Contactar con Dios: desde el cansancio PDF Print E-mail
02 Oct 07
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Miyako Namikawa rscj

Contactar con Dios: desde el cansancio
Introducción
1. Desde el cansancio

Desde la prisa
Desde el tanatorio
Desde la monotonía
Desde la gracia y la des-gracia

Introducción 

"Hui-Tzu dijo a Chuang-Tzu: "Tus enseñanzas no tienen ningún valor práctico." Chuang-Tzu respondió: "Sólo los que conocen el valor de lo inútil pueden hablar de lo que es útil."

"Al despertar del sueño dijo Jacob: Realmente está el Señor en este lugar y yo no lo sabía." (Gen 28)

Cuenta una vieja historia de la Biblia que una noche el patriarca Jacob se echó a dormir en medio del campo. Como de costumbre iba huyendo, en este caso de su hermano Esaú que lo perseguía a causa del contencioso "lentejas por primogenitura" que los interesados pueden leer en Gen 25,29-34. El caso es que Jacob se pasaba la vida escapando y casi sólo cuando era de noche y se echaba a dormir, podía Dios alcanzarlo. Aquella noche soñó con una escalera que, plantada en la tierra, llegaba hasta el cielo y por la que subían y bajaban ángeles. Jacob se despertó lleno de estupor y llamó a aquel lugar "morada de Dios" (Gen 28,10-22). No sabemos si en algún momento de su vida posterior llegaría a preguntarse desde las mismas claves de Hui-Tzu, qué ventajas constatables le había traído el contacto con Dios.

Al releer hoy esa historia podemos quedarnos tan estupefactos como Jacob ante la noticia que la narración nos comunica: el mundo de Dios y el nuestro están en contacto, la escalera de la comunicación con El está siempre a nuestro alcance, existen caminos de acceso a Dios y posibilidad de encontrarlo y de acoger sus visitas.

Otra narración pintoresca del Antiguo Testamento nos cuenta que un tal Jonás, de profesión profeta, había puesto también los pies en polvorosa para escapar de Dios que quería enviarlo a anunciar salvación a Ninive. Pero Jonás, como buen israelita, abominaba a los ninivitas que eran gentuza pagana y no estaba por la labor de colaborar con Dios en el disparate de convertirlos. Así que, en vez de tomar el camino de Nínive, se embarcó en dirección contraria, rumbo a Tarsis. Pero Jonás no contaba con la terquedad de Dios ni con la gimkana de obstáculos que iba a encontrar en su huída: hay una tempestad, los marineros le tiran al mar y se lo traga un inmenso pez. Y mira por donde, a Jonás el fugitivo no se le ocurre mejor cosa que hacer en el vientre del pez que ponerse a rezar.

Y cada uno de nosotros podría concluir acertadamente: "pues si alguien oró en una situación semejante, quiere decir que cualquiera de los momentos que yo vivo, por extraños que resulten, nunca serán tan insólitos como el interior de una ballena, así que, por lo visto, todos y cada uno de los lugares y situaciones en que me encuentre: un atasco de circulación, la antesala del dentista, el vagón de metro, la cola de la pescadería o la cumbre de una montaña, son lugares aptos y a  propósito para contactar con Dios."

Nada que objetar a templos, capillas, santuarios, ermitas o monasterios: sólo recordar que Dios no necesita ninguno de esos ámbitos (quizá sí nosotros, por aquello del sosiego y de que nos dejen en paz), pero siempre que no nos hagan olvidar que no existe ningún lugar ni situación "fuera de cobertura" para la comunicación con Dios.

Ese es el gran testimonio que nos dan los creyentes de la Biblia: al hojear sus páginas los encontramos orando junto a un pozo (Gen 24) o en la orilla del mar (Ex 15,1ss); en medio del tumulto de la gente o en pleno desierto (Mt 4,1-11); al lado de una tumba (Jn 11, 41) o con un niño en brazos (Gen 21,15); junto al lecho nupcial (Tob 8,5) o rodeados de leones (Dan 6,23).

Y tampoco parece que lo hacían desde las actitudes anímicas más idóneas: se dirigen a Dios cuando se sienten agradecidos y también cuando están furiosos, claman a El en las fronteras de la increencia, la rebeldía o el escepticismo, lo bendicen o lo increpan desde la cima de la confianza o desde el abismo de la desesperación.

Y uno deduce: la cosa no puede ser tan difícil, muchos otros antes que yo intentaron eso de rezar y lo consiguieron; parece que el secreto está en ensanchar las zonas de contacto... ¿Y si probara yo también?

