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Page 5 of 9 11 de marzo: Déjala todavía este año Lc 13, 1-9 Orte, Italia (Lolín Menéndez rscj) Don Gaspar era el dueño de la casa. Desde que vivían aquí en el pueblo él y su familia, yo me encargaba del jardín y los viñedos. Los niños venían a jugar por las tardes, y aunque a veces yo los regañaba por arrancar hojas para sus juegos, amarrar cosas a las ramas o hacer barro con la tierra cuando yo recién había regado la higuera, la vida y la alegría que ellos ponían aquí nos hacía florecer a todos, a las plantas y a mí. Pero los niños crecieron y Don Gaspar se llevó a toda su familia a la ciudad. Mi mujer y yo nos quedamos al cuidado de la casa y el huerto. Primero venían todos una vez al mes, pero desde hace ya tiempo sólo viene Don Gaspar, una vez al año, en la época en que los higos comienzan a madurar. La tierra se ha puesto mala, porque los ingenieros hicieron un pozo para llevarse el agua a la ciudad y casi secaron el subsuelo. Éste era ya el tercer año que el Señor no encontraba higos. Muy triste me dijo: “Zacarías, arranca ya esta higuera, sólo está ocupando terreno y ya no sirve para nada”. Don Gaspar, ¿se acuerda cuando los niños jugaban aquí? ¿Y cuando iban a buscarlo corriendo, para anunciarle que habían descubierto los primeros brotes? Desde que ustedes se fueron, esa pobre higuera se quedó sin ganas de echar fruto, ya no hay quién esté pendiente de ella. ¡Déjela todavía este año, Don Gaspar! Qué, ¿para usted ya no significa nada esta higuera? ¿ya le perdió el cariño? Él mismo vino esta tarde antes de irse. La estuvo mirando largo rato. Dejó escapar una sonrisa, y alargó la manguera para regarla. “Cuídala”, me dijo cuando se fue. La cuaresma es para eso. Un tiempo para contemplar, para hacer memoria agradecida del significado que cada vida humana tiene para nosotros, incluso la aparentemente inútil. Para favorecer la vida que no nos pertenece, pero está a nuestro cuidado. Ana Morales Pruneda rscj Provincia de México - Nicaragua
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