En la comunidad de Guapiñol
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Jalapa
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Se
me ha invitado a compartir lo que ha sido mi Experiencia Internacional
en la Comunidad de Managua, en Nicaragua. Intentaré expresar tres
momentos en donde me refiero a mi llegada, a la fiesta del banquete y mi cosecha de los seis meses en Nicaragua.
Llegue
a Managua un día 25 de enero, creo que era mediodía según la hora
local, pero en mi reloj marcaba otro tiempo. Me esperaba una de las
hermanas de la comunidad, Lucila Cerrillos?por el camino fuimos
intercambiando preguntas y mirando a grandes rasgos el lugar que me
acogía para vivir este tiempo. Llegamos a casa y las puertas se
abrieron de par en par, vino a mi mente en ese momento una frase rezada
en mi retiro hecho en Chile antes de salir a Nicaragua: "Dios me espera en Managua".
Así era efectivamente, salieron a mi encuentro tres mujeres que me
dieron la bienvenida haciéndome sentir en mi casa: Ana Pérez(rscj) y
con mucho respeto nombro a Cristina y ?Dona Coco?, a quienes fui
conociendo y queriendo en lo cotidiano de la vida. Pasamos de los
abrazos y ubicación en la casa, a la mesa, a disfrutar de la rica
comida para renovar las fuerzas del viaje y las emociones. A lo largo
de mis días fui aprendiendo a compartir la hora de la comida con nuevos
rostros, este momento lo considero una invitación muy especial del
Señor, en la que aprendía cada día un poco la historia del pueblo, sus
costumbres, su cultura, sus luchas, la vida se entrelazaba con el
compartir de la misión, de las que venían a almorzar y nos poníamos en
contacto con lo externo, lo que pasaba en el mundo fuera de casa y
donde cada una aportaba.
Si tuviera que ponerle nombre a lo que se me invitó a vivir en Managua, seria la Fiesta del banquete,
puesto que la comunidad tenía en su planificación celebrar la fiesta de
los 25 anos de estar presente en Nicaragua. Como no mencionar a la
comunidad del Guapiñol, una Comunidad Eclesial de Base, que el
mismo día que llegue, me daba también su bienvenida con una sencilla
fiesta. Me vuelvo a encontrar con la experiencia del compartir de los
sencillos, donde la comida alcanza para todos y donde la alegría y la
fe se viven fuertemente. Seguí participando de esta pequeña comunidad,
donde compartíamos la Palabra, reflexionábamos, y nuestras esperanzas y
dolores los poníamos en el Corazón de Jesús. Yo podía reconocer la fe
de esta gente adulta que la vive cotidianamente desde sus fragilidades
y en medio de la injusticia social de los poderes de Gobierno, en donde
se le olvida mirar al prójimo, al que sufre.
Otra fiesta fue el día del Sagrado Corazón en Jalapa,
al norte de la capital. En medio de la alegría de este pueblo, que
preparo todo para nosotras, con tanto cariño y detalles, fui
descubriendo también que una recibe como añadidura el cariño de la
gente, que sin conocerte el hecho que eras religiosa ya te querían, sin
mas. La gente se encontró con las primeras rscj de ese periodo fuerte y
fecundo en la vida de la misión en medio de la Revolución. La fiesta
fue en grande, vinieron, rscj de México y Colombia, también nos
acompañaron algunos laicos.
Antes de partir, yo había
expresado hacer una síntesis de mi tiempo de experiencia. Menciono de
mi cosecha tres puntos que son importantes para recoger esta
experiencia:
- Necesidad de bajar, a entrar en mi corazón.
- Ver el sentido de la vida en la misión donde me toco involucrarme, con sus esperanzas, fe, alegría, en medio de lo ambiguo.
- La
lógica de Dios es distinta a la del mundo, en Dios la Fuerza se
manifiesta en la debilidad, la libertad en el servicio y la vida en la
muerte.
Me llevo bastantes convicciones, sentir y
ver que la Revelación de Dios se da en los pobres; nuestra colaboración
en reciprocidad ha sido vivencial para mi en el apostolado, prestando
mi servicio como voluntaria en el barrio Jorge Dimitrov, donde había un
Centro Comunitario de atención en prevención a niños, jóvenes y
adolescentes, desarrollando proyectos de acción social, educativo,
formativo y recreativo. Ha sido un trabajo en colaboración, me permitió
trabajar en igualdad de condiciones, estábamos aprendiendo todos a
acoger la diversidad y experiencia de cada uno/a, pero donde todos nos
comprometíamos en la causa de los niños, jóvenes y adolescentes de ese
sector.
Gracias hermanas de México-Nicaragua por el
sentido de cuerpo, de fraternidad y alegría que experimente desde que
llegue de Chile. Ha sido tiempo de escuchar y acoger la historia
narrada por sus protagonistas, hombres y mujeres mayores que lo han
dado todo por los ideales de libertad para este pueblo hermano.
Ha
sido tiempo del encuentro comunitario, la celebración de la fe, el
convivo y el dialogo alegre y esperanzador ante la realidad ambigua que
elaboran quienes tienen el poder en el país.
No hay tiempo
que no se cumpla y no se puede evitar, con mis sentimientos encontrados
por la salida, pero muy contenta de las relaciones humanas que me llevo
en mi corazón, mas que un adiós lo miro como un envío a lo que sigue
el camino en los siguientes meses. Una vez mas muchas gracias por
recibirme y dejarme ser parte de la comunidad de Managua donde compartí
la vida junto a mis hermanas, Pilar, Lucila, Chris y Anita.
Maria Inés Toro Jeldres rscj (Mané)
Provincia de Chile.