Psicóloga y Religiosa del Sagrado Corazón, Joanna Mos rscj, Provincia de Polonia Imprimir E-mail
02.08.07
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Joanna Moś rscj
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Toña Monzón rscj

Nací en Gdansk, el puerto sobre el Mar Báltico, pero crecí en Gdynia, que es también un puerto, a 25 Km. de Gdansk- Allí viví hasta los 25 años, y allí terminé la secundaria. Durante esos estudios  descubrí en mí un profundo deseo de ayudar a la gente, a los que se sienten solos, tristes o que no le encuentran sentido a su vida. Descubrí que cada persona necesita amor y deseé tanto convencerlos de que eran dignos de ser amados, que sencillamente tenían que creerlo.

Por eso es que decidí estudiar Psicología, para ayudar a otros a descubrir que la vida puede ser un gran regalo y una aventura, aún cuando uno experimente dificultades y tristezas. Hice mis estudios en la Universidad de Gdansk.

Durante ese tiempo de estudio, realicé que mi vida estaba vacía, que necesitaba Algo para llenar ese vacío. Por eso, ayudar a la gente solo por darme gusto, no tenía sentido. Entonces me encontré con Jesús, y experimenté un profundo deseo de hacer oración. Empecé a compartir con Jesús mis sueños y deseos, así como mis problemas y dificultades. Esto fue mi conversión. Luego hice mi primer retiro ignaciano y me dí cuenta que Jesús me hacía grandes regalos

Pasado algún tiempo decidí entregarle toda mi vida.

En mis tiempos de secundaria había conocido a la comunidad del Sagrado. Corazón de Gdynia. Esas religiosas tenían Algo....Su apertura, hospitalidad, alegría, amistad, me tocaron el corazón. Ahora, cuando miro hacia atrás, veo que lo que me atrajo a la Sociedad, fue la profunda convicción de que el Corazón de Jesús es el centro de las relaciones, de la caridad, del amor, de la alegría...y quería que Su Corazón encontrara un eco profundo en el mío, quería vivir de acuerdo con El.

En mi misión como psicóloga, los encuentros individuales con la gente, son momentos especiales en los que puedo encontrar a Jesús. Me encuentro con gente de distintas edades. Todos buscan ayuda psicológica por las dificultades que han encontrado en la vida. Muchos ya no pueden manejar sus conflictos internos, y eso los lleva a una crisis. Puedo comparar el proceso de la terapia con una jornada que hacemos juntos, la persona que necesita apoyo y yo como psicóloga. Deseo ayudar a la otra persona a tomar conciencia de lo que realmente está pasando en ella, a descubrir sus sentimientos y su identidad, y a poder sobrepasar sus miedos y conflictos aún no resueltos. Deseo que todo el mundo pueda vivir plenamente la vida, y gozar amando y siendo amado.

El crecimiento total de la persona es muy importante para mí. El fruto de ese crecimiento es que puedan tomar la responsabilidad de su propia vida, por sí mismas, y sean capaces de tomar sus propias decisiones. La confrontación con el propio pasado, con la propia historia de vida, también es algo muy importante en el proceso de terapia. Muy a menudo, cuando llega ese momento, la persona se siente interiormente libre. Cuando escucho una historia me convierto en testigo de la vida de la otra persona, y puedo tocar zonas íntimas y oscuras de su personalidad. Experimento lo que es “pisar tierra sagrada”. Es en ese momento, en que me convenzo de que soy un instrumento en manos de Dios. Dios pone en mis manos a la otra persona, con toda su fragilidad.

La misión psicológica que significa tocar el corazón humano, es dolorosa. Pero también existe otra veta: buscar  todos los talentos y riquezas que están escondidos dentro de cada persona. Trato de acompañar al otro, en el camino que le permita descubrir sus talentos.

Los valores cristianos son también muy importantes para mí, en mi misión. El punto de arranque de mi misión es el concepto cristiano de “persona”. Es por eso que me esfuerzo por conseguir la integración psicológica y espiritual de la persona. Aunque habitualmente, durante la terapia, no suelo hablar de religión y de fe, estoy convencida de que cada persona sido creada con el amor de Dios. Después de algún tiempo de lucha interior, la persona en terapia, descubre repentinamente su propia unidad a los ojos de Dios. Esto la ayuda a crear  profundas y verdaderas relaciones con el resto de la gente. Esos momentos me proporcionan una gran alegría. Muy a menudo veo los frutos antes de que pase mucho tiempo. Por ejemplo, cuando alguien vuelve dos años después y comparte su vida actual, con sus momentos dolorosos y de gozo. Pero el fruto buscado es que la persona alcance la felicidad.

Como psicóloga y como religiosa del Sagrado Corazón, algunas  palabras de nuestras Constituciones son muy importantes para mí.

“Impulsadas por el amor del Corazón de Jesús,
buscamos el crecimiento de las personas en su dignidad humana
y como hijos e hijas de Dios”.(n· 7)

Estas palabras me recuerdan que mi misión es un regalo de Jesús, y es también una invitación a que dé una respuesta a Su amor. Es El el que inspira mi corazón, el que me da el deseo de ayudar a otros. Yo no soy la fuente del crecimiento de la otra persona. La única fuente del crecimiento de todos, es el Corazón de Jesús.

Joanna Moś rscj
Provincia de Polonia

Última modificación ( 02.08.07 )
 

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