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02.09.06

En contacto con los ambientes europeos en Bruselas

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Quiero compartir algo de mi experiencia en Bruselas donde estoy comprometida como rscj en la misión europea de los jesuitas.

No voy a detallar en qué consiste mi servicio en las instituciones europeas de Bruselas, la página web de la capilla de la resurrección lo explica muy bien, os invito a consultarla en: www.resurrection.be. Voy a tratar de exponer cómo esta misión encaja perfectamente en nuestro carisma.

Primeramente: existe una “comunidad Europa” formada por cinco rscj: una española, una alemana, una francesa y dos belgas. (Françoise Belpaire, Miriam Fabri, Maria Eugenia Bastereche, Cornelia Bürhle y yo.) De las cinco, tres participan en un servicio en relación con asuntos europeos, y dos tienen responsabilidades al interior de la provincia de Bélgica-Holanda. La existencia de esta comunidad es para mí personalmente una gran oportunidad, pero pienso que lo es también simbólicamente para la construcción de una Europa RSCJ.

Construimos Europa por medio de pequeños proyectos. Proyectos que, en un primer tiempo, suponen un sacrificio para las provincias, pero que a largo plazo pueden llegar a ofrecer nuevos campos de acción. Partiendo de nuestra comunidad, donde se comparten distintos aspectos de nuestra misión en encuentros formales o informales, va surgiendo un dinamismo. Y se va viviendo día a día un ambiente de apertura a la diferencia, a los asuntos que se tratan en las instituciones de la Unión Europea, y una mayor apertura al mundo y a su complejidad.

Todo ello me hace desear que otras rscj puedan hacer una experiencia europea. Pues este contexto nos hace realistas y nos pone ante los grandes desafíos de hoy.

Tengo la suerte de ser responsable de un lugar espiritual en el centro de las instituciones europeas de Bruselas. Un sitio de culto, abierto al ecumenismo, lugar de encuentro internacional e intercultural; un sitio especial para los funcionarios cristianos que pueden encontrar en él silencio, oración, alguien que les escuche, discusiones y enriquecimiento, formación continua para profundizar en los temas importantes políticos o económicos del momento.

Dirigir este tipo de centro requiere cualidades y riquezas que surgen de nuestro carisma. Primeramente la acogida, en la variedad de procedencias y de lenguas (es conveniente hablar dos, además de la propia). La animación de celebraciones católicas y ecuménicas, creatividad para dar vida a proyectos y programas en relación con acontecimientos y encuentros,

Mi primera tarea consistió en organizar equipos de voluntarios para implicar gente en la vida de la capilla. Encontrar las personas adecuadas, darles responsabilidades y confianza, no hacer yo misma lo que otros pueden hacer...actitudes no lejanas a nuestro carisma educador. Escuchar las ideas de otros, ver cómo darles realce, prestar mucha atención a los pequeños acontecimientos diarios para de ahí crear lo nuevo en el programa mensual o anual. Y viendo llegar rostros nuevos de los países del Este, acogerlos e invitarlos y suscitar encuentros para compartir entre los nuevos y los antiguos de los 25 países las diferencias y los deseos.

Otro aspecto importante es el discernimiento bastante continuo que exige la presencia en la capilla de la resurrección. Porque cada vez más, grupos de todo tipo solicitan el lugar para conferencias y celebraciones. Se impone una cierta vigilancia para aceptar o rehusar. Es frecuente la demanda por parte de sectas o de supuestas iglesias. En el equipo pastoral o sola hay que tener algunos criterios para la acogida: apertura al concilio, pertenencia a iglesias instituidas, espíritu ecuménico, incluso espiritualidad ignaciana abierta a todos, etc.

La capilla es un lugar de amistad abierta, de diálogo y de acompañamiento pastoral, todo ello muy relacionado con el carisma del corazón. En Bruselas se aprende algo muy en carácter con las instituciones europeas y que me ha enriquecido profundamente: el arte del debate. Forma parte del método de gobierno comunitario de la Unión Europea. Se aprende a dialogar, a respetar al interlocutor, a escuchar su diferencia y a expresar la propia o el propio desacuerdo buscando los posibles puntos de encuentro y lo que se puede ceder sin sacrificar la propia identidad. Es un arte necesario en cualquier ambiente internacional, pero que se vive especialmente en Bruselas. Ciertamente existe el riesgo de quedarse en el debate y no decidir nada...pero es también el arte de los pasos pequeños con respeto hacia todos, y esto se vive muy fuertemente a nivel ecuménico.

Un ejemplo: la creación de un grupo de reflexión teológica, primero católica, después ecuménica, en el que cada uno expresa su Fe de manera existencial y personal, acogiendo a la vez todo lo que pueda ayudar a moverse y avanzar juntos. La capilla es un lugar de encuentros sencillos, ante una taza de café o un bocadillo, imprevistos, mezcla de generaciones y acogida a todo lo que pueda contribuir al mutuo crecimiento y enriquecimiento.

Mi tarea en este lugar es como la de aquellos que tienen la responsabilidad de los otros 4 puntos de misión de los jesuitas europeos; nos encontramos y compartimos todos los meses, convocados por el provincial coordinador de los provinciales de Europa, Mark Rotsaert.

Es una tarea apasionante. Un lugar para una presencia de rscj deseosas de vivir desde el corazón, un corazón que vela, escucha y aprovecha las ocasiones...un corazón que ayuda a crecer porque se deja transformar y tocar por los rostros diferentes y amistosos de los que trabajan en la construcción europea en espíritu de paz y de justicia.

Dominique Sadoux rscj
Provincia de Francia
Comunidad Europa, Bruselas

Última modificación ( 15.11.06 )
 

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