La espiritualidad de Sof韆 Barat: por los caminos del coraz髇 PDF Imprimir E-mail
03.09.07
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Capilla de la Casa Madre, Roma

Extractos de
Viaje al interior del corazón
Para una personalización de la fe en la pastoral de jóvenes

Tesina de Licenciatura en Teología Pastoral
Teresa Romo Tejedor rscj


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Carisma fundacional
Cada congregación dentro de la Iglesia representa una manera concreta de seguir a Jesús. El texto de las Constituciones de 1815 expresa en su pureza el carisma de la Sociedad del Sagrado Corazón. Nos separan de él más de 140 años y lógicamente es deudor del estilo y la sensibilidad que modelaron la piedad cristiana hasta fecha reciente; pero encierra la intuición espiritual propia de Sofía y expresa el carisma inspirador de una familia religiosa, la Sociedad del Sagrado Corazón.

Un carisma es un don del Espíritu concedido al cristiano para la construcción del cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Todo carisma da acceso al Cristo del Evangelio y por medio del compromiso que suscita, pone en contacto vital con su persona. Un carisma traza de nuevo en el seno de la Iglesia el rostro de Cristo en su inagotable profundidad; no agota jamás el Evangelio, sino que lo abre, lo hace vivir y él mismo lo vive; recuerda siempre de nuevo el Evangelio en su eterna novedad.

Las Constituciones de 1815 trascienden, pues, su época, aunque le rindan tributo y llevan en sí la gracia de la que vive cada miembro de la Sociedad del Sagrado Corazón, tanto hoy como a comienzos del S.XIX. La lectura fecunda de las Constituciones es aquella que, lejos de aferrarse a un texto deudor de un pasado caduco libera de él una realidad espiritual siempre válida. Un texto, en definitiva no es luz sino por el propio contexto, aunque se necesiten a veces nuevas palabras para acceder a él. Eso mismo pasa con los Evangelios: sus autores no tenían seguramente en su intención en el momento de redactarlos todo lo que la teoría de los géneros literarios o el método estructural permiten percibir de las armonías del texto bíblico. Y sin embargo, en la medida que esto permite acoger de nuevo la Palabra de Dios, no sólo están justificados, sino que son necesarios. Las palabras nuevas sirven para volver a entender las antiguas, o más bien, para permitirnos escuchar a través de ellas al Espíritu siempre operante en la Iglesia.

Después del Concilio Vaticano II la Sociedad del Sagrado Corazón procedió a la reformulación de su carisma que en 1982 dio lugar a unas nuevas Constituciones como  respuesta a las necesidades de la Iglesia y del mundo de hoy. Toman posición con relación al pasado y expresan de nuevo el carisma fundacional de la Sociedad, actualizándolo en el contexto de la Iglesia de hoy.

La intención de Sofía era formar un instituto basado en la devoción al Corazón de Jesús para que esa fuera la fuente única de dónde brotara constantemente la Sociedad, el principio unificador de su espiritualidad, el fundamento y el término de su apostolado. Seguramente en su intención Sofía inculcó a sus hermanas ese espíritu que brota de la contemplación del Corazón de Cristo y, sin pretenderlo, se convirtió en “la piedra fundamental” de la Sociedad. A través de ella, una gracia concedida a la Iglesia se transformó en carisma fundacional de una familia religiosa y la devoción al Sagrado Corazón se convirtió en su espiritualidad.1 Encontramos esta doctrina espiritual en sus conferencias y en sus numerosas cartas (¡escribió más de 14.000!). En una exhortación dirigida a las novicias de la casa de Poitiers (Francia) escribe:


“El día del Sagrado Corazón, por la mañana, reuní a nuestras hermanas y les hice una conferencia sobre las disposiciones y el espíritu con los cuales debemos celebrar esta fiesta, la más grande de nuestra Sociedad. Les dije que habíamos sido escogidas por Dios, en estos tiempos desdichados, para renovar la devoción al Divino Corazón de Jesús; que esta devoción debería ser todo el recurso de las almas verdaderamente piadosas en un momento en que la fe se debilita en casi todos los corazones. Les expliqué el espíritu de ésta devoción, añadiéndoles... que no se trataba de un corazón de carne sino que, como el corazón es el centro dónde se reúnen todos los afectos del alma, en ese sentido el Divino Corazón de Jesús es tan digno de nuestras adoraciones y de nuestro amor...Todo nuestro mérito y nuestra seguridad están, pues, en unirnos a ese divino Corazón, puesto que por él podemos verdaderamente glorificar a Dios, amarlo como se merece y sacar de allí, como de su fuente, todas las virtudes, sobre todo la humildad, ya que Nuestro Señor nos dijo: ‘Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón’...sólo uniéndonos a ese Divino Corazón sacaremos esos sentimientos”.2

