Universidad Barrio Adentro Imprimir E-mail
05.06.07

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Una propuesta de educación superior para la formación en medicina integral comunitaria

Ante el planteamiento de la metodología que propone esta carrera universitaria, el colectivo de estudios  en  el cual socializamos los conocimientos y las inquietudes, los sueños, las esperanzas y la comprensión biológica necesaria para ser Médicos Comunitarios, se han planteado una serie de preguntas a las cuales quiero hacer referencia y relanzar  una reflexión vivida y convivida por un grupo de hombres y mujeres que existen siendo parte de este proyecto y sueñan hacerlo integral.  

Estamos hablando de una carrera universitaria como la medicina: ¿las organizaciones comunitarias, el desarrollo endógeno, las relaciones sociales o las estructuras políticas y económicas tienen algo que ver con nuestra salud y, por lo tanto, con la formación de aquellos profesionales destinados a su cuidado? ¿Palabras como exclusión, integración o comunicación  son contenidos esenciales o conceptos aplicables en el ejercicio profesional de la medicina? ¿Acaso no son simplemente el cuerpo humano y sus sistemas de funcionamiento los objetivos de aprendizaje de un futuro médico profesional? ¿Acaso no debemos centrarnos “en lo que importa” y dejar “la política” a quien la ejerce? ¿Tenemos que adaptarnos y sostener el sistema de salud vigente o podemos soñar y construir uno distinto?

Valga pues, este pequeño análisis para convencernos, también los estudiantes de Medicina, de que la Vida es Integral y Comunitaria.

Punto de partida: la exclusión en la educación
Para el Gobierno actual de Venezuela y el Ministerio del Poder Popular para la Educación, una constante permanente ha sido la búsqueda de soluciones a los grandes problemas que constituyen la deuda social.  Como hemos expresado muchas veces, esta deuda social es consecuencia de la exclusión que caracteriza y ha caracterizado a la mayor parte de los sistemas políticos de la tierra. La exclusión se pone de manifiesto de muchas maneras, sin embargo, cuando la exclusión   impacta las posibilidades de acceso equitativo a la educación, ya no solo afecta el presente del excluido y de su familia, afecta su futuro y también el de la sociedad en su conjunto: la exclusión que afecta la educación hoy, marca el futuro de toda la sociedad. En la educación superior la exclusión de las mayorías de la sociedad marca y determina el proceso excluyente que se produce a escalas planetarias, es decir, consolida el actual orden mundial en lo económico, social, político, cultural con su carga de atraso, de miseria, de explotación irracional de los recursos naturales y de pérdida de autonomía. 

De allí la importancia de la lucha contra la exclusión en la educación que encuentra como herramientas fundamentales, en la Venezuela de hoy, la elaboración de varias misiones educativas  que den vida educativa a  tantas personas, planteando la municipalización como estrategia  geográfica y organizativa para lograr universalizar el derecho que por ser humanos merecemos. Esta municipalización se hace real mediante las llamadas aldeas universitarias (espacios alternativos de educación, dotados de  los materiales necesarios para su desarrollo integral).

Una propuesta real: la integración 
El desarrollo de la vida en parte de nuestra Latinoamérica parece estar orientado hacia la integración: los pueblos luchan por su integración para defender su soberanía e independencia, los gobiernos hacen alianzas, económicas y políticas para proteger los intereses del pueblo; las grandes investigaciones se proyectan con enfoques multidisciplinarios, multicéntricos y a veces multinacionales. Por otro lado, tenemos que las mejores vacunas son aquellas que integran los varios antígenos en una sola formulación, los equipos electrónicos de mayor demanda son integrados. Así, lo que pudiera parecer una moda es en realidad una necesidad para el desarrollo económico, político, científico y humano. Ningún país puede subsistir aisladamente: nos necesitamos unos a otros, somos interdependientes y, además, somos relación.

La enseñanza no escapa a la integración como concepción. Incluso los programas universitarios de formación de recursos humanos reconocen la enseñanza integrada como una forma cualitativamente superior que permite dar respuesta al impacto de la Revolución Científico Técnica sobre los programas de estudio. 

En el contexto de la educación médica superior ha sido una tradición desde principios del siglo pasado, desarrollar la enseñanza de las ciencias básicas biomédicas a través de disciplinas independientes en un ciclo que abarca los primeros semestres de la carrera. En esta concepción de la educación médica se ha seguido la lógica de las ciencias y, efectivamente, ésta constituye un acierto como elemento importante en el desarrollo del pensamiento del médico. Sin embargo, ésta lógica de las ciencias no es absoluta, ni ha sido suficiente en la formación médica. En la práctica se han identificado dificultades que limitan progresivamente la pertinencia del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Entre los resultados más significativos se destaca en los últimos años una acumulación importante de contenidos en los programas de las disciplinas particulares. Al parecer, como resultado de un esfuerzo por mantenerlos actualizados según ha marchado el desarrollo de las ciencias con las cuales se relacionan más directamente. Sin embargo, esta dinámica ha conducido a la hipertrofia del aprendizaje, al solapamiento de contenidos y a la enseñanza fragmentada; aspectos todos que junto a otros factores comienzan a impactar negativamente en el aprendizaje significativo de los estudiantes de medicina.

