Nací
en la parroquia de Chekalini, donde tenemos una de las comunidades mas
antiguas de las Religiosas del Sagrado Corazón en Kenya. Soy la sexta
de una familia muy ecuménica. Mis padres son Quakers, pero yo me hice
católica en enero de 1978. Había sentido el deseo de ser religiosa
antes de dar este paso, aunque nunca había visto una monja ni sabía
donde encontrarlas. Tomé conciencia de este deseo un día mientras
ayudaba a mi madre en el campo. Sin saber de donde, le dije que quería
ser religiosa. Esto le sorprendió mucho. Me respondió que no podía ser
religiosa porque yo era protestante. Creí que esto significaba el fin.
Pero cuando cumplí dieciocho años, volví a hablar con mi madre sobre mi
deseo. Esta vez ella me explicó que las que se hacen religiosas son
católicas, no protestantes. Sus palabras me quitaron el ánimo una vez
más.
A medida que pasó el tiempo mi deseo de ser religiosa
tomó más fuerza. Esta vez le dije a mi madre que tenía intención de
hacerme católica. Ya había comprado un rosario, pero no sabía como
rezarlo. Cuando mi madre vio el rosario, entristeció. Me dijo que no lo
tirase pero que lo regalase a un católico. Hice lo que me pidió. Mis
padres al fin me permitieron seguir adelante y recibir el bautismo.
Había empezado a aprender el catecismo en secreto mientras trabajaba en
la escuela de Bishop Njenga como secretaria. Cuando llegó el momento de
recibir el bautismo, tuve que pedir a mis padres que asistiesen como
testigos. Mi madre me dijo que si lo hacía, no podría tomar parte en
los servicios en su iglesia durante nueve meses. Pero me dijo que no me
preocupase, y rezó por mí antes de salir a la iglesia.
Entré
en la Sociedad del Sagrado Corazón como postulante el 25 de enero de
1982, y pronuncié mis primeros votos en 28 de diciembre de 1987. En
abril de 1987 fui a hacer un curso de espiritualidad en Miltown Park,
Irlanda. A mi regreso a África trabajé con la Ha. Doreen Boland en la
parroquia de San Matia Mulumba, situada en un barrio muy pobre del
Viejo Kampala, en Uganda. Hice mi profesión perpetua en Roma el 12 de
enero de 1992, y fui directamente a la Universidad de Maryville, donde
estudié durante dos años. Estudié luego en la Universidad de Creighton,
en Omaha, donde recibí la Licencia en Teología y en Trabajo Social.
Este
año el párroco de la parroquia de Cristo Rey del barrio de Kibera,
Nairobi, me invitó a trabajar con él. Puede ser que este barrio, con
una población de 750, 000-1,000,000 personas, sea el más grande del
continente africano. Los habitantes de Kibera vienen de todas las
provincias de Kenya, y también de Uganda, Tanzania, Ruanda, Somalia,
Congo. Mi tarea ha sido elaborar para la parroquia un proyecto de cinco
años, a través de la metodología de análisis social. Con un grupo
compuesto por parroquianos y el equipo parroquial, examinamos lo que
está haciendo la parroquia en los campos de labor pastoral, vida
litúrgica, y alcance social; después intentamos evaluar las estructuras
que se han montado para responder a las necesidades y a las condiciones
de los habitantes de Kibera en general y de los fieles de la parroquia
de Cristo Rey en particular, Seguimos el ciclo o círculo pastoral
elaborado por el P. Peter Henriot S.J., y esto ha dado buenos
resultados en nuestro contexto. Este análisis social ayudará a nuestra
parroquia a jugar mejor su papel como actor religioso y social,
especialmente en los campos de defender y ejercer presión en favor de
una transformación.
El análisis social y cultural ya está
hecho, y ahora entramos en la etapa de reflexión teológica. Las
personas que hacen análisis social muchas veces saltan esta etapa y van
directamente al proyecto de acción. No queremos cometer ese error.
Seguimos el ciclo pastoral con fidelidad. Será un trabajo difícil, pero
que sin duda dará fruto.
Soy consciente de cómo me interpelan
los documentos del Capítulo General del 2000: ?estamos llamadas?a
participar en la acción transformadora de Dios en personas y
sociedades?.( p. 17). También: ?el deseo y derecho de los pueblos y de
las culturas de que su identidad y pertenencia a la comunidad global
sea reconocida? ( p. 21), son palabras muy significativas para mi
apostolado, palabras que se pueden aplicar directamente a la situación
que enfrentamos en Kibera. Si, también me interpelan las
Constituciones: ?Somos enviadas por la Iglesia a comunicar el amor del
Corazón de Jesús. El es el origen del crecimiento de cada persona y el
camino de reconciliación de todos. Lo creemos y queremos anunciarlo?
(§10). Y también: ?Santa Magdalena Sofía hizo vida esta convicción por
medio del servicio educador, especialmente de la juventud: files a su
inspiración y abiertas como ella a nuevas situaciones, hacemos nuestro
su deseo.?(§11) Sobretodo me interroga el cómo llegar a transformar la
educación de las jóvenes adolescentes que ya son madres.¿ Podremos
hacer algo que les ayude a construir sus vidas antes de que caigan en
la trampa de los leones hambrientos? Mi corazón se desgarra cada día
cuando encuentro a estas chicas.
Nunca había soñado hacer
análisis social. Ahora que lo hemos utilizado en Kibera, nos piden que
lo hagamos con los equipos de otras parroquias. Todo es posible, con
tiempo. Ahora siento que soy parte de Kibera. Al principio tenía miedo
de caminar por este barrio. Ahora me siento en mi casa, como ?experta?.
Las personas con quienes trabajamos son muy buenas y reciben con
alegría nuestras visitas a sus chozas de barro. En este momento trabajo
con niños que han sido maltratados con palabras o de manera física. Me
gustaría también trabajar con sus padres y con sus maestros. Me parece
muy importante, ya que vengo de terminar un curso intensivo de
asistencia psicopedagógica dirigido por los países de AMECEA
(Asociación de Conferencias Episcopales de África del Este). Quero
poner en práctica todo lo que he aprendido. Hay tantas personas en el
barrio que necesitan nuestra ayuda, y la asistencia psicopedagógica les
ayudaría a conocerse a si mismo, y dar pasos positivos en sus vidas.
Espero poder comenzar este trabajo el año próximo, 2004. Kibera
necesita nuestra presencia como RSCJ, y estoy contenta que nosotras
(tres RSCJ trabajan en programas educativos en la parroquia ) estemos
presentes casa día entre los habitantes de Kibera.
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