El trato con los pobres ha cambiado mi vida
?Por
una oración humilde y por la contemplación de Jesús pobre en el
evangelio y en los pobres de hoy, aprendemos a abrirles nuestro
corazón, a ponernos a su servicio, a compartir sus aspiraciones de
dignidad humana y hace nuestra su causa, a descubrir lo que nos
anuncian del evangelio, a reconocer en ellos el rostro de Cristo
sufriente?. Const.55
Este número de las
Constituciones se ha hecho realidad para mi en mi trabajo del
dispensario en el que cada día, me encuentro con cantidad de
sufrimientos físicos o morales, de lucha por la vida, de resignación?
pero también de amor, de confianza y de acudir a Dios.
Entre
las 7 de la mañana y el mediodía pasan por mis manos más de 200
personas: bebés, niños, jóvenes y viejos, mujeres y hombres. Todos tienen prisa y cada uno quiere ser escuchado y querido.
Esto es lo más importante para ellos, porque en Egipto, hay tanta gente
que es difícil estar atento a cada uno. Por lo tanto, en Daïrout, como
en todo el país, se busca la honradez y esperan que se les cure a un
precio asequible, porque estas pobres gentes no tienen bastante dinero.
En Egipto, muchas multinacionales, venden muy caras las medicinas, lo
que está muy lejos del alcance de los pobres, mientras que las
medicinas fabricadas en el país son más baratas y son las que nosotras
usamos. También nosotras hacemos pomadas y colirios que no son tan
caros.
Debido al tracoma, una enfermedad de los ojos que
puede llevar a la ceguera y que se debe a la falta de limpieza y a la
cantidad de moscas que hay, cuidamos de manera especial estas
enfermedades. Hace unos años, mientras curaba a una mujer mayor casi
ciega, me dijo: ?Sólo pido un rayito de luz para ver mi camino, no
pido otra cosa?? Esta frase se grabó profundamente en mi hasta el día
de hoy, y pido por ella frecuentemente.
Vienen también
con muchas quemaduras. Las mujeres hacen la cocina y el té sobre un
infiernillo de petróleo, incluso en el suelo, y los niños al jugar los
tiran y caen sobre ellos. Por esto hacemos un trabajo preventivo que
empieza a dar fruto. Pero lo peor son las mujeres que se ?dan el fuego?
porque no pueden más. La suegra, con frecuencia, les hace la vida
imposible. Cada hijo que se casa vive en la casa, la pareja no dispone
más que de una sola habitación. La suegra es la que lleva la casa y la
que tiene el dinero, o los maridos lo guardan para ellos, y estas
pobres mujeres no tienen nada para comprar la comida de sus hijos
Hace
algunos meses me trajeron una pobre mujer pequeñita quemada casi
totalmente y que murió a consecuencia de las quemaduras. La habían
obligado a casarse a los 14 años. Su madre había muerto, su padre se
volvió a casar y la segunda mujer no quería vivir con los hijos de la
primera. El marido de esta pobre chica era viejo y bebía. Le pegaba
todos los días. Entonces, no pudo más y como no quería volver con su
padre, no encontró mejor solución que quemarse? eran personas eran
creyentes?
Las enfermedades de la piel son más importantes
que las enfermedades debidas a la mala alimentación, también a la falta
de limpieza y al contacto con los animales, porque frecuentemente las
personas y los animales duermen en el mismo sitio por falta de espacio.
Se podrían decir otras muchas cosas? Pero viviendo la realidad, recibiendo y dando es como se comprende bien.
Y
a través de todo esto, nos encontramos con gente pobre, pero alegres en
medio de su sufrimiento, agradecidas, confiadas y que, a veces sin saberlo, viven los valores del Evangelio.
Al
curarles no olvidamos que somos educadoras, que nuestra tarea es
educar, por eso, intentamos hacerlo a través de la relación con cada
persona
Esta relación con los pobres ha cambiado mi vida? y agradezco a la Sociedad que me haya permitido vivir esta misión.
Hedwige de Cadolle, rscj
Provincia de Egipto
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