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En Él entramos en una relación nueva unas con otras
en la fe y en el amor.
Constituciones #139
15 de junio del 2007
Mis queridas hermanas,
Aunque les escribo esta carta especialmente para la fiesta del Sagrado Corazón, este año ésta converge con la fiesta de Magdalena Sofía y con la ceremonia de profesión el día de Pentecostés. No puedo separar las distintas celebraciones. Me gusta cuando Sofía y el Espíritu se celebran juntos. Y ¡cómo deseé que todas ustedes hubieran podido estar presentes acogiendo a nuestras nueve nuevas profesas del Sagrado Corazón, sintiendo su corazón lleno de un ardiente deseo de ser fermento de comunión en nuestro mundo! Es un gran privilegio de nuestro servicio en Roma dar la bienvenida a cada grupo de probanistas, aprender a conocerlas y recibir su inspiración.
En un mundo en el que somos conscientes experimentamos de maneras variadas el aumento de la división, de la violencia, de la corrupción, de la pornografía, del tráfico de mujeres y niños, de la opresión política (y la lista podría continuar), es muy alentador que mujeres jóvenes de muchos países, junto a otras que ya antes se dejaron fascinar por la visión de Sofía, quieran consagrar sus vidas a seguir a Jesús para siempre. Ellas creen que el modo de ser y el modo de hacer de Jesús siguen teniendo sentido. Cada celebración de la profesión final confirma nuestra vocación, vigoriza la Sociedad y nos fortalece como cuerpo. Estén seguras que el 27 de mayo, estaban con nosotras mientras nuestras hermanas pronunciaban sus votos “seguras de la fidelidad de Dios y del amor de sus hermanas.” ¡Demos gracias a Dios por ellas!
Desde la Asamblea de Provinciales en Uganda, toda la Sociedad ha comenzado a prepararse para el Capítulo General 2008. Entre las propuestas que el Consejo general envió a la Sociedad el pasado mes de febrero como ayuda para esta preparación un “primer paso” es reflexionar sobre nuestro “Contexto” como referencia necesaria para mirar nuestra espiritualidad y para tratar de identificar la especificidad y el don de cada cultura; don que será un aporte al dialogo intercultural durante el Capítulo. Ahora, al continuar la reflexión me viene en mente que las preguntas propuestas están especialmente dirigidas hacia nuestro diálogo sobre la Espiritualidad y no enfocan directamente el otro gran tema del Capítulo: el gobierno o “la manera de organizarnos”. Esperamos que la reflexión y el debate sobre este tema surja del diálogo intercultural sobre nuestra espiritualidad, y en esta carta quiero ofrecerles más elementos para su reflexión que puedan ayudarlas en la preparación de los capítulos provinciales (la mayoría no se han realizado aún). Les ofrezco estas reflexiones, que han ido cobrando forma en mi mente y en mi corazón desde hace ya un buen tiempo, no solamente en vista del Capítulo, sino también como posible ayuda para nuestras vidas, ahora mismo y en los años venideros.
Al ir conociendo la Sociedad, como Equipo, a través de nuestras visitas, una percepción que comenzó como una tímida intuición se ha convertido para mi en una especie de “estribillo”. Algunas lo reconocerán. Mi creciente convicción es que la cultura es como el aire que respiramos y muchas veces no tenemos conciencia de su efecto en nosotras.
Empecé a pensarlo durante la visita a una provincia que se encontraba revisando su plan de gobierno. En la vida cotidiana, era una provincia muy comunitaria pero el plan que habían elaborado era excesivamente jerárquico. No parecía ser la estructura apropiada para alentar una vitalidad tan evidente. De repente me di cuenta que aunque conscientemente lo que sustentaba su plan era el espíritu de Gobierno de nuestras Constituciones, quizá inconscientemente la manera de ejercer la autoridad política en ese país, durante muchos años, había afectado el concepto que nuestras hermanas tenían de la autoridad y de las estructuras.
Desde ese momento me apasioné por la historia del sistema político de cada país, tratando de aprender lo más que pude de ellos, de conocer la diversidad de los países en los que estamos; a través de la evolución – o revolución- que algunos de ellos han vivido; a través de la interrelación histórica de varios países, en el pasado y en el presente. También tomé conciencia que, habitualmente, no establecemos conexiones entre nuestra realidad política y nuestros intentos de organizarnos. Pienso que aún tenemos que crecer en ser concientes que nuestras distintas historias nos han afectado y siguen afectándonos. Nuestra cultura se refleja no sólo en el idioma, nuestros orígenes étnicos y nuestras tradiciones religiosas sino también en la evolución histórica de nuestros gobiernos – el tipo de sistema y el modo en el que la autoridad ha sido usada (o abusada), en la manera que el pueblo tiene de controlar, reaccionar o sufrir la autoridad. Nunca me ha gustado mucho la palabra “gobierno” para hablar de nuestra vida juntas, por la connotación política de la palabra. Prefiero hablar de corresponsabilidad, de cómo nos organizamos y de cómo compartimos entre nosotras lo necesario para vivirdesde la profundidad de nuestra espiritualidad.
