19 de agosto: domingo 20 del tiempo ordinario
Lc 12, 49-53
Ya se ha encendido
Fuego es todo, menos pasividad. Esas imágenes del Jesús siempre dócil, sólo son ciertas si se consideran en relación a la voluntad de su Padre. Nada más opuesto a su relación con la configuración de la sociedad de su tiempo.
Nos espantamos de leer en el Evangelio que las familias estarán divididas: “...de 5, tres estarán contra dos; se levantará padre contra hijo e hijo contra padre; suegra contra nuera y nuera contra suegra...” Pero se nos olvida que el mismo Jesús lo vivió en carne propia. ¿No fueron su madre y sus hermanos a buscarlo, porque decían que estaba loco? ¿no muchos se levantaron contra él?
En una sociedad judía, en la que las relaciones de sangre eran fundamentales, Jesús las anunció relativas y aún rechazables, si no estaban fundadas en la voluntad de Dios que es amor universal. El “desadaptado” de Galilea rompió los estrechos lazos familiares para ensancharlos, para que en ellos cupieran todas aquellas personas a las que Dios ama como a sus hijas y a las que, “en su Nombre”, se rechazaba.
Éste es el verdadero fuego que nos hace rebeldes, insatisfechos y activos. No estemos “en paz”, hasta que en nuestra familia también incluyamos a los que no piensan como nosotros, a los que vienen huyendo de la violencia, del hambre, de un trato indigno; a los que nos parece que tienen conductas inaceptables. No pretendamos que el seguimiento de Jesús esté exento de conflicto, por el contrario, sospechemos si no lo hay.
Podemos confiar en la fuerza del Fuego porque el Señor lo ha traído y porque, aunque sea una pequeña mecha, ya está humeando en nuestro interior.
Ana Morales Pruneda rscj
provincia de México - Nicaragua