 

Amor misericordioso
“Dios es amor” (1 Jn. 4,8. 16). Aquí encontramos la revelación esencial de Dios, su naturaleza y la razón última de su comportamiento con nosotros. Dios es constitutivamente su amor. La encarnación es la revelación máxima y la prueba de ese amor: “Tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo único” (Jn. 3,16). “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo” (1 Jn.4,9-10).

El amor de Dios al hombre es misericordia3 y la misericordia en sentido bíblico es el amor gratuito, personal y entrañable. La misericordia es el nombre bíblico del amor. Como ha afirmado Juan Pablo II:

“Hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es, en la conciencia de Cristo mismo, la prueba fundamental de su misión de Mesías” (D.M 3).

Jesús, en el símbolo de su Corazón, revela, manifiesta y es, en latido humano, el amor misericordioso de Dios a los hombres, la máxima expresión sacramental de su ternura. Ahora bien, a Jesús sólo se le conoce verdaderamente cuando se ha entrado en contacto con su corazón y se ha llegado a una experiencia interna de esta realidad. Por eso Sofía pone tanto el acento en una vida interior como fuente de vida de toda religiosa del Sagrado Corazón y como algo muy importante en la educación de las personas con las que tratan, ya que todo parte de esta relación profunda con Jesús. Por eso dirá que hay que entrar una y otra vez en su corazón para unirse y conformarse con él, para aprender de él.

Ahora bien, el amor con que Dios nos ama es causa y principio de ese mismo amor nuestro. Nosotros podemos amar porque somos amados: amamos, dice S. Juan, porque Él fue el primero en amarnos. Desde esta experiencia de “entrar en el costado abierto de Cristo y rehacerse en la llaga de su costado” podemos responder amando a los hombres con esa misma calidad e intensidad de amor. Y de éste modo podemos cumplir el mandamiento del Señor: “Os doy un mandamiento nuevo, que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn. 15,12-17).

En este amor consiste la más alta perfección cristiana. Baste leer dos textos  para darse cuenta que expresan el mismo contenido con distintas palabras: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt.5,48) y “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc.6,36). Y es que justamente en la misericordia está la verdadera perfección.

Las religiosas del Sagrado Corazón están llamadas a ser “mujeres de compasión”. No podemos olvidar en la pastoral de jóvenes la importancia de ésta realidad en un mundo frío, eficaz, sin mucha calidad en las relaciones. Somos los cristianos quienes tenemos que ser reflejo del Dios que predicamos: cercano, familiar, que no juzga, que viene a salvar, amigo de publicanos y pecadores... La espiritualidad del Sagrado Corazón lleva en su espíritu la llamada a la misericordia, a estar presente dónde el otro la necesita.

Dimensión apostólica
El corazón es siempre dinámico, impulso vital, fuente de energía. Una espiritualidad centrada en el Corazón de Jesús es una espiritualidad esencialmente apostólica. Sofía, cuya primera vocación fue el Carmelo, tiene en la oración la intuición de una congregación religiosa que daría una forma nueva al culto del Sagrado Corazón, asociando culto del Santísimo Sacramento y la educación de las jóvenes como medio para extender el amor del Corazón de Jesús: interioridad y actividad apostólica. Entiende desde el principio que el apostolado es una expresión del amor de Dios manifestado en el Corazón de Jesús, y el verdadero apóstol es como un signo visible y eficaz del mismo amor misericordioso y salvador con que Dios ama a los hombres, especialmente a los más pobres y necesitados. El Espíritu llevó a Sofía a renunciar a la vida contemplativa del Carmelo e hizo que sintiera, como Jesús, compasión de la gente.4 En las Constituciones de 1982 se define la Sociedad con una tradición “marcada por el amor a la juventud y el impulso misionero” y podríamos hablar de una espiritualidad que se realiza plenamente en la búsqueda del crecimiento integral de la persona y en la lucha por la justicia, en una acción que encuentra su dinamismo en la espiritualidad.


