Toña Monzón rscj
Aproximación bíblica y catequética a la eucaristía
Introducción
1. Como pan que se parte
2. El mejor de los vinos
3. Un puñadito de levadura
4. Leví y sus amigos
5. Ayunos o banquetes
6. Con la toalla ceñida
7. En torno al cordero pascual
8. Un festín en el desierto
9. Sentados a la mesa de la sabiduría
10. En los márgenes del camino
11. Un mendigo a la puerta
12. Una misma copa, una misma suerte
11. Un mendigo a la puerta
- ¡Vamos, Andreas, saca más vino del que reservas en la bodega para las grandes ocasiones! Recuerdo aquel momento en que, riendo, salí a buscarlo, contento de hacer ver a mis huéspedes hasta qué punto era capaz de agasajarlos en mis fiestas. Me gustaban esas muestras de ostentación, le iban bien a mi deseo de disfrutar de las riquezas con que Dios me había bendecido. Al pasar cerca de la entrada, vi. a uno de mis criados empujando a un mendigo cubierto de harapos que estaba sentado en el umbral de la puerta. - ¡Vamos, fuera! dije también yo con desagrado, porque no me gustaba ver a aquella gentuza rondando mi casa... -¡Sólo quiero que me deis algo de las sobras de vuestro banquete, aunque sean las migajas que caen al suelo!- gemía él con voz lastimera. -¡Échale fuera!-, ordené secamente a mi criado, mientras entraba de nuevo en la sala de la fiesta olvidándome del incidente...
Cuando entré, uno de mis invitados contaba dichos de un tal Jesús, un galileo de mala fama que estaba esos días en Jerusalén: - Imaginaos el cuento que le he oído contar: a la puerta de la casa de un hombre rico, que daba banquetes espléndidos (como éste, Andreas, que, por cierto, está siendo inmejorable...), se sentaba un mendigo andrajoso llamado Lázaro, molestando siempre al dueño con sus quejas. Murieron los dos y ¿quién diréis que fue a parar al seno de Abraham? ¡El mendigo! En cambio el otro se abrasaba en el seol, y clamaba pidiendo a Abraham que Lázaro le diera un poco de agua para apagar su sed... Y Abraham contestaba que era ya demasiado tarde para cambiar su suerte...( Cf.Lc 16,19-31)¿Qué os parecen las ideas del galileo?
Todos reímos, porque sabíamos de sobra que las riquezas eran una recompensa de Dios por nuestra justicia, mientras que la pobreza del mendigo era, sin duda, merecida por sus malas acciones.
Una historia con consecuencias
Cuando se despidió el último invitado, me fui a dormir pero tuve una terrible pesadilla: me ardía la garganta de sed, mi lengua seca se me pegaba al paladar, y, desde el lugar pavoroso en que me encontraba, veía con claridad el rostro iluminado del mendigo que había expulsado de mi puerta, sonriendo y mirando en dirección a un resplandor que yo no veía, pero que supuse provenía del rostro de Abraham. Y lo más aterrador es que me daba cuenta de que la situación era irreversible y no podía hacer nada por cambiarla...
Me desperté sobresaltado, inundado de sudor y de angustia, y no pude volver a conciliar el sueño. Al amanecer, me eché a la calle buscando quien pudiera decirme dónde podía encontrar a Jesús, sin saber aún hasta qué punto aquél encuentro iba a transformar mi vida...
Han pasado muchos años y, aunque a él lo mataron, lo sabemos vivo entre nosotros. Ahora en el grupo de los que intentamos vivir haciendo lo que él hizo, nadie se sienta la puerta mendigando las migajas, porque en la comida fraterna en la que partimos el Pan, nadie es más que nadie, en ella se comparten el alimento y los bienes, y es imposible acumular porque siempre hay hermanos que necesitan ser socorridos.