Uno de las causas de que algunos han desistido de hacerlo después de haberlo intentado, es que se empeñaron en contactar con Dios desde otra situación distinta de la que era realmente la suya en aquel momento (cuando tenga tiempo, cuando esté menos cansado, cuando encuentre un lugar apropiado...), y todo eso eran arenas movedizas por irreales en comparación con la roca firme de la realidad concreta y actual en la que estaban.  Porque es esa situación la que hay que concienciar, nombrar, acoger, tocar, y extender ante Dios, como el tapiz precioso que un mercader expone para que un comprador lo admire. Y darnos tiempo para hacer la experiencia (otros muchos la hicieron antes que nosotros), de que Dios es un "cliente incondicional" de todas nuestros tapices y sabe mejor que nadie apreciarlos, valorarlos, acariciar su textura, admirar el revés de su trama, y hasta remendar sus rotos y embellecer su dibujo.

Las páginas que siguen pretenden acompañarte en esta aventura si decides emprenderla, aunque sea de manera vacilante. Vas a encontrar "narraciones de contactos" partiendo de situaciones humanas elementales: el cansancio, la prisa, la muerte, la monotonía, la gracia, la des-gracia... Son relatos esquemáticos en los que todo ocurre con mucha rapidez, pero piensa que como el encuentro con Dios es una relación, hay que invertir en ella tiempo y paciente espera. Lo que vas a leer son sólo pistas, luego tú seguirás tu propio camino y tus propios ritmos para encontrar a Dios y dejarte encontrar por El a través de todo lo que constituye la trama de tu vida: relaciones, deseos, miedo, alegrías, soledad, inquietud, asombro...

Puedes empezar ahora mismo, estás en buen lugar allí donde estés y en buen momento tal como te encuentras ahora.

Quizá en este instante estés empezando el aprendizaje vital más apasionante de tu existencia.1

 

1. Desde el cansancio

 

De pie en el metro abarrotado, con doce interminables estaciones por delante. Arrastrando el carro de la compra escalera arriba (cuarto piso sin ascensor). Detrás del  mostrador, o delante del ordenador, o junto a la pizarra de la clase, hartos de clientas pesadísimas, ciudadanos impertinentísimos o niños inquietísimos (y yo con la cabeza a punto de explotar...) De noche, sentada en una silla metálica junto a la cama del abuelo, internado por tercera vez en dos meses con la cosa de los bronquios.

Ahora y aquí. Detecto mi cansancio, trato de no rechazarlo. Está aquí, conmigo, pesando sobre mí, hinchando mis piernas, atacándome por la espalda, rodeando mis riñones. Lo saludo, intento llamarlo por su nombre: "Tanto gusto, Doña Bola de Plomo", "¿Cómo le va, Don Saco de Arena?", "Parece que vienen Vds. mucho por aquí...(Si consigo sonreir un poco, todo puede ir mejor...) Trato de respirar despacio, de tomar una pequeña distancia, de despegarme de mi propia fatiga, de abrir un espacio a otra Presencia.

Leo o recuerdo: "Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era mediodía" (Jn 4,6) Le miro tan derrotado como yo, y encima el calor y la sed. Me siento yo también en el brocal del pozo o en el bordillo de la acera junto a él. No tengo ganas de decir nada y a lo mejor a él le pasa lo mismo. Estamos en silencio, comunicándonos sin palabras por qué estamos tan agotados. Quizá le oigo decir con timidez: "Cuando estés muy cansada o con agobio, vente aquí y lo pasamos juntos. Es lo que hago yo con mi Padre y no sé bien cómo, pero estar con él me descansa".

Me habla de gente que conoce desde hace tiempo, gente importante y famosa, de la que sale en la Biblia, amigos suyos al parecer, que todo el mundo piensa que eran muy fuertes y muy resistentes, pero que de vez en cuando no podían más y se querían morir, de puro cansados: un tal Moisés que se quejaba mucho a Dios porque llevaba detrás un pueblo muy pesado y a ratos le presentaba la dimisión y le decía: "Si lo sé, no vengo" (al desierto, claro) y cosas parecidas (Num 11,11-15). Pero a pesar de todo, no le fallaba nunca a la cita, y eso que era en lo alto del Sinaí y no estaba ya para muchos trotes...

O también el profeta Elías, que había montado un show de mucho cuidado en el monte Carmelo, se había cargado a todos los profetas de la oposición  (esas cosas por entonces no se veían tan mal como ahora...), había conseguido lluvia después de tres años de sequía y había hecho una salida triunfal corriendo delante del carro del rey...(1Re 18); pues en la escena siguiente, sale huyendo hacia el desierto porque la reina Jezabel, que era malísima, lo amenaza, se adentra por allá solo, empieza a caminar sin rumbo y cuando está ya medio deshidratado y al borde de la insolación, se tumba debajo de un arbusto y se pone a dar voces  diciendo que se quiere morir y que ya no aguanta más. Y a Dios le dio muchísima ternura verle así de derrotado y le mandó por mensajero agua fresca y pan recién hecho, y sobre todo unas palabras de ánimo que lo dejaron como nuevo y le ayudaron a reemprender el camino hacia el Sinaí que era donde le había citado Dios (que se le nota como una fijación con ese sitio...) (1 Re 19).