Trabajo por la justicia
El Concilio Vaticano II pidió a las congregaciones religiosas que reencontraran profundamente las intuiciones espirituales de sus fundadores y que vieran el modo de abrirse al mundo y hacerlas vivas en la nueva realidad. La Sociedad del SC hizo un camino de renovación que quedó plasmado en las Constituciones de 1982. Desde la presentación de las nuevas Constituciones ya se señala el corrimiento que ha tenido lugar y hacia dónde va siendo conducida la Sociedad:

“Descubrimos el Corazón de Cristo de una manera nueva en los sufrimientos y esperanzas de la humanidad. Su Corazón traspasado nos abre a la profundidad de Dios y a la angustia de la humanidad y nos hace entrar en su único movimiento: adoración al Padre y amor a todos, especialmente a los pobres” (Const. 8).

Algunos textos de la Sociedad que siguieron al Vaticano II nos ayudarán a ir situando una devoción que busca cómo encarnarse en la realidad concreta y cotidiana y en los márgenes de un mundo sufriente. El Corazón traspasado del mundo, - expresión del capítulo de 1970 -, va a ser en adelante el lugar de la “unión y conformidad” de la RSCJ con el Corazón de Jesús:

“Para contemplar este corazón no debemos desviar la mirada de la tierra. Jesús está aquí, donde su muerte le ha encubierto y donde surge su vida de resucitado, invadiendo poco a poco la historia. Está ahí, en esa esperanza inconsciente que trabaja a toda criatura, presente en el esfuerzo de los hombres para construir un mundo justo y fraterno. En esta humanidad de la que ha compartido el temor, la soledad, el amor, ahí es donde se manifiesta su Gloria. En lo más hondo de nuestra vocación resuena hoy esta llamada a contemplar el Corazón de Cristo a través del corazón traspasado de la humanidad y esta unión y conformidad nos compromete a una inserción en el mundo más parecida a la suya en cercanía y disponibilidad”.5

Solemos decir que “no hay que vivir de recuerdos” y sin embargo es más verdadero afirmar que “sin recuerdos no se puede vivir”. Ellos son – utilizando una imagen de J.A.García - para el hombre como las raíces para el árbol y en torno a su narración colectiva se reúnen las familias y los pueblos cuando tratan de orientarse hacia el futuro o, al menos, de no repetir el pasado. Como cristianos, vivimos de un recuerdo; y en un mundo que ofrece mil y una identificaciones distintas, su narración en el interior de nuestras existencias individuales y comunitarias adquiere más importancia que nunca.

Para los religiosos, Jesús es el recuerdo radical. Y puestos a meditar sobre el Crucificado nos hacemos la pregunta: ¿qué nos desvela el Crucificado?, ¿qué nos dice sobre el por qué de su muerte y sobre aquellos que le matan; sobre el que muere y sobre Dios que calla; sobre el futuro de aquella causa por la que vivió y murió?. Y mirado desde nuestra historia concreta, ¿qué nos desvela el Crucificado en medio de un drama de víctimas y verdugos que aún no ha terminado y en el que todos estamos un poco implicados?. El Crucificado nos “recuerda” que no podemos des-historizar la cruz, hacerlo es una manera de devaluarlo, de destruirlo como recuerdo peligroso y salvador. La cruz no es un acontecimiento espiritual ni el Crucificado está en ella por una culpa ahistórica; Jesús era portador de parte de Dios de un anuncio que, al incidir en las realidades humanas, sociales y religiosas de su tiempo, levanta esperanzas en unos y miedos asesinos en otros. La cruz es el punto exacto donde se entrecruzan la pretensión de Jesús, cuyos primeros destinatarios son los cojos, los ciegos, los leprosos y los sordos y el no de los poderes político-religiosos, que presienten la terrible desestabilización que un hombre así puede causar. Si la cruz no tiene nada que ver con las opciones que tomó en su vida ni tiene relación alguna de causalidad con el hecho de que Jesús se situara históricamente en la óptica de Dios, entonces puede ser recordado y narrado en nuestro mundo sin que nada ni nadie se estremezca. Pero si el Crucificado es Jesús de Nazaret, el hombre libre que entabló un combate profético por la justicia de Dios en el mundo desde la experiencia de unificación y de amor de su Padre; y si los que le matan son unos interesados (religiosa, social y políticamente hablando), entonces recordar hoy y narrar quién es el que mata y quien el que muere en aquella tarde de Viernes Santo es y será siempre un recuerdo y narración peligrosos. ¿Para quién?; para los que siguen matando justos y condenando a masas enteras a vivir sin rostro de hombres; y para cada uno de nosotros en la medida en que colaboramos a través de nuestras actitudes de dominio, narcisismo o apatía ciudadana.

