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2 de enero
Jn 1, 6-8.19-28
Apenas testigos
Nuestro Dios, que es todo luz, no quiere para nosotros la tiniebla. Por eso no dejará de llamar nuestra atención enviando personas que, enfrentando el desánimo y la aparente ineficacia, sigan encendiendo fósforos en vez de maldiciendo oscuridades.
Marisol Chirosa rscj
Lo que pasa con Juan, es lo que pasa con todas las personas que se abren a ser testigos de Luz. Que después, quienes nos hemos acostumbrado a vivir en medio de la oscuridad, las confundimos con la Luz. Y no está mal, porque para eso han sido enviadas. Si lo hicieran por cuenta propia, resplandecerían sólo un instante. Pero ellas quieren llevarnos a ver más lejos, más hondo.
Juan se sintió llamado a vivir en la luz, alimentando la esperanza en la transformación del mundo; no a base de luz artificial, como hacen ahora las “navidades” comerciales del norte (en algunos sures, como en Cuba, hay tantos apagones, tan pocas lucecitas navideñas y tan pocos escaparates con artículos deslumbrantes, que resulta casi imposible evadir la realidad maquillándola). Juan anunció un futuro llevando una vida sencilla y abriendo posibilidades de reconciliación. Preparó caminos en el desierto real, desenmascarando la falsedad y descubriendo que, en el ser humano, no hay mejor camino hacia la luz que la escucha del propio corazón con su deseo vehemente de vida.
Cuando se nos regale llenarnos de luz, habrá que entrenarnos a permanecer en la verdad, como Juan. Y conservar su lucidez y alimentar como él la duda, el hambre y el deseo de Dios, respondiendo a quienes nos pregunten:
No, yo no soy la Luz. Apenas soy testigo de la única Luz que está por descubrirse, en medio de nosotros.
Ana Morales Pruneda rscj
Provincia de México-Nicaragua
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