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1ero de abril: Domingo de Ramos
Lc 23, 31-45
Un poder de niño
“Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso”
Un chico asistía con aspecto huidizo y desesperado a una eucaristía en una parroquia de barrio, estaba inquieto y sin parar de moverse. En cuanto acabó todo salió corriendo. Le seguí con la mirada y fui tras él. Nada más pisar la calle se puso a encender un cigarrillo, taciturno. De pronto, para mi sorpresa, su rostro se abrió, tiró el cigarrillo y salió corriendo hacia un niño pequeño que le sonreía. Lo tomó en sus brazos y parecía realmente otra persona, hablándole y mirándole lleno de ternura; ¡qué poder tienen los niños para sacar lo mejor de nosotros!
Peru, Nancy Durand rscj
No sé porqué me viene el recuerdo de esta escena, quizá porque aquel hombre que estaba junto a Jesús en la cruz se embellece también, de repente, cuando la vida de Dios le alcanza de lleno en aquella persona a la que insultan, despreciada como él pero sin motivo; compartiendo su suerte sin merecerla. Le piden a Jesús gestos de un mesianismo a favor de sí mismo, un mesianismo que nos ahorre el riesgo de cargar con el peso de la propia vida y de la responsabilidad ante la de los otros. Un mesianismo a la carta y eficaz que nos saque mágicamente de la situación que padecemos.
Pero el hombre que estaba junto a Jesús, desesperado y abatido, es capaz de salir de su situación e intuir que aquel inocente carga con el peso de otros, que su sufrimiento iba a curarnos, que su manera de ser rey no es como la de los reyes de este mundo, y le dice reconociendo su señorío: “Jesús, acuérdate de mí”.
Señor, Tú que te acuerdas constantemente de nosotros, ponte en el centro de nuestras vidas, reina en lo que es tuyo, tómanos en posesión; y enséñanos que el lugar al que nos invitas podemos habitarlo hoy, que el presente es la puerta de la vida verdadera a tu lado. Sé para nosotros como aquel niño que devolvió la alegría al rostro de un muchacho perdido.
Mariola López Villanueva rscj
Provincia de España Sur
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