De viaje por Haití Print E-mail
04 Apr 07
0704_haiti

Cuando era imposible que cupiese una gallina más en nuestra camioneta, se subieron seis personas. En ese momento es cuando se produce el cambio de dimensión. Desaparecen tus límites personales y entras a formar parte de un todo que se desplaza como la gelatina al ritmo de baches, curvas y frenazos. No tienes que preocuparte ni de agarrarte ni de ni de conservar el equilibrio porque te desplazas constantemente sobre los demás y los demás sobre ti. El convencional “Usted perdone” pierde todo su sentido.

Tienes dos opciones. La primera consiste en querer seguir siendo tú misma y luchar por marcar los límites de tu cadera y la del vecino. La segunda es menos traumática y más inteligente: dejarse llevar por el movimiento común y aceptar con tranquilidad las casi tres horas de gimnasia pasiva en la que se recorren los 72 kilómetros que separan Wanament de Okay.

Mi mochila viajaba entre gallinas y cabritos, debajo de las tablas de no más de 15 cm. de ancho que nos servían de asiento. Gracias a Dios las ventanas no tenían cristales y se podía respirar.

Cuando me apeé en el cruce del aeropuerto para ir a tomar mi avioneta de vuelta a Port au Prince, (después de haber dado, junto con un compañero y una compañera, haitianos, de Fe y Alegría, un seminario para formar monitores de preescolar) me di cuenta de que me había divertido. Tenía tierra hasta en el cielo de la boca pero muy buen humor.

Voy aprendiendo a vivir en este pueblo y con este pueblo. Es bueno formar parte de un “todo” y encontrar el “ritmo de amoldarse” y “avanzar juntos”, como en la camioneta.

Matilde Moreno rscj
Provincia de Puerto Rico / Haití
Last Updated ( 01 Jun 07 )