Los cuarenta y cuatro países en los que vivimos cubren toda la gama de sistemas políticos, pasados y presentes. Sea cual sea el tipo de gobierno, muchas de nosotras hemos vivido o estamos viviendo conflictos internos dentro de nuestros países. Muchos de ellos en estado agudo(s) y algunos hasta violentos: conflictos entre inmigrantes/refugiados y autóctonos, rebeldes o grupos separatistas, autonomías regionales, guerras civiles presentes o pasadas. Son pocos los países que pueden enorgullecerse de tener líderes verdaderamente comprometidos con el bien común, para los cuales el pueblo pasa antes que el encanto del poder, del prestigio personal y del dinero. ¿En cuál de nuestros países los pobres, los frágiles, los más vulnerables ocupan un lugar privilegiado?
Cuando miramos la realidad de nuestro mundo, nos damos cuenta que el ideal que Jesús nos ofreció no pudo ser más contracultural. Gastó mucha energía tratando de inculcar en sus discípulos un modelo de autoridad que difería de la cultura preponderante. No lo hizo con prepotencia. Los regañó por reñir sobre quien era el “primero”. Les dijo que se volvieran como niños. Les lavó los pies. Les ofreció como modelo su corazón manso y humilde. Pero sus exhortaciones no les tocaron el corazón. No bastaron las parábolas. Al final, El se convirtió en el buen pastor que dio la vida por sus ovejas: dio su cuerpo por ellos, la copa de la nueva alianza en su sangre fue derramada por ellos y por nosotros.
Después de la Crucifixión, los apóstoles que se habían dispersado temiendo por sus vidas, se volvieron a encontrar y permanecieron juntos. Juntos experimentaron a Jesús Resucitado y juntos esperaron la venida del Espíritu. De alguna forma, la presencia del Espíritu, con el viento y el fuego de Pentecostés, repentinamente hizo capaces a los seguidores de Jesús de organizarse para el bien común. El temeroso grupo de apóstoles encerrado en el Cenáculo, se transformó y creció rápidamente. Como leemos en los Hechos de los Apóstoles:
“El temor se apoderó de todos, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno.”(Hechos de los apóstoles (2:43-45). “La multitud de los creyentes no tenía sino un solo corazón y una sola alma. Nadie llamaba suyos a sus bienes, sino que todo lo tenían en común. Los apóstoles daban testimonio con gran poder de la resurrección del Señor Jesús. Y gozaban todos de gran simpatía. No había entre ellos ningún necesitado, porque todos los que poseían campos o cosas los vendían, traían el importe de la venta, y lo ponían a los pies de los apóstoles, y se repartía a cada uno según sus necesidades.” (Hechos de los apóstoles 4: 32-35)
Este es un llamado a encontrar caminos para que el don de cada una se ponga al servicio de todas, para asegurarse que las necesidades de cada una sean atendidas. Este es el espíritu con que deseamos organizarnos. Es un llamado para todas nosotras no solamente para quienes tienen como responsabilidad el cuidado de otras. Recibimos el mismo Espíritu que recibieron los primeros discípulos de Jesús. ¿Nos dejaremos llevar por el Espíritu para entrar “en una relación nueva unas con otras en la fe y en el amor?”
Como dijimos las cinco en nuestra carta del 18 de diciembre del 2006, el Capítulo del 2008 será diferente, será “…un diálogo de experiencias, de visiones, de vivencias de nuestra espiritualidad.” Será también una oportunidad para ver con ojos nuevos la manera que tenemos de organizarnos. Nos implicará, seguramente, revisar nuestras estructuras. Pero hay un nivel más profundo que es absolutamente necesario en cualquier conversación sobre las estructuras. Tiene que ver con nuestra manera de entender y sentir la corresponsabilidad hacia la vida de la Sociedad. En la tarea de organizarnos tenemos en nosotras un espíritu que “no es de este mundo” sino el espíritu de Jesús, ese espíritu con el que oró con todo su corazón la noche antes de dar su vida por nuestro mundo. Mientras pensamos y conversamos con otros sobre como podemos dejar que sus actitudes nos transformen para vivir cada vez más como Él, alegrémonos de nuestro llamado común a aprender de la mansedumbre y de la humildad de su Corazón, cuyo amor nos enseñará la mejor manera de organizarnos para la misión que se nos ha confiado.
En una hoja separada encontrarán algunas preguntas que les ofrecemos como ayuda para su reflexión personal, en comunidad y en otros grupos, ahora que se están preparando para el Capítulo.
Al renovar nuestros votos, expresando una vez más nuestro compromiso con Dios y con los demás, ¡oremos por cada una de nosotras, para que estemos atentas a las influencias culturales que modelan nuestro pensamiento y nuestras actitudes y para que vivamos disponibles a dejarnos transformar por el Espíritu de aquél que vino no para ser servido, sino para servir y a dar su vida para que tengamos vida en abundancia!
¡La comunidad de la casa madre se une a mi para desearles una muy feliz fiesta!
Con mucho cariño,
Clare Pratt, rscj
Superiora General
PARA SITUARNOS EN EL CONTEXTO EN EL QUE VIVIMOS
1. ¿Soy consciente de cómo nos influye la forma de ejercer la autoridad civil en el país en:
• mi concepto de autoridad
• mi manera de vivenciar:
- las estructuras de mi provincia/ distrito/área
- otras estructuras de la Sociedado
- a quienes viven algún servicio de autoridad?
2. ¿Cómo vivencio mi propia autoridad? :
• en mi comunidad
• en mi servicio apostólico
• en mi provincia/distrito/área
3. Qué aspectos de mis actitudes personales necesitan ser “evangelizados” o convertidos?
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