Tampoco podemos des-teologizar la cruz; una lectura teológica afirma que en Jesús de Nazaret muere el Hijo de Dios. Por lo tanto, en un hombre que muere, muere un hijo de Dios. Entonces se hace verdad que:

  • en los millones de personas que mueren cada año de hambre en el mundo, son enviados a la muerte hijos de Dios;
  • en los millones de refugiados que vagan por el mundo fuera de su país, hijos de Dios han sido privados de patria y hogar.
  • en los millones de parados de nuestro país, otros tantos hijos de Dios están experimentando la necesidad, la angustia o un profundo deterioro     psicológico.
  • en cada víctima de ETA hay un hijo de Dios.
  • en los desaparecidos en L.A. en éstos últimos años han desaparecido otros tantos hijos de Dios...etc.


La lista sería interminable y, por supuesto, hay que acercarla allí donde no sólo los otros, sino también nosotros nos vemos confrontados con todo ese cúmulo de recuerdos peligrosos. Todo cambiaría si fuéramos conscientes que el hombre, todo hombre es hijo de Dios y viviéramos consecuentemente con ello.6

Tomando como modelo a Jesús, que “viendo a las muchedumbres, sintió compasión de ellas...” (Mt.6,34), Helen McLaughlin, antigua Superiora General de la Sociedad, dirá que “la pregunta que surge ante la situación y la injusticia en el mundo no es tanto, ¿qué hay que hacer?, cuanto ¿dónde debemos poner el corazón?”.7 Quien se deja llevar por el Espíritu acaba necesariamente contemplando el mundo y “sintiendo compasión”, como Jesús.

“La compasión es un aspecto esencial de nuestro carisma, una expresión de nuestra espiritualidad. Al contemplar este mundo herido, golpeado, este mundo de contrastes y sufrimientos, el desafío que el Señor nos lanza a nosotras, mujeres, religiosas del SC, es el desafío de la compasión... Quien dice compasión, dice relación a la justicia. Ser compasivo no es reconciliar la justicia y la injusticia, sino ver lo que se puede hacer para que no haya injusticia”.8

Las constituciones de 1982 ponen el acento en la búsqueda del crecimiento integral de la persona, la sed de construir un mundo de justicia y de paz en respuesta al grito de los pobres y la pasión por anunciar el Evangelio. Hablan de una educación transformadora dónde –cada persona se abra a la  verdad, al amor y a la libertad; -que descubra el sentido de su vida y se entregue a los demás; - que colabore creativamente en la transformación del mundo; - que viva la experiencia del amor de Jesús; - que se comprometa en una fe activa. Vemos un desplazamiento muy fuerte hacia el hombre como centro de nuestra ocupación y preocupación porque es el hombre el centro de la vida de Jesús y de su mensaje, como encontramos en Mc. 1,32-35: “Al atardecer, cuando se puso el sol, le llevaban toda clase de enfermos y endemoniados. Toda la población se agolpaba  a la puerta. El curó a muchos enfermos de dolencias diversas y expulsó muchos demonios... Muy de madrugada se levantó, salió y se dirigió a un lugar despoblado, donde estuvo orando”

