Teresa (1era fila, izquierda) con su comunidad
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Mariola López Villanueva y Elvira Seret (ESS) y Teresa Gomà (ESN) en Joigny.
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Alimentar, hacer crecer, defender la vida
No
es fácil condensar en folio y medio la vida de nadie. Y aún menos
expresar lo específico de la vida religiosa apostólica en nuestro siglo
XXI. En muchas cosas es una vida absolutamente normal. Y está bien que
así sea. Como otros cristianos, la normalidad se conjuga con una opción
clara por Jesús, que de ?normal? tiene bien poco?
Mi
jornada empieza cada día a las 6 de la mañana. Digo que me levanto a
las 6:00, pero en verdad son las 6:05. Esos cinco minutos son los que
me ponen ante la realidad de la vida. Heredé de mi padre el afán por
escuchar la radio, por estar al tanto de lo que sucede. No puedo
?bajar? al mundo sin saber cómo late, qué le duele cada mañana. Me
mueve una espirtitualidad en la que mundo y Evangelio son inseparables.
Ambos se necesitan y se complementan. El Evangelio es toda él buena
noticia, y el mundo? ¡anda tan necesitado de ella! Con lo cual cada
mañana necesito un espacio largo, silencioso y tranquilo para acoger
todo lo que voy a vivir, para pedir por tanta gente que sufre, para
escuchar la voz de Dios en medio de tanto ruido. Me identifico con las
palabras de Edith Stein cuando escribía: ?Las obligaciones y las
preocupaciones del día se acumulan en nuestro entorno en el momento
mismo de despertarnos por la mañana, si es que no interrumpieron ya la
tranquilidad de la noche.(?) Pero lo realmente importante es no dejarse
turbar por ese momento. Mi primera hora de la mañana le pertenece al
Señor?.
Hacia las 8h llego al colegio Sagrado Corazón
de Godella (Valencia). Soy profesora de Religión y Etica en la ESO y 1º
de Bachillerato. El trabajo en el colegio fue una aventura iniciada
hace sólo dos años. Feliz aventura porque el aula me ha resultado un
hábitat muy natural. En ella vivo con mucho sentido el deseo de
trabajar por la justicia. Ayudar a pensar, a tener criterios propios,
abrirse al mundo, compromterse con él, es una tarea que me apasiona. Y
los adolescentes son permeables y receptivos si se sabe llegar a ellos.
No, no siempre lo consigo. Son edades dificiles, pero intuyes esa
semilla en crecimiento y sabes que la única tarea posible es
alimentarla con cariño y mucha paciencia, sin desanimarse si no se ven
los frutos.
Estoy en el colegio buena parte del día. Además
de las clases hay otras actividades que me llenan de vida. Una de ellas
son los grupos de Confirmación. Invitar al seguimiento de Jesús es algo
que me quema en el corazón. Acompañar estos primeros pasos en la fe
adulta es una apuesta por la madurez humana y cristiana. Incluso si la
mayoría de los jóvenes llegan tan ?verdes? que a veces te preguntas qué
hacen ahí? ¿No tienen más mérito aún? Sin referencias en la familia,
sienten que Jesús les dice algo a cada uno?¡Inaudito!
Hoy a
las 19:00 tengo reunión en Amnistía. Pertenezco al Equipo de Pena de
Muerte. Hace ya mucho tiempo que este drama golpea mi conciencia. Poco
a poco lo he ido trabajando, estudiando? y ahora puedo colaborar en la
lucha por su extinción. Nuestro trabajo es pequeño, casi
insignificante, pero esconde la fuerza de la unión de otros grupos y
apelantes en todo el mundo. A día de hoy, en la mayoría de países no la
pena de muerte ya no está vigente. Es la primera vez que esto pasa en
la historia. Vale la pena seguir apostando.
Ya de noche,
llego a casa, a mi comunidad. Vivimos en Nazaret, en un barrio en un
extremo de Valencia. Somos siete. Todas vamos llegando: de la
parroquia, del colegio, de otras actividades? Es la hora de cenar.
Hablamos de los trabajos, del barrio, de lo que vivimos. De los chicos
más difíciles, de otras hermanas y amigos, de los problemas del barrio?
El interés por la vida de cada una nos une y sostiene. Creemos en el
milagro de la comunidad y también sabemos sus precios. No siempre es
fácil, pero nos sentimos reunidas en el nombre de Jesús. Desde esa
?convocación? superamos nuestras dificultades y apostamos por
potenciarnos unas a otras. Creemos que puede ser un signo en un mundo
en el que prima lo individual y en el que lo distinto es mirado con
recelo. Cierto, la comunidad es un auténtico milagro.
Al
final del día nos reunimos en la capilla. Pequeña, sencilla, en
presencia de Jesús nos unimos a la oración de tantos otros que no están
ahí. Agradecemos, pedimos, o simplemente hacemos silencio ante el
Misterio de la vida..
Poco a poco cada una se va a
descansar. Yo me acuesto pronto. Mi cuarto es pequeño y procuro vivir
con poco. No sé si por austeridad o por realismo de una vida
?itinerante?. De nuevo escucho las noticias. ¡Dios mío! ¡Mi colaboración en tu Reino es tan poca! Tantas veces palpo la mediocridad en mi misma que esta noche necesito esuchar una vez más la fidelidad de tu promesa: ?Yo estaré contigo para siempre?.
Teresa Gomà i Ribas rscj
Provincia de España Norte
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