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05-10-06

Servicio Social Internacional, San Luis Potosí, México

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“De repente me basta con estar sentada, rodeada de todo cuanto Dios ha creado y simplemente sentirme viva… luego me levanto y camino a esos lugares donde sé que es necesario vivir de cerca con aquello que me hace reafirmar sus grandezas”. AMR
                    
Haber participado del Servicio Social Internacional 2006 en San Luis Potosí, México, ha sido mucho más que formar parte de un grupo misionero. Ha significado crear lazos entre distintos lugares del mundo -Canadá, Estados Unidos, República Dominicana, Cuba, México y Puerto Rico-, razas, edades, modos de pensar y costumbres. Ha sido vivir y sentir que otro mundo es posible.

Durante casi un año de preparación para esta experiencia, participamos de varios talleres de formación. Éstos estaban relacionados con el conocimiento personal, comunicación, afectividad, conocimiento de la realidad del mundo, mayor comprensión de lo que significa prestar un servicio voluntario y vivir desde una espiritualidad integradora. Esta formación fue la base que nos permitió realizar el Servicio Social.

En San Luis Potosí, el servicio más directo que ofrecimos fue el trabajo con los niños y niñas.  Compartíamos y ayudábamos a los niños de la comunidad con el objetivo de contribuir a mejorar su proceso de aprendizaje. Muchos de ellos presentaban dificultad con la rapidez y fluidez en la lectura. Los talleres que les ofrecíamos reforzaban la lecto-escritura.  Se trataron temas como el de la familia, los amigos, su Estado y los países presentes en el voluntariado. Al finalizar las cuatro semanas de talleres educativos, los niños y niñas pudieron adquirir mejor fluidez y comprensión de la lectura y conocer muy bien su Estado, su País y cultura. Jugar con ellos y ellas, hablarles y escucharles nos alentaba cada día a dar sentido al lema: Otro mundo es posible.  Esperábamos cada día con ansias la hora de trabajar con ellos, caminar a su encuentro y dedicarles tiempo; demostrarles que estábamos allí por y para ellos.  El interés que ponían en los detalles, la inocencia que los caracterizaba como niños, todo hizo que fuera muy grata la experiencia de hacer un servicio social en otro país con tantos contrastes sociales.  

Otro espacio fuerte de servicio fue continuar el trabajo con los jóvenes, el cual había sido comenzado por el grupo de Servicio Social del año pasado.   Este servicio lo realizamos a través del deporte de fútbol, y desde este espacio, pudimos brindarle algunos temas con mucho éxito, uno que impactó fue el de manejo de sentimientos.

Junto a todo este trabajo con niños y jóvenes se trabajó con un grupo de mujeres con temas de formación personal, manejo de sentimientos y relaciones de familia.
En toda esta organización, con la línea educativa fuerte que tienen las Religiosas del Sagrado Corazón, no podían faltar unos Talleres de Formación. En las mañanas distintos recursos nos ofrecieron distintos temas: La Interculturalidad, Globalización, Derechos Humanos, Historia de la Vida, Educación Popular y otros.

Este espacio nos benefició y nos ayudó para intercambiar ideas, analizar y compartir con los demás jóvenes que participaron del voluntariado.
San Luis Potosí fue mucho más que una experiencia en nuestras vidas.  Fue vivir una realidad que a veces sentimos tan lejos y que también nos pertenece. San Luis fue los niños de La Casita y los de toda la Colonia. Fue las familias que nos acogieron con confianza.  Fue el grupo de mujeres y de jóvenes optando entre lo que más que le hace sentido. San Luis fue levantarnos cada día y sentir una comunidad viva. Escuchar una campanita muy temprano en la mañana anunciando por toda la calle el recogido de la basura, fue bajar con un bote a las afueras de la casa para ver si había agua en el grifo y nos podíamos dar un baño, lavar los trastes y regar las plantas, entre otros. Fue escuchar una musiquita peculiar que anunciaba las tortillas calientes listas para comer.   En otras palabras, la convivencia con la comunidad, en especial con las familias, fue muy especial y muy cercana.  Ayudarles en las tareas diarias, comer juntos, salir y compartir, sentarnos a hablar y escuchar mil historias, fue un regalo de Dios dentro de este Servicio Social 2006.    

En conclusión, esta experiencia fue una  inolvidable, de mucha ayuda física, mental y espiritual. Una  Hermana del Sagrado Corazón en una charla de Conéctate  nos dijo: “Desde ese lugar donde El me ama es que sólo seré capaz de mirar el mundo”.  Estar en ese lugar fue ver a Dios reflejado en los niños y niñas y ser a la misma vez reflejo de las manos de Dios.  Fue poder mirar al mundo.  Fue SERVIR a través del AMOR.

Gracias a todos y todas los que de alguna manera colaboraron
ayudándonos a hacer posible esta experiencia del servicio social internacional 2006.


Fraternalmente,
Ariana, Javier,
Oneida, Bárbara, Teodoro
Hna. Madeline Ortiz, rscj (Coordinadora)
Puerto Rico


Dernière mise à jour : ( 05-10-06 )
 

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