Actualmente encontramos RSCJ en campos muy diversos y desarrollando tareas muy distintas: enseñanza, trabajo en ONGs, entre los indios, en investigación, en Pastoral, en Ecumenismo... Todo lo que sea descubrir y manifestar el amor, es decir: alimentar, hacer crecer, defender la vida es tarea importante de una RSCJ y es su campo de acción.  El cristianismo, sin que pueda reducirse a un simple humanismo, es y realiza una verdadera humanización cuando se vive en autenticidad. Más aún, de hecho es la mejor y más cabal realización de lo verdaderamente humano: “El que sigue a Cristo, hombre perfecto, él mismo se hace más hombre”, dice literalmente el Concilio (GS 41). Todas las páginas del Evangelio proclaman la humanidad y el humanismo de Jesús. Y nada revela tanto y tan expresivamente ese humanismo y esa humanidad como su corazón. Por eso, hablar del Corazón de Jesús, y vivir una espiritualidad centrada en ese misterio, es afirmar y promover un humanismo realista, superando todo espiritualismo que tan funestas consecuencias de deshumanización ha tenido en la vida cristiana y en la VR. Vivir en comunión con Jesús en el misterio de su corazón es la mejor escuela del humanismo integral cristiano. En una sociedad de corte individualista, donde estamos demasiado acostumbrados a convivir con clamorosas injusticias que ocurren a nuestro alrededor y que ya ni nos afectan es  importante que existan comunidades y centros educativos que sensibilicen a la realidad de tantas personas que sufren y propiciar todo tipo de compromisos en ésta línea sin ahorrar esfuerzos y recursos en favor de los más necesitados.

Teresa Romo Tejedor rscj
Provincia de España Sur

  1. Cf: D. SADOUX - P. GERVAIS, La vida religiosa. Primeras constituciones de las Religiosas del Sagrado Corazón. Comentario, traducido y revisado por E. VÉLEZ - M.T. FZ. FÍGARES - D. SADOUX, Universidad Pontificia Gregoriana, Roma 1987, 7-26.

  2. J. DE CHARRY, Historia de las constituciones de la sociedad del Sagrado Corazón, Primera parte, Roma 1975, edición revisada 1981, 312.

  3. Cf: Ex. 34,6; Os.11,8; 2Co.1,3;Lc.6,30;etc.

  4. Cf: R. CARBONELL, o.c.(nota 16), 7.

  5. Capítulo General 1970, 57.

  6. Cf: J.A. GARCÍA, "Hogar y taller". Seguimiento de Jesús y comunidad religiosa, Sal Terrae, Santander, 19853, 73-83.

  7. Carta 12 de Enero de 1987.

  8. Carta dirigida a la Sociedad en 1992.


Comentarios
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Nathalia Da Silva  - gracias por tu aporte   |190.40.57.xxx |2007-11-12 16:21:57
Querida Teresa el contar con tu tesina ayudar谩 a preparar el plan de formaci贸n de laicos del Instituto Pedag贸gico Nacional Monterrico, gracias por compartir tu aporte
rscj   |2007-10-23 09:54:10
Teresa
Grcias por tu texto profundizando nuestra espiritualidad. En este momento de preparacion al Cap铆tulo es una preciosa colaboraci贸n! Voy pasarla al portugu茅s, con tu permiso! Nuestras comunidades van a poder desfrutarla mejor.
Me ha gustado de manera especial la definic[on que das al ap贸stol: l signo visible y eficaz del amor misericordioso.
Muy unida en esta b煤squeda de vivir a fondo este sue帽o de centrar nuestra vida en el Coraz贸n de Dios
Tu hermana, Maria Cecilia rscj
rscj  - comentario   |2007-10-23 09:53:02
Hola Teresa me encanta que puedas mandar tu reflexi貌n, me encantar矛a m脿s si pudieras comentar las actitudes que destaca las constituciones del 1815, para mi son una fuente para traducir hoy las actitudes que debemos tener las rscj, la fe viva, por ejemplo. Si pudieras profundizar en esto m脿ndamelo o publicalo.
Un abrazo grande
Gemma Lara de Chile
rscjgemma@yahoo.es
Maria Cecilia Rondon Amarante  - Comulgando a tu texto   |201.37.39.xxx |2007-09-29 20:39:19
Teresa
Grcias por tu texto profundizando nuestra espiritualidad. En este momento de preparacion al Cap铆tulo es una preciosa colaboraci贸n! Voy pasarla al portugu茅s, con tu permiso! Nuestras comunidades van a poder desfrutarla mejor.
Me ha gustado de manera especial la definic[on que das al ap贸stol: l signo visible y eficaz del amor misericordioso.
Muy unida en esta b煤squeda de vivir a fondo este sue帽o de centrar nuestra vida en el Coraz贸n de Dios
Tu hermana, Maria Cecilia rscj
teresa Romo  - Gracias   |88.23.50.xxx |2007-09-14 04:31:18
Estoy contenta de ver parte de mi trabajo en la web. Espero que pueda ayudar.
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