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05.04.07 |
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Cuando era imposible que cupiese una gallina más en nuestra camioneta, se subieron seis personas. En ese momento es cuando se produce el cambio de dimensión. Desaparecen tus límites personales y entras a formar parte de un todo que se desplaza como la gelatina al ritmo de baches, curvas y frenazos. No tienes que preocuparte ni de agarrarte ni de ni de conservar el equilibrio porque te desplazas constantemente sobre los demás y los demás sobre ti. El convencional “Usted perdone” pierde todo su sentido.
Tienes dos opciones. La primera consiste en querer seguir siendo tú misma y luchar por marcar los límites de tu cadera y la del vecino. La segunda es menos traumática y más inteligente: dejarse llevar por el movimiento común y aceptar con tranquilidad las casi tres horas de gimnasia pasiva en la que se recorren los 72 kilómetros que separan Wanament de Okay.
Mi mochila viajaba entre gallinas y cabritos, debajo de las tablas de no más de 15 cm. de ancho que nos servían de asiento. Gracias a Dios las ventanas no tenían cristales y se podía respirar.
Cuando me apeé en el cruce del aeropuerto para ir a tomar mi avioneta de vuelta a Port au Prince, (después de haber dado, junto con un compañero y una compañera, haitianos, de Fe y Alegría, un seminario para formar monitores de preescolar) me di cuenta de que me había divertido. Tenía tierra hasta en el cielo de la boca pero muy buen humor.
Voy aprendiendo a vivir en este pueblo y con este pueblo. Es bueno formar parte de un “todo” y encontrar el “ritmo de amoldarse” y “avanzar juntos”, como en la camioneta.
Matilde Moreno rscj
Provincia de Puerto Rico / Haití
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Última modificación ( 01.06.07 )
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