A partir de esta limitación y teniendo en cuenta el contexto en el que se inserta y vive la formación médica, se quieren potenciar las experiencias docente-alumno que permitan fundamentar la necesidad de desarrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje de las ciencias básicas biomédicas desde una concepción integradora de contenidos que incluye la práctica médica comunitaria como parte del proceso transformador que se lleva a cabo en nuestro país para la formación de un médico de nuevo tipo. Para ello se ha desarrollado una nueva concepción de la  Universidad: la “Universidad Barrio Adentro”.

El profesional en Medicina Integral Comunitaria que propone el proyecto iniciado hace dos años en Venezuela, será capacitado para tener una elevada calidad científica, técnica y humanística, con profundo sentido social, que pueda comprender y contribuir eficazmente en la resolución de los problemas de salud de la persona, la familia, la comunidad y el ambiente, en sus dimensiones biológica, psicológica, social y humanística. 

Este proceso educativo se apoya en la estrategia estudio-trabajo desde el inicio del proceso de formación, a nivel individual, familiar y comunitario, en los establecimientos del primer nivel de atención.  Continua a través de los niveles  secundario y terciario de atención, en la medida que lo requiera la obtención de las mejores y mayores competencias clínicas. De igual manera y con claro objetivo de incidencia en la sociedad, tiene como propósito promover cambios en los estilos de vida y prácticas habituales que afectan la salud, mediante la acción educativa en la población.

Este proyecto, que actualmente cursamos más de 18000 estudiantes de segundo año y otros  miles de primer año de la carrera de medicina, nos impulsa pensar, en este momento de nuestra historia -historia de oportunidades de inclusión y de construcción del país-  en  la educación como un proceso necesario para el desarrollo de la práctica de las virtudes soberanas.   Por lo cual actualmente nos replanteamos desde los distintos espacios (familiares, comunitarios y universitarios), debates reflexivos, críticos y creativos sobre su papel, su significado y las mejoras que requiere su materialización en aras de la construcción social de la voluntad popular.  

Una estrategia: el arte de la comunicación
Es así como este proceso descubre como arte el ejercicio del saber colectivo en correspondencia con la comunicación participativa y protagónica, para la construcción histórica “desde dentro” de nuestras comunidades.

Se trata entonces, de acoger una educación que promueva el proceso interactivo del hombre, la mujer y su realidad sociopolítica y ambiental.  Una educación que contribuya en el avance de la comunión de intereses y el diálogo de saberes entre ciudadanos y ciudadanas. En fin, una educación con perspectiva holística, ecológica, responsable; capaz de generar transformaciones sociales para la consolidación de la identidad cultural, comunitaria; atenta al cuidado de la vida y articulando la capacidad comunicacional de una nación; una educación que contribuya en la  reinterpretación y la autonomía, interdependiente y responsable, del hombre y la mujer en la urgencia de valorar y decidir éticamente en un mundo en el que se imponen valores y decisiones económicamente condicionadas.

Desde estas perspectivas se deja entrever el desarrollo de una educación popular que dimensiona la reconstrucción colectiva de un aprendizaje cívico fundado en la ética de la hospitalidad, la corresponsabilidad, el cooperativismo. Esta educación impulsa espacios de convivencia y de aprendizaje integral, multidimensional y cogestionario, a través del diálogo horizontal como actividad que contribuye con el trabajo en equipo. Involucrando, de esta forma, a un colectivo comprometido con su historia: para la re-construcción, la reinterpretación, la criticidad, la valoración, el debate, la decisión política y la creación de un nuevo espacio intelectual.

El papel que juega la educación popular, y su evidente intimidad con la comunicación (palabra arriesgada y compartida), estará planteado desde la promoción del desarrollo endógeno y sustentable de nuestras comunidades. Este desarrollo ha de traer consigo el reconocimiento de la diversidad cultural y étnica, la participación protagónica y la construcción de la ciudadanía. 

Por lo tanto, la educación popular desde Venezuela, y en particular desde nuestras universidades, lleva consigo el desafío transformador.  Una transformación determinada, más que en su vinculación, en su interacción recíproca con los movimientos o actores sociales, organizaciones populares y  proyectos colectivos que impulsan y luchan por la re-construcción social y política del país.

Es indudable que el proceso organizativo que emerge de los movimientos sociales u organizaciones comunitarias como Comités de Salud, Comités de Tierra Urbana, Mesas Técnicas de Agua, Organizaciones Comunitarias de Viviendas, Cooperativas, etc., promueve, impulsa y fortalece las redes sociales de nuestras comunidades, su capacidad de gestión, decisión y autogobierno. En este sentido, este proceso organizativo, extremadamente comunicativo, promueve, impulsa y fortalece el desarrollo endógeno y sustentable del que hablamos. Las experiencias de estas organizaciones influyen en el poder soberano del pueblo con virtudes cooperativistas y en correspondencia con su contexto sociocultural, para que el hombre y la mujer, como los colectivos organizados, construyan nuevas formas de relaciones sociales con dimensiones pluralistas y cogestionarias.

Esta reflexión quiere ser respuesta a todas las preguntas antes mencionadas ya que la propuesta de Medicina Integral Comunitaria que hoy ofrece Venezuela a miles de jóvenes víctimas de exclusión, empobrecimiento, injusticia y silenciamiento,  quiere rescatar el ser humano como un ser biosicosocial  donde la ecología y el medio ambiente, la sociedad y las relaciones que la conforman, la psicología, la biología humana, estado físico, y todas las interconexiones e interacciones que constituyen al ser humano  influyen en sus formas de salubridad o enfermedad.

Yulitza Bermúdez rscj
Provincia de Venezuela


Última modificación ( 21.05.07 )
 

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