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Cuando no queda más que esperar y la espera se vuelve insoportable; cuando todos se marchan y queda el silencio de la noche y el miedo de la impotencia, entonces quedas Tú, tan en silencio que hasta te puedo escuchar y tan presente que ni si quiera te puedo mirar.
Un escalofrío recorre mi cuerpo, el ansia de saber que no hay nadie más pero a la vez, un temblor me sacude cuando con certeza siento que Tú estás conmigo.
“No temas” me dices con un suave tono y un abrazo fuerte que me acarician el alma y silencian mi angustia. Nada pasa, nada se va y si se deja de existir al menos me abandono en Ti.
El ser más grande por que no hay otro ser; la paz más callada porque no existe más. Tú, sólo Tú me consuelas y alejas de mí el miedo y la soledad; aunque todo pase Tú estarás aquí.
Mucho te he buscado, largas noches y días de desierto intentando hallar una respuesta, un sonido, una palabra o un señal; sufrimiento y lágrimas que me encarcelan.
Te he preguntado sin recibir respuesta pero Tu tiempo no es el mío y Tus palabras llegan cuando las mías quedan en silencio y ahí, en ese espacio vacío entre Tú y yo quedas Tú, siempre Tú.
Sé bien lo que me pides, más Tu voluntad me asusta, me cuesta trabajo seguir; a veces creo que mi pesar es más grande que mis fuerzas; me alejé de Ti buscando nuevos horizontes, me fui y me perdí más después de vagar sin rumbo y sin tierra firme que pisar el atardecer me vuelve a mostrar que tus huellas aún siguen en ese puerto de donde un día partí con las ansias propias de quien se siente conquistador del mundo y aventurero de su ser.
Hoy regreso, y no es fácil el camino que has trazado para mí; sabes bien qué pedirme para forjar mi espíritu con paciencia, más sé que esto es temporal por que Tú me llamas para algo más; hoy he de vivir esta misión a la que me invitas y esforzarme por vencer las barreras que no me permiten amarla pero después, otros horizontes me esperan, Tú quieres algo más de mí; nuestro secreto: sólo Tú y yo sabemos bien a dónde iremos y lo que está por venir.
A veces me asusto, tengo miedo; en ocasiones me falta la fe y la perseverancia en la oración; otras tantas soy demasiado humana y mis pensamientos me consumen; mi fragilidad es todo lo que hoy puedo ofrecerte, con lo que soy y con lo que no soy, con el corazón vacío para que lo llenes, con mis tentaciones para que las transformes, con mi poca paciencia para que la acrecientes y con mi desidia para que la fortalezcas.
Soy yo...nadie más, soy yo quien te habla hoy y eres tú quien me escucha pero al mismo tiempo la palabra se convierte en sonido y sólo un sentimiento o emoción brotan desde donde estoy y desde donde Tú estás.
No hay más. Un abandono completo a Ti, con una voluntad que se rehusa a medias y otra que se lanza sin advertencia alguna; pero me conoces y me aceptas: así tal como soy.
Quizá tengo mucho más cosas que decir y mucho más que vivir pero quiero que sea a Tu lado a partir de este momento, caminar junto a Ti.
Hoy me acerqué a Ti y ahí estabas, esperándome con los brazos abiertos para abrazarme y la cabeza inclinada para besarme; quizá fuiste Tú quien me buscó, no lo sé pero ese encuentro me robó una alegría la misma de quien recupera una amistad perdida o de quien vuelve a su casa tras haberse perdido.
Ahora entiendo: hablas cuando sabes que te escucharé y observas cuando sabes que te necesito.
Lo sé y Tú también: ahora es el tiempo.
Marieli de los Ríos
México D.F., México
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