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Page 2 of 9 4 de marzo : Algo se transformará Lc 9, 28-36 “Mientras oraba, cambió el aspecto de su rostro y sus vestidos se volvieron de una blancura resplandeciente” Si supiéramos cuando vamos a salir de casa que ese día, en un momento inesperado, mientras miramos por la ventana, estudiamos o estamos metidos de lleno en el trabajo, en un pequeño paseo o mientras volvemos en autobús... nos va a asaltar la luz de pronto, dulce, gratuita, intensa, capaz de mudar el paisaje y descubrirnos una vida más nuestra. Querríamos prepararnos para recibirla, pero es ella la que fija las citas. A veces le gusta llevarnos con él mientras ora, al espacio sin tiempo y sin medida del amor al Padre, imantados hacia un futuro que deviene dichoso. Si pudiéramos detener ese instante, no salir de él, permanecer y perdernos. Nos sube la alegría hasta las lágrimas, como si allí pudiéramos amar más anchamente a los que quere¬mos. ¿Dónde está la puerta por la que nos cruzas? ¿Dónde se esconde esta realidad que ahora sentimos? ¿La claridad y la dulzura que nos van tomando? "Es mi hijo, el amado, escuchadle" y, poco a poco, descubrimos que es esto lo que necesitamos para la bajada. Cuando vamos a chocar con la realidad, los rostros se vuelven opacos, la propia vida se espesa. Vivir de esta escucha y llevar el amor con la luz regalada, ofrecer la visión en el esfuerzo paciente y sirviendo, y en plena oscuridad colgarnos de su boca y cruzar la noche temblando. Y así, casi sin que nos demos cuenta, las pequeñas transfiguraciones de cada día nos irán ensanchando la esperanza. Un rostro que se abre sonriente, una mirada más lejos, una palabra que anima, un abrazo que cura; y sus manos trabajando nuestras vidas. Y como Pedro, Juan y Santiago, quizás durante unos días no contemos nada a nadie de lo visto pero con el tiempo algo se transformará, en ti y en mí, torpes buscadores de claridad; discreta e infinitamente amados. Mariola López Villanueva rscj Provincia de España Sur
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