Bioética del sentido común desbarres pseudo-filosóficos Version imprimable Suggérer par mail
03-08-07

 

0708_espana
Toña Monzón rscj

 

Hace unos días surgió un pequeño debate entre las mujeres de mi grupo del despertar religioso, en la parroquia. Nos tocaba hablar de cuestiones escatológicas: de la muerte y de la vida que dura para siempre. A ellas les surgían miles de cuestiones ¿Por qué hablar de la muerte cuando estamos en plena vida? ¿Por qué pararnos en alga que se nos aparece como un mal, como un momento desagradable y no deseado? Y en ultima instancia -la pregunta del millón- ¿por qué tenemos que morir? Esta última pregunta me hizo sonreír, así que apelé al sentido común -y un poco a Perogrullo (aunque en mi ignorancia desconozca de donde procede ese señor): "Piensen un poco ¬les dije- Si el ser humano fuera inmortal en esta vida tal como la conocemos, ni ustedes ni yo habríamos nacido. El planeta hace tiempo estaría abarrotado de gente. Así que nosotras podemos estar aquí, debatiéndonos entre luces y sombras, entre alegrías y dolores, por la sencilla razón de que los otros (Australopitecus, Neardentales y antepasados varios) se han ido muriendo".

La vida, nuestra vida, va entreverada de muerte, o si prefieren díganlo al revés: la muerte esta siempre transida de nueva vida –ya lo había explicado Jesús con aquello del grano de mostaza. "Nos han regalado un lote hermoso", un lote completo en que vida y muerte son dos caras de una única realidad. No es que Dios nos envíe a la muerte; es simplemente que nos morimos porque estamos vivos, y la vida es esto.

Y les parecerá rara la reflexión pero tal vez se hace necesario hoy hablar de una realidad de la que parece que queremos -y mal que nos pese no podemos- escaparnos.

Además...nosotros profesamos en confianza (eso es la fe) que creemos en una vida que no se acaba. Se terminan las células y los procesos biológicos tal vez, pero ese aliento que Dios, el amigo de la vida, ha insuflado en nosotros, no puede terminar. Somas aliento de Dios y volvemos a El aunque no sepamos la forma.

A través de la ciencia y la técnica ha mejorado nuestra vida, han disminuido unas enfermedades – y aparecido otras- Han aumentado nuestras expectativas en lo que se refiere a la longevidad y...han surgido nuevas problemas sobre como debemos emplear la técnica para que nuestra vida sea cada vez mas humana, y no solo mas larga. Esto es difícil. Recuerden que hace poco apareció en la prensa el caso de Inmaculada Echevarria, una enferma de distrofia muscular progresiva. Sus músculos ya no funcionaban, esto quiere decir que no podía realizar los movimientos respiratorios normales. Hace unos pocos años simplemente había muerto por no poder respirar. Pero ya ven ustedes: hoy hay maquinas que pueden realizar esa labor por nosotros. Esto es muy bueno cuando una persona sufre alguna enfermedad reversible y necesita la máquina durante un tiempo, pero ese no era el caso de Inmaculada. Ella no podía respirar de nuevo. Sin embargo la conectaron a la ventilación mecánica para prolongarle la vida ¿o habría que decir, mejor, para prolongar indefinidamente su agonía? Dejo un rato para que lo piensen. ¿Hasta donde tenemos que aceptar los tratamientos médicos? ¿Quien nos puede obligar a prolongar nuestra vida, enferma de muerte, hasta esos extremos? Legislado está que podemos negarnos a las terapias cuando las consideremos desproporcionadas. Y desde nuestra fe sabemos que la vida humana es el valor que hace posible la realización de todos los demás valores, pero sabemos también que la muerte no es el final. Cuando los tratamientos son desproporcionados, podemos elegir que nos dejen morir en paz (y esto no significa que nadie acelere nuestra muerte, sino que nos permitan vivirla tal cual es, ayudados, eso si, por los procedimientos médicos necesarios para aliviar el dolor en lo posible.

Imaginen par un momento (ciencia ficción esto que voy a contarles) que alguien sufre un accidente y su cabeza queda separada del cuerpo. Sigamos imaginando que existiera, gracias a Dios aun no existe, un aparato que pudiera conectarse a la cabeza suelta para que continuara "pensando" ¿Creen ustedes que sería vida tener la cabeza unida a una maquina para siempre? Es difícil pensar en un caso tan irrealizable, pero eso era un poco lo que le pasaba a Inmaculada. Tenía toda su conciencia, pero ya no podía respirar por si misma. Alguien tomó en algún momento la decisión de obligarla a permanecer ligada para siempre a aquella maquina ¿puede ser éticamente correcto obligar a alguien que se muere a seguir viviendo? Los que retiraron la ventilación mecánica no realizaron algún tipo de eutanasia. Ni ella solicitando la desconexión estaba optando par un suicidio. Simplemente pedía que dejaran a la vida seguir su curso. Únicamente optaba por no tener que seguir obligatoriamente haciendo uso de un tratamiento desproporcionado.

La medicina es un medio, una ayuda para vivir mejor la vida, para superar la enfermedad cuando se puede, para paliar los síntomas que producen sufrimiento. Pero la medicina no puede librarnos de la muerte, ni debe (y esto del deber tiene mucho que ver con la ética) prolongar inútilmente el sufrimiento de las personas que saben que esta cerca su final, que es ni mas ni menos que su encuentro con el Padre.

Toña Monzón rscj
provincia de España Sur

Dernière mise à jour : ( 03-08-07 )
 

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