La fracción del Pan es para nosotros la manera concreta de crear fraternidad y de suprimir las barreras que las posesiones crean entre los hombres. Es entre nosotros mucho más que un rito, es nuestra manera de recordar a Jesús y con ese gesto, que nos reúne cada domingo para celebrar su Resurrección, expresamos nuestra preocupación porque coman los pobres y desposeídos de la comunidad. Y lo hacemos, no sólo por razones humanita¬rias, sino, sobre todo, por una exigencia de vivir lo que llamamos la koinonía, es decir, la comunidad de vida y de bienes que sabemos está en lo más hondo de la razón de ser de nuestra Iglesia. Y sabemos que, sólo cuando tratamos de vivir y compartir así, tienen sentido cantar los himnos de alabanza y de acción de gracias al Padre que brotan del corazón de nuestra asamblea."
Tiempo para la palabra
“Cuando el Señor, tu Dios, os introduzca en la tierra adonde vais para tomarla en posesión, ofreceréis vuestros holocaustos y sacrificios: los diezmos y ofrendas, votos y ofrendas voluntarias y los primogénitos de vuestras reses y ovejas. Allí comeréis tú y tu familia, el presencia del Señor, vuestro Dios, y festejaréis todas las empresas que el Señor, tu Dios, haya bendecido. (...) Cada tres años apartarás el diezmo de la cosecha del año y lo depositarás a las puertas de la ciudad. Así vendrá el levita, que no se benefició en el reparto de vuestra herencia, el emigrante, el huérfano y la viuda que viven en tu vecindad, y comerán hasta hartarse.”(Dt 12,5-7; 14, 28-29)
“¡Ay de los que se fían de Sión
y confían en el monte de Samaría!
Los señalados como jefes de las naciones,
a quienes acude la casa de Israel.(...)
Os acostáis en lechos de marfil,
arrellanados en divanes
coméis carneros del rebaño
y terneras del establo;
canturreáis al son del arpa,
inventáis, como David,
instrumentos musicales;
bebéis vino en copas,
os ungís con perfumes exquisitos,
y no os doléis del desastre de José.” (Am 6,1.4-8)
“Vuestras solemnidades y fiestas las detesto;
se me han vuelto una carga que no soporto más.
Cuando extendéis las manos, cierro los ojos;
aunque multipliquéis las plegarias, no os escucharé.
Vuestras manos están llenas de sangre.
Lavaos, purificaos,
apartad de mi vista vuestras malas acciones.
Cesad de obrar mal, aprended a obrar bien;
buscad el derecho, enderezad al oprimido,
defended al huérfano, proteged a la viuda.
Entonces, venid, y litigaremos,
oráculo del Señor.
Aunque vuestros pecados sean como púrpura,
blanquearán como nieve;
aunque sean rojos como escarlata,
quedarán como lana.
Si sabéis obedecer,
lo sabroso de la tierra comeréis;
si rehusáis y os rebeláis,
la espada os comerá.
Lo ha dicho el Señor.” (Is 1, 14-19)
Tiempo para otras palabras
Del individualismo a la fraternidad. “La Eucaristía es el proyecto de Jesús en camino, el proyecto de reconciliación que vino a vivir y a realizar, entre nosotros y con nosotros, en la tierra. La Eucaristía es ese movimiento de reconciliación que pasa por la mediación de las cosas. El gran tema que a todas las generaciones se les asigna como tarea a realizar y que nunca se realizará definitivamente, es el tema eucarístico: el tema de la igualdad entre todos los hombres, el tema de la relación y la reconciliación.
