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Paisaje de Chekalini.
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Rosemary con sus padres el día de sus primeros votos, 1997.
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Trabajo cotidiano en el dispensario.
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En Cedar House, Dublín, Irlanda, con Pauline Campbell rscj, una de las fundadoras de la provincia de Uganda-Kenia.
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Soy enfermera en el dispensario de Koromaiti, de la parroquia de Chekalini, en el oeste de Kenya. Es un privilegio estar con los pobres en esta área, poder estar cerca de las madres, los niños enfermos y las mujeres embarazadas. Cuando dan a luz a sus bebés, experimento la vida, dando aliento a las madres, especialmente cuando están en trabajo de parto. Siento que estoy cerca de Jesús, cuando tocaba a los enfermos en su dolor. Lo que experimento en mi ministerio es el misterio de la buena noticia de Jesús.
Me gusta estar con los enfermos, cuando los cuido, y cuando vuelven sintiéndose mejor, me alegro con ellos y veo que nuestro carisma se realiza a través de mi ministerio. Me recuerda siempre la compasión de Jesús, mientras sirvo, para tratar de ser como El, que se preocupaba por cuidar a los enfermos y alimentar a los hambrientos. Muchos pueden pensar que ser enfermera no es más que repartir remedios y estar alrededor de los enfermos, pero no es así. También me preocupo por los sanos, dándoles apoyo y consejo. A veces se parece a estar enseñando en una clase, especialmente cuando tengo que dar charlas sobre salud a las embarazadas.
Mi llamado a ser enfermera creció en distintas etapas. Cuando estaba en la escuela primaria, se me dislocó un hueso del cuello, y mi madre me trataba en casa. Era tan delicada, que me daba alegría, a pesar de lo dolorida que estaba. Ella me contó que así era en los hospitales. Después vi enfermeras uniformadas cuando acompañaba a mi madre a la clínica, con los niños más chicos, y las admiraba. No era yo la única, una hermana mayor que yo, también se hizo enfermera.
A veces sentía como un desafío al ver sufrir a los pobres, pero encontré que el estar con ellos, les cambiaba la vida. Descubrí que las personas no necesitan solo dinero. Cada una tiene necesidades diferentes de acuerdo a su situación. Dios ama a los pobres y valora lo que dan porque son generosos para dar. El servicio en el campo de la salud es exigente. Hay que ser paciente, escuchar y compartir con la gente, como lo hizo Jesús. “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.”
En mi trabajo de enfermera hay muchos aspectos que me atraen. Estoy disponible para cualquier trabajo que tenga que ver con cuidar a la gente, especialmente a los enfermos del hospital. También me gusta enseñar sobre el cuidado de la salud, incluso a los que está sanos, porque todos necesitamos curarnos de una manera u otra. El arte de aconsejar, pero sobre todo el saber escuchar con compasión, son muy importantes en el cuidado de los enfermos.
A través de mi ministerio, siento que estoy llevando a cabo mi voto de consagrarme al servicio de la educación. Mi trabajo no es solo dar remedios, sino formar a la persona que estoy cuidando, a mejorar su salud. ¡La relación entre enfermera y paciente es tan importante! Es una manera de apoyar el poder de curarse del paciente, de vivir. Mientras tanto, te relacionas con él y lo cuidas. ¿No es eso educación transformadora?
Amo mi servicio, porque me da esperanza en la gente con la que trabajo. Quiera Dios seguir bendiciendo este ministerio cuando sirvo a los enfermos, y pueda seguir experimentando el amor de Dios a través de lo que puedo hacer.
Rosemary Akhwiyanga rscj
Provincia de Uganda - Kenia
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