar muy de cerca con la Iglesia local fue otro privilegio. Por lo tanto, miro hacia atrás y agradezco a Dios el haber podido convencer a quién correspondía, para que me “probasen” en la Sociedad, hace tantos años.

Actualmente hago lo que puede hacer una persona jubilada: por ejemplo, ayudar en un centro de apoyo familiar de la Sociedad de San Vicente de Paúl, y enseñar ingles a refugiados. Me gustan mucho estas dos oportunidades, y también aquellas que me permiten caminar con laicos y explorar las riquezas de la espiritualidad contemporánea.

                                                  Mollie Ahern rscj
provincia de Australia- Nueva Zelanda


Última modificación ( 03.10.07 )
 

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