La Eucaristía consiste en el paso de la desunión, la fragmentariedad y el individualismo egoísta, a la igualdad, la fraternidad y la comunión. Cuando un grupo que no era pueblo se hace pueblo, cuando esos individuos se han hecho comunión, han tocado en el centro de la felicidad. Porque la única felicidad humana consiste en amar verdaderamente y en ser verdaderamente amados”.(A. Paoli)1
¿Es irremediable que exista Lázaro hoy? “ No dejar de creer que es posible organizar el mundo de otra manera. La “imposibilidad” actual es simplemente fáctica: no hay voluntad de hacerlo, estamos dominados por quienes no quieren hacerlo. Pensar que no hay alternativa o que es imposible, sería aceptar el “final de la historia”, el fracaso de Dios y la derrota de los humanos. No esperar a que fracase el neoliberalismo para atreverse a denunciar los estragos que provoca y su carácter antiético esencial. La lucidez profética consiste en declararlo ahora, no cuando, quizá muy pronto, sean los mismos directores del FMI o del Banco mundial quienes reconozcan su fracaso. Cuando esto ocurra, no faltarán profetas oportunistas que corearán lo que ahora, sumidos en un mar de perplejidades, no logran ver. Ser hoy, en ese sentido, continuadores de aquellas heroicas excepciones que se atrevieron a enfrentarse con el tráfico de esclavos de los siglos XVI-XIX, cuando nadie, ni en la sociedad ni en las Iglesias, se atrevió a negar la supuesta legitimidad evidente del sistema esclavista dominante.” (Agenda Latinoamericana 1998 ) 2
Hacerse “guardián de los hermanos”. Asistimos en nuestros días a una resistencia generalizada a relegar a la exclusión a quienes no siguen el ritmo de los triunfadores, a considerarlos como una rémora para los de la “primera velocidad”. Cada vez hay más individuos, grupos, pueblos o países enteros que se quedan desenganchados del rápido ascenso de otros hacia las esferas del tener, el poder o el saber, y todo se justifica desde la necesidad de competitividad o desde las exigencias del mercado. A eso se une una exigencia a disfrutar de manera inmediata de aquello que se percibe como “acrecentador del yo” en la línea del placer, el confort, la seguridad o el bienestar. La inquietud o la preocupación por los demás se difumina, o llega a desaparecer, relegada a la periferia de una conciencia atrofiada por la ganga del egoísmo.
Se trata de una dinámica perversa, en total contradicción con lo todo lo que podemos saber del Dios que “lleva a cuestas a sus hijos” (Is 63,9) y que convoca a cada uno a ser “guardián de su hermano” (Gen 4,9).
Podríamos preguntarnos por nuestra disposición a seguir a Jesús en su decisión de “demorar” la obtención de la propia felicidad hasta que no alcance a todos. Es una actitud que desaloja de uno mismo a ese “okupa” que es la búsqueda del propio bienestar, y deja libre ese espacio para albergar la solicitud y la preocupación por los otros.
Tiempo para orar
Dedica un tiempo a recordar que el “sacramento del altar” y el “sacramento del hermano” son inseparables, y que Jesús está realmente presente en ambos. Después de un rato de oración delante de la Eucaristía, sal a la calle a continuar orando, y trata de reconocer al mismo Jesús, delante de quien has estado, presente ahora en las personas con las que te vas cruzando, especialmente en aquellas en que parece más escondido. Hazte consciente de que es el mismo movimiento de amor el que te hará contemplar a Jesús allí donde está hoy: en la Eucaristía y en los hombres y mujeres más desvalidos y necesitados de afecto.
Tiempo para compartir y celebrar la fe
Con jóvenes o adultos.
Repartir o leer este texto al que se podría poner por título: Las moradas de Lázaro, y comentarlo después buscando su conexión con la Eucaristía.
"Por "infiernos" entendemos los lugares donde está el marginado, el que no llega a constituir un "tú" y, a veces, ni un "yo". En ese infierno malviven los "otros": sin azufre pero con bastantes pretendientes oficiales a cielo deseosos de quemarlos, ahorcarlos, desterrarlos, alejarlos; o, cosa de otros más piadosos, tratarlos pero de lejos, fuera de nuestra vista, por aquello de que lo que no se ve no existe. Conocéis bien a los indeseables moradores del Averno: ancianos demenciados, turutas sin remedio, drogadictos, alcohólicos crónicos, gitanos, extranjeros no regularizados ni regularizables y todo un largo etcétera, cada vez más completo y complejo. El descenso no está reservado a algunos privilegiados. Es camino a recorrer por todo el que de verdad se empeñe en alcanzar las huellas del Nazareno: "Fueron, vieron y se quedaron" (Jn 1,39)" (J.L.Segovia) 3
Dolores Aleixandre rscj
Provincia de España Sur
- Pan y vino. Tierra. Del exilio a la comunión, Santander 1980, pp.17-25
- “Propuestas para la coyuntura neoliberal”
- "Descenso a los infiernos o las moradas de la marginación”: Boletín CEMI 44, Octubre 1995, pp.10-13
|