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Homilía: Eddie Mercieca sj
En nombre mío y de toda esta asamblea, me nace agradecer de corazón a
todas vds. hermanas de la Sociedad del Sagrado Corazón, que hoy hacen
sus últimos votos. Les agradezco porque la presencia y la vida de vds.
nos esta hablando; vds. nos están diciendo esa mañana:
Hemos experimentado al Dios vivo
Dios en Jesucristo nos ha hablado, nos ha comunicado y llamado
Estamos contentas por ello; estamos deseosas; queremos otra vez más decir SI al amor.
Nosotros todos y todas, cristianos o no, creyentes o no, les
acompañaremos, celebrando el misterio entendiendo sin entender del
todo, intuyendo que algo grande esta pasando. El Espíritu de Dios.
Queremos nosotros también acoger esta gracia que misteriosamente pero
realmente nos toca a través de vds. a todos nosotros.
Que nueve mujeres, todas adultas y bien preparadas; jóvenes o si
quieren bastante jóvenes, prometen hoy seguir en la fe y en el amor al
Señor, renunciando a lo que más pide el corazón humano de una mujer:
tener su casa, sus hijos, su esposo, sus proyectos, no se entiende
fácilmente y menos en la cultura de hoy afanosa del poder, del dinero,
del sexo fácil. Paradojalmente el mundo que no entiende esto, se
siente por ello mismo interpelado y cuestionado.
En un mundo frágil en compromisos definitivos y miedoso de su futuro
vds. nos dicen: queremos dar gracias a Dios por todo lo vivido,
queremos confirmar la gracia recibida. Más aún queremos seguir la
huella del Señor pase lo que pase.
Los votos que harán tocan hondo las fibras más íntimas del ser
humano. Tocan la sensibilidad e intuición femenina en sus raíces. La
entrega que harán tiene que ver con el amar y el ser amado, con el
realizarse trabajando y creando, con el sentido de la vida y de las
cosas. Por eso mismo estos votos o se viven a pleno pulmón sin matices
y sin condiciones o no resultan, no llevan a una vida feliz. Aquí no
hay puntos medios, no hay compromisos fáciles. “It’s a package deal”,
dicen los ingleses. Se juega el todo por el todo. Y para siempre. Como
en todo amor humano pleno digno de su nombre : totalizante porque lo
abarco todo y con toda el ama y definitivo porque no tiene plazos y
tampoco condiciones.
¿Cómo explicar esto? Prometer fidelidad a un gran ideal es celebrar
la Fidelidad de Dios; es el Dios fiel cuyo amor no falla nunca. Es la
celebración del Espíritu Divino que penetra las almas, que es fuente del mayor consuelo, descanso en el trabajo y gozo en la vida.
La fidelidad de que hablamos, el estilo de vida que quieren vds.
seguir viviendo no es ni la mera costumbre y ni tampoco la observancia
de una regla fría. Y mucho menos un destino ciego.
La consagración religiosa, como los sacramentos, tiene mucho que ver con la libertad.
La libertad de Dios y la libertad humana.
La consagración religiosa es donde el Corazón de Dios se juega en su
Hijo Jesús para darse en gratuidad, para invitar a una vida de comunión
en intimidad con El acompañando la misión del Hijo; y así poder darse
por entera por los hermanos y hermanas. Parece esto un sueño, palabras
bonitas. Pero no lo es. La presencia de vds. en esta celebración de
alianza hoy nos dice que esto es real:
Dios es libre y gratuito en sus llamadas
y el ser humano es libre para acoger, responder y comprometerse.
El voto de la pobreza no es la economía. No tiene nada que ver con el desprecio de los bienes y los recursos humanos
Tiene que ver con la libertad para compartir la vida de los demás y en
particular de los pobres y desaventajados, confiando en la bondad de
Dios y en su providencia. La libertad para usar cualesquiera recursos
que podamos tener, no para nuestra propia seguridad y confort, sino
para el servicio ajeno. La libertad del apóstol con el despego de la
avaricia y de las ataduras.
La castidad no es la continencia. Ni mucho menos no amar o vivir asexuado.
Tiene que ver con la libertad para ser mujeres al servicio de los
demás. Tiene que ver con la amistad y la comunión con todos. Tiene que
ver con “el deseo ardiente de ser Fermento de Comunión” aceptando y
acogiendo la diversidad. La castidad tiene mucho que ver con la
acogida, el cuidado, la ternura de Dios, rasgos femeninos del corazón
de Cristo. El celibato consagrado es un estilo de vida, un modo de ser
mujer, de estar en el mundo, de tratarse con Dios y con los hermanos.
La obediencia no es la mera sumisión que no es digna ni siquiera de los niños. Ni
menos no tener iniciativas o ideas propias borrando tu personalidad de
mujer creyente. Tiene que ver con la libertad para responder sin
reserva a la llamada de Cristo, conocida a través de la iglesia y del
regalo del carisma congregacional. La obediencia tiene que ver con el
tomar en serio la voluntad de Dios discernida, deseada y cumplida.
Vuestros votos religiosos son apostólicos. Vds. se comprometen hasta
la muerte para poder estar totalmente unidas con Cristo y así
participar de su libertad al estar al servicio de cuantos nos
necesitan. Vds. son hermanas que viven el carisma del corazón de Jesús,
clavado en la Cruz y con el costado traspasado y el corazón abierto,
símbolo de su amor, y del que sale sangre y agua, expresión de su
Iglesia. El carisma de vds. nos recuerda que la raíz de todo el
misterio de la Encarnación y de la Redención es el amor infinito y
humano de Cristo. Es un constante recordar lo más íntimo de la
personalidad de Cristo, su amor al Padre y su amor a nosotros.
La fiesta del Espíritu Santo es la fiesta del Amor.
Amor quiere decir alegría, gozo, felicidad, plenitud. Que sean
religiosas profundamente contentas de su vocación y opción. Las
necesitamos para confirmar nuestra fe. Y no se olviden como dirán en
sus votos que son mutuamente responsables de la vocación unas de las
otras.
“Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles
y enciende en ellos el fuego de tu amor”.
Santa Magdalena Sofía Barat reza por nosotros.
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