Le hablo yo también de conocidos míos que andan peor que yo: un compañero de oficina que tiene a su suegra en casa con Alzheimer y no les deja pegar ojo por las noches. Una amiga de toda la vida con un hijo drogata que ha dejado cinco veces los programas de rehabilitación y la familia está al borde de la locura. Gente que he visto en una exposición de fotografías de Sebastiao trabajando en una mina de oro de Brasil en unas condiciones estremecedoras.

Nos quedamos callados otra vez. El me sugiere que pongamos todo ese cansancio entre las manos del Padre, que reclinemos la cabeza en su regazo, como en esa escultura en que Adán descansa la cabeza sobre el regazo de su Creador y él tiene puesta la mano sobre su cabeza. Lo hago y me quedo dormida un ratito.

Me despierto y sigo cansada pero es distinto. Vuelvo a respirar hondo. Gracias. Hasta mañana.

Dolores Aleixandre rscj
Provincia de España Sur

  1. Un consejo: cómprate un Evangelio pequeño y un librito de Salmos que no pesen ni abulten para poder llevar al menos uno de los dos siempre contigo.


 


Comments
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Elisa  - Gracias   |201.240.58.xxx |2008-06-13 17:41:42
Solo quiero agradecer por este art铆culo, siento que me ayuda porque ultimamente no estoy muy bien que digamos en la oraci贸n. Merci beaucoup.
Pepitina Garc铆a Romero   |85.57.166.xxx |2007-10-26 07:43:49
3113-1




Gracias, Dolores

Marta G贸mez Espa帽a | 2007-10-22 15:06:16
Querid铆sima Dolores:

Debo confesarte que tengo una adicci贸n a leer todo lo que lleva tu nombre al final y, lo mejor es que mis dos grupos de oraci贸n est谩n contagiados de esa adicci贸n que nos hace llegar al Coraz贸n de Jes煤s. Varias veces he intentado mandarte comentarios pero, desafortunamente se me regresan siempre, no s茅 por qu茅 causa. Espero que esta vez si recibas todo mi cari帽o fraterno y las ganaas de caminar juntas al encuentro del Se帽or
Marta G贸mez Espa帽a


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Pepitina Garc铆a Romero  - Aviso urgente:la necesitamos   |85.57.166.xxx |2007-10-26 07:43:19
Querida M. Alexandre: No puedo evitar este trato como Antigua del Sagrado que soy. Vivo en Asturias-Gij贸n- aunque nos conocimos en Oviedo, en una convivencia que ameniz贸 con una bonita y buena reflexi贸n en el Convento de las Pelaya. Me ha encargado el Consejo de Antiguas, que al ser mi cometido la Formaci贸n, me ponga en comunicaci贸n con usted, para ver si podr铆amos contar con su visita el d铆a 29 de noviembre, en el que nos gustar铆a tener una convivencia de Adviento en las Pelayas, Oviedo. Sabemos de sus m煤ltiples compromisos pero, el ya lo tenemos y este es el fin de la carta, que espero le llegue pues mi ordenador me devuelve el correo a veces.
En caso de serle imposible, hemos pensado en la Hna. M. Dolores de las Pelayas, que nos di贸 una charla-participativa en otra ocasi贸n, pero quer铆amos que nos sugiriese el tema concret谩ndolo un poco, para hablarlo con ella. Tambi茅n podr铆a ser alg煤n texto de STa. Magdalena Sof铆a..
Mi correo es petraregalada2000@yahoo.es y mi tel茅fono: 985 362000.
Nos encantar铆a que pudiese acompa帽arnos.
Pepitina
Marta G贸mez Espa帽a  - Gracias, Dolores   |189.161.131.xxx |2007-10-22 17:06:16
Querid铆sima Dolores:

Debo confesarte que tengo una adicci贸n a leer todo lo que lleva tu nombre al final y, lo mejor es que mis dos grupos de oraci贸n est谩n contagiados de esa adicci贸n que nos hace llegar al Coraz贸n de Jes煤s. Varias veces he intentado mandarte comentarios pero, desafortunamente se me regresan siempre, no s茅 por qu茅 causa. Espero que esta vez si recibas todo mi cari帽o fraterno y las ganaas de caminar juntas al encuentro del Se帽or
Marta G贸mez Espa帽a
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Last Updated ( 18